El impacto del cierre de 10 semanas del Estrecho de Ormuz sobre la economía global fue más acotado de lo que anticipaban las proyecciones iniciales. Un análisis de Goldman Sachs Research atribuye esa resiliencia a la combinación de precios del petróleo más contenidos, ajustes en la demanda global y condiciones macrofinancieras que siguieron dando sostén al crecimiento.
En primer lugar, destaca el estudio, el shock energético no se tradujo en un salto significativo del precio del crudo. Si bien el riesgo geopolítico era elevado, los inventarios previos al conflicto se ubicaban en niveles inusualmente altos, lo que ayudó a amortiguar la tensión sobre la oferta.
A su vez, los mercados descontaron rápidamente que subidas más marcadas en los precios al consumidor podrían derivar en cambios de política en Estados Unidos, lo que contuvo expectativas alcistas más agresivas.
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El segundo factor al que hace mención Goldman Sachs fue el ajuste de la demanda ante las restricciones físicas en algunos segmentos, como el combustible para aviones. En lugar de generar desabastecimientos generalizados, el sistema absorbió parte del impacto a través de lo que el informe describe como formas relativamente “menos costosas” de reducción del consumo.
Entre ellas se destacan la mayor adopción de energías renovables en China y la reconfiguración de rutas aéreas con menor rentabilidad a nivel global.
El tercer elemento destacado por el banco de inversión estadounidense es el rol de las condiciones macroeconómicas. La política fiscal expansiva, el impulso del ciclo de inteligencia artificial y, con una interrupción transitoria en marzo, condiciones financieras todavía favorables contribuyeron a sostener la actividad en distintas economías durante el período del shock.
Bajo el escenario base de Goldman Sachs Research, la reapertura del estrecho de Ormuz se produciría de forma gradual y se completaría hacia fines de junio. En ese marco, el Brent se mantendría estable en el corto plazo y tendería a ubicarse cerca de los US$90 por barril hacia fin de año.
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Aun así, el informe advierte que los riesgos continúan sesgados al alza, con la posibilidad de nuevos episodios de tensión en el mercado energético y un impacto económico más significativo si el shock se profundiza.