Bloomberg Línea — Las previsiones sobre el gasto de los consumidores en América Latina se podrían deteriorar al igual que en otros mercados emergentes por cuenta de una guerra prolongada en Irán que impulse la inflación y reduzca los ingresos reales, de acuerdo a un reporte de la consultora Oxford Economics.
Oxford Economics redujo ligeramente su previsión de crecimiento del consumo en mercados emergentes (EM) a 2,6% en 2026 y 2,1% en 2027, debido al impacto del conflicto en Medio Oriente.
El análisis comparativo de las proyecciones de crecimiento del gasto de los consumidores en los mercados emergentes para el periodo 2026-2027 revela una contracción generalizada bajo un escenario de guerra prolongada en relación con el escenario base.
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Para este año, se espera un crecimiento del consumo en Latinoamérica del 2,2% bajo condiciones normales, reduciéndose al 1,2% ante un escenario más adverso.
Y en 2027 la previsión base es de un crecimiento en la región del 1,4%, cayendo al 0,8% en el escenario de conflicto prolongado.
En 2026, el impacto más severo se prevé en los países emergentes de la región de Asia, donde el crecimiento se reduciría del 3,6% al 1,4% en un escenario de guerra prolongada.
En los mercados emergentes de Europa, el escenario base estima un crecimiento del 3%, mientras que ante un conflicto prolongado se mermaría a 2,1%.
En el promedio general de los mercados emergentes la caída sería del 2,6% al 1,9%.
Para el 2027, la tendencia negativa se profundiza, destacando el caso de los mercados emergentes de Europa, cuya expectativa de crecimiento se desplomaría de un 2,2% inicial a tan solo un 0,6% bajo el conflicto extendido.
En los mercados emergentes de Asia el crecimiento base se estima en 3,4%, pero descendería al 1,1% en el escenario de guerra prolongada.
Esto contribuiría a que el crecimiento total de los mercados emergentes se limite a un 0,8% frente al 2,1% proyectado en el escenario base.
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“El principal riesgo a la baja para nuestras proyecciones es una guerra prolongada que consolide la inflación y reduzca los ingresos reales, lo que afectaría aún más el crecimiento del consumo, llevándolo a 1,9% en 2026 y 0,8% en 2027”, señaló Felipe Camargo, economista global principal de Oxford Economics y uno de los autores del informe.
Camargo añadió que las posiciones netas de comercio de petróleo son un factor clave de diferenciación entre mercados emergentes.
“Nuestro modelo sugiere que, entre los importadores netos de petróleo, el consumo cae 0,25% frente al escenario base debido a la reducción del ingreso disponible real, mientras que en los países exportadores netos los consumidores tienden a gastar más”, explicó.
Riesgos inflacionarios en América Latina
La directora de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado de Bancolombia, Laura Clavijo, considera que las dos vías de transmisión de la inflación más relevantes hasta ahora para América Latina por la guerra en Irán han sido el aumento de los precios del petróleo y de los fertilizantes.
El conflicto en Medio Oriente elevó el precio del petróleo referencia Brent desde los US$75 por barril a cerca de los US$90 - US$100, encareciendo el precio de los combustibles y por ende del transporte.
Asimismo, se evidencia la transmisión del choque vía fertilizantes como resultado del aumento del precio de la urea, lo que según proyecta generaría un aumento en los costos agrícolas con regazos de 2-4 meses.
Según Clavijo, este encarecimiento agrícola amplifica el impacto inflacionario debido a la alta incidencia de los alimentos en la canasta del IPC en los países de América Latina, con pesos de entre 20% y 35% del total.
Entre los principales riesgos en América Latina, dice que la inflación podría estabilizarse en rangos de 4%–6%, alejándose de las metas de los bancos centrales y presionando las expectativas ante mayores costos en energía y alimentos que aumentan el riesgo de indexación en salarios y contratos.
Particularmente, el encarecimiento de alimentos y transporte reduce el ingreso real y modera el consumo. Esto daría un menor margen para recortes de tasas, con lo que bancos centrales tenderían a pausar o desacelerar el ciclo de flexibilización.
Y ante una posible persistencia inflacionaria, los efectos de segunda ronda pueden extender el choque más allá de su origen.
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