Buenos Aires — Una resolución del conflicto en Medio Oriente modificaría el escenario energético global, pero su impacto en Argentina llegaría con demora y de forma parcial. Los precios de la nafta no bajarán en el corto plazo, las inversiones en Vaca Muerta siguen siendo competitivas y los grandes proyectos de GNL enfrentan un test de viabilidad si el gas se desploma.
El memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán redujo la probabilidad de una ruptura militar abierta, pero los analistas advierten que no equivale a una solución. Según Rystad Energy, el escenario más probable, al que asigna un 55% de probabilidad, es un acuerdo limitado que permita recuperar el tráfico por el Estrecho de Ormuz de forma gradual, sin eliminar el riesgo geopolítico de fondo. En ese caso, persistiría una prima de riesgo de entre 5 y 10 dólares por barril.
Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, coincide en que una resolución diplomática no recrea inventarios (stocks) de un día para el otro ni normaliza contratos logísticos. “La paz baja el riesgo; la necesidad de inventario pone el piso”, resume. Su estimación es que el Brent podría migrar desde el rango de US$105-120, que corresponde a un Ormuz restringido, hacia una banda de US$80-90, pero sin retornar a los niveles previos a la crisis.
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Para Argentina, la primera consecuencia práctica es que la baja internacional no se trasladará al consumidor en el corto plazo. Desde abril, YPF aplicó un mecanismo de amortiguación: fijó los precios internos sin seguir la suba internacional. Eso generó una cuenta compensadora con los productores que hay que saldar primero. La compañía ya confirmó que los precios en el surtidor no bajarán antes de que ese buffer se liquide, lo que ocurriría recién en agosto.
Daniel Dreizzen, director de la consultora Aleph Energy, lo precisa: “Como mínimo por dos meses no bajarán los combustibles, porque hay que compensar el buffer, que fue hecho a aproximadamente US$95 de Brent”. Dicho de otro modo, incluso si el crudo cae en el mercado internacional, el precio local tiene un rezago incorporado que actúa como piso transitorio.
Vaca Muerta: competitiva, pero con límites
En el plano de las inversiones, el escenario de un Brent en torno a US$80 no modifica el atractivo de Vaca Muerta. Dreizzen señala que ese nivel sigue siendo muy competitivo para invertir en el shale argentino. El riesgo aparece si el precio se acerca a US$65, que es donde empieza a rozar el breakeven (rentabilidad) de muchos proyectos. Por ahora, ese escenario luce alejado: incluso en el caso de un acuerdo amplio -al que Rystad le asigna apenas un 10% de probabilidad- el Brent no colapsaría de forma inmediata.
Donde el impacto podría ser más significativo es en los proyectos de gas natural licuado. Dreizzen advierte que si el precio del GNL volviera a valores por debajo de US$10 por millón de BTU, la presión sobre la competitividad de los grandes proyectos argentinos sería considerable. Carnicer agrega que el mercado de GNL es el más rígido de los tres commodities energéticos porque depende de infraestructura compleja y contratos de largo plazo, y que probablemente mantendrá una prima por seguridad de suministro incluso tras la normalización del Golfo.
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Más allá del impacto inmediato, la crisis dejó una lectura estratégica para Argentina. Carnicer subraya que los compradores internacionales aprendieron que la seguridad de suministro tiene valor económico: no solo miran precio, sino origen, confiabilidad contractual e infraestructura. Vaca Muerta tiene una oportunidad para posicionarse como fuente de diversificación, pero aprovecharla depende de inversiones en puertos, almacenamiento y credibilidad exportadora.