BioCatch refuerza la lucha contra el fraude impulsado por IA agéntica con biometría conductual

El auge de la IA agéntica está transformando el fraude bancario en América Latina, donde el 89% de los líderes bancarios dicen que sus instituciones ya han enfrentado ataques de este tipo. BioCatch destaca el papel de la biometría conductual para detectar y detener estas amenazas en tiempo real.

Las amenazas de fraude en la banca latinoamericana están evolucionando rápidamente debido al auge de la inteligencia artificial (IA) agéntica, una tecnología capaz de operar de manera autónoma, tomar decisiones y adaptar sus acciones para maximizar la efectividad de los ataques. Los agentes de IA pueden ejecutar transacciones, modificar sus tácticas en tiempo real y coordinar fraudes multifacéticos sin intervención humana.

“La IA está generando una transformación de doble filo”, asegura Josué Martínez, Global Advisor de BioCatch para Latam. Mientras esta tecnología redefine la experiencia del cliente y permite automatizar procesos, también proporciona a los criminales nuevas herramientas para perfeccionar estafas, suplantaciones de identidad y fraudes complejos, con potencial de generar pérdidas millonarias.

El reporte de BioCatch, El Futuro de la confianza digital, confirma que los ataques con IA agéntica ya son una realidad: el 80% de los encuestados afirma que su institución ha enfrentado ataques que utilizan esta tecnología, mientras que en América Latina la cifra alcanza el 89%, el porcentaje más alto de todas las regiones.

Aunque la IA agéntica promete beneficios para el sector financiero, como una mejor atención al cliente, automatización de tareas, análisis de datos y mayores eficiencias operativas, también introduce nuevos riesgos. Los agentes pueden atacar simultáneamente diferentes etapas del proceso financiero, desde la identidad y autenticación hasta la manipulación de clientes y el movimiento de dinero.

Uno de los escenarios más preocupantes es la suplantación de identidad automatizada. A diferencia de los fraudes tradicionales, en los que un atacante debe realizar manualmente cada interacción, un agente de IA malicioso puede identificar víctimas mediante el análisis de perfiles públicos, creando cuentas falsas personalizadas, aplicando técnicas de ingeniería social y compartiendo las tácticas que resulten exitosas con otros malos actores. Ese agente puede entonces diversificar las transferencias para eludir los controles bancarios y optimizar continuamente sus estrategias.

Biometría conductual: la defensa contra el fraude

El mercado global de agentes de IA alcanzó los 7,920 millones de dólares en 2025 y se prevé que aumente de 11,550 millones de dólares en 2026 a aproximadamente 294,660 millones de dólares en 2035. Este acelerado crecimiento plantea un nuevo reto para las instituciones financieras: distinguir entre un usuario legítimo que realiza una actividad normal, un estafador que ha tomado control de una cuenta y un cliente legítimo que está siendo manipulado por un defraudador.

De acuerdo con la encuesta de BioCatch, los principales temores frente al uso de agentes de IA por parte de los criminales son el aumento de la sofisticación y adaptabilidad de las tácticas de fraude (43%), la velocidad y eficiencia de los ataques (43%) y su escala y automatización (34%).

Ante este escenario, tecnologías como la biometría conductual de BioCatch permiten analizar el comportamiento de los usuarios en tiempo real para identificar señales que pueden revelar una actividad fraudulenta. La tecnología puede detectar interacciones asociadas con bots o agentes de IA, velocidades de navegación inusuales y patrones anómalos que pueden indicar que un usuario está siendo manipulado.

Esto permite a las instituciones financieras proteger a sus clientes, detener transacciones fraudulentas antes de que se completen y reducir pérdidas, sin afectar innecesariamente la experiencia del usuario.

“La banca basada en agentes no vendrá definida por quién adopte primero los agentes, sino por quién sea capaz de preservar la confianza al tiempo que facilita una adopción responsable”, concluye Martínez.