El petróleo y la demanda de chips para IA suman presión sobre la inflación global

El encarecimiento de la energía por tensiones en Medio Oriente y la escasez de chips de memoria vinculada a la inteligencia artificial elevan costos en la economía global.

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Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y la expansión de la infraestructura necesaria para la inteligencia artificial (IA) están configurando nuevas presiones inflacionarias en la economía global, según un análisis de la firma de research Carson.

El informe señala que los conflictos armados suelen tener efectos inflacionarios, especialmente cuando se desarrollan en regiones clave para el suministro energético mundial. En los últimos días, los precios del petróleo registraron un fuerte avance, impulsados por la incertidumbre en torno al suministro desde Medio Oriente.

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El crudo venía registrando subidas relevantes desde comienzos de año y el reciente episodio de tensión reforzó esa tendencia. Para los analistas, la magnitud del movimiento también refleja que el mercado ya venía incorporando en las cotizaciones la posibilidad de una escalada en la región.

El encarecimiento del petróleo comenzó a trasladarse a los combustibles. En Estados Unidos, los precios de la gasolina registraron uno de los mayores aumentos diarios desde 2022 y volvieron a ubicarse por encima de los niveles observados a fines del año pasado.

El diésel, utilizado en gran medida para el transporte de mercancías, también mostró incrementos recientes. Este combustible es un insumo central para la logística, por lo que un aumento sostenido podría trasladarse gradualmente a los costos de transporte y, eventualmente, a los precios de algunos alimentos.

Las tensiones energéticas también se extienden al mercado del gas natural licuado (GNL). Qatar, uno de los principales productores del mundo, suspendió la producción en la mayor terminal exportadora de este combustible, una instalación que representa una parte significativa del suministro global.

Tras esa decisión, los precios de referencia del gas en Europa registraron un salto marcado. Aun así, se mantienen por debajo de los niveles alcanzados durante la crisis energética posterior a la invasión de Ucrania por parte de Rusia.

El impacto potencial no se limita a Estados Unidos. Economías asiáticas como India, China y Japón dependen en gran medida del petróleo proveniente de Medio Oriente, por lo que una disrupción prolongada podría trasladarse a los precios internacionales de la energía.

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Encarecimiento de los chips

Más allá de los costos energéticos, el informe identifica otra fuente de presión inflacionaria vinculada con el sector tecnológico.

El índice de gerentes de compras del sector manufacturero de Estados Unidos mostró en febrero una expansión por segundo mes consecutivo, lo que sugiere cierta recuperación en la actividad industrial. Sin embargo, dentro del mismo informe se registró un aumento significativo en el componente de precios.

Entre los insumos que las empresas señalaron como escasos aparecen componentes eléctricos y electrónicos, chips de memoria y materiales de tierras raras.

La disponibilidad de chips de memoria es un factor particularmente relevante porque estos componentes se utilizan en computadoras, teléfonos inteligentes, consolas de videojuegos, automóviles y centros de datos. La escasez puede generar aumentos de precios o afectar los márgenes de las empresas que dependen de estos insumos.

Parte de la presión sobre la oferta está vinculada con la rápida expansión de centros de datos dedicados a inteligencia artificial. Empresas tecnológicas están absorbiendo una proporción creciente de la producción global de memoria para equipar aceleradores de inteligencia artificial, lo que reduce la disponibilidad de chips destinados a la electrónica de consumo.

Los fabricantes de semiconductores también están redirigiendo inversiones hacia memorias de alto ancho de banda utilizadas en sistemas de inteligencia artificial, lo que limita la capacidad de producción de chips convencionales.

En ese contexto, el informe sugiere que la construcción de infraestructura para inteligencia artificial podría sostener una fuerte demanda de componentes tecnológicos durante los próximos años, lo que mantendría la presión sobre los costos incluso si el impacto energético resultara transitorio.