Buenos Aires — Ocupar espacios de poder en el mundo de los negocios aún es, para muchas mujeres en América Latina, un recorrido marcado por tensiones estructurales, expectativas sociales y la necesidad constante de demostrar capacidades. Aunque la presencia femenina en puestos de liderazgo creció en la última década, llegar a posiciones de toma de decisión todavía representa un desafío que combina preparación, convicción personal y la construcción de redes que históricamente les fueron esquivas.
En Argentina, el caso de Irini Wentinck, empresaria industrial y directora de WTK Conductores Eléctricos, ilustra con claridad esa tensión. Parte central de su recorrido profesional estuvo ligado con la creación de Red MÍA – Mujeres de la Industria Argentina, una iniciativa que surgió a partir de una investigación realizada junto a la OIT en el ámbito de la Unión Industrial de la provincia de Buenos Aires y que luego escaló a nivel nacional desde la Unión Industrial Argentina. El trabajo permitió poner en evidencia sesgos culturales profundamente arraigados que, todavía hoy, limitan la “imaginación de lo posible” tanto para las mujeres como para las propias organizaciones.
Para Wentinck, el desafío no es solo de equidad, sino de competitividad. “Hoy las empresas necesitan atraer y promover al mejor talento disponible, y las mujeres contamos con niveles de formación y preparación iguales —y muchas veces superiores— a los de los varones“. “No generar activamente las condiciones para incluir y desarrollar ese talento implica una pérdida de competitividad y revela, además, una falta de flexibilidad para adaptarse a los cambios, un factor crítico para la sostenibilidad de las empresas en el tiempo frente a los desafíos que se avecinan”, puntualizó.
Su experiencia en una empresa industrial de origen familiar le permitió encontrar un entorno con mayor margen para adaptar horarios y compatibilizar el desarrollo profesional con el proyecto familiar. Sin embargo, reconoce que esa flexibilidad no está al alcance de todas las mujeres. “Los sesgos culturales siguen operando y limitando el crecimiento profesional femenino”, opinó.
Desde su rol en la UIA, donde preside la Comisión de Diversidad, Equidad e Inclusión, impulsa una transformación más amplia de los modelos organizacionales. El punto crítico aparece cuando la función de cuidado: “Es una de las tareas más valiosas que tenemos como sociedad”.
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“No se distribuye de manera equitativa y se combina con organizaciones que todavía asocian liderazgo y compromiso a la disponibilidad de tiempo total, se produce un nivel de tensión que impacta directamente en la vida y en las carreras de las mujeres. Ese entrecruzamiento de exigencias, muchas veces vividas como incompatibles, termina eclosionando y se convierte en una barrera concreta para el crecimiento y el desarrollo profesional, tanto en el mundo corporativo como en el empresarial. El resultado es talento que se frena, se desvía o directamente se pierde”, apuntó.
En Colombia, Isis Espitia, cofundadora y COO de EatCloud, observa un escenario en transición. Ser mujer en los negocios “ya no es inusual, pero tampoco es lo común”, describió. La mayor visibilidad del liderazgo femenino cumple un rol clave para que más mujeres se animen a liderar.
“Para poder llegar un puesto de toma de decisión lo primero es creer. Segundo, prepararnos y crear nuestro propio estilo, pues se tiende a cometer errores imitando la forma de liderazgo masculino pues nosotras lideramos muy diferente. Y tercero, construir equipo, buscar mentores que hayan pasado por donde tú quieres pasar es importante escuchar otras voces, porque nosotras siempre queremos vernos brillar”, explicó.
Desde Costa Rica, Mariola Urgellés, fundadora y CEO de Sunspectra, define a la experiencia de la mujer en el mundo de los negocios como “un arma de doble filo”.
“Por un lado, implica navegar espacios donde la voz femenina todavía necesita abrirse paso con más intención; por otro, existen oportunidades valiosas —como Bayer Foundation Women Entrepreneur Awards en alianza con la red Impact Hub— que, gracias a su enfoque de género, nos permiten acceder a recursos y visibilidad que pueden marcar una verdadera diferencia", argumentó.
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De esa manera, indicó: “En mi experiencia, tanto en el ámbito corporativo como ahora liderando Sunspectra, he aprendido que la confianza en una misma y la claridad de propósito no son opcionales: son herramientas esenciales para avanzar y sostenerse en puestos de decisión.También considero fundamental redefinir qué significa liderar”.
“Para mí, liderazgo no es solo ocupar un cargo; es usar nuestra voz para impulsar soluciones más humanas, innovar con conciencia y abrir camino para quienes vienen después. Ser mujer en negocios es un reto, sí, pero también una oportunidad para transformar la manera en que hacemos empresa”, afirmó.
En México, Mónica Rodríguez, fundadora y CEO de Gaia Alimentos, aporta la mirada de una nueva generación. Emprender a los 21 años, sin una trayectoria corporativa tradicional, implicó dudas, pero también la posibilidad de construir empresas desde otra lógica, con valores propios. Para ella, llegar a un rol de decisión no depende de la edad ni de los títulos, sino de la capacidad de ver oportunidades donde otros ven obstáculos y de la disciplina para ejecutar aun cuando el camino no esté trazado.
“Encontrar dentro de ti una disciplina para ejecutar aunque aún no exista el camino y la valentía de tomar decisiones informadas incluso cuando seas la persona más joven en la mesa”, analizó.
Desde Honduras, en declaraciones a Bloomberg Línea, María Auxiliadora del Rosario, cofundadora y CEO de Corporación Agroindustrial Mart / Terra Verde, evaluó: “Ser mujer en posiciones de toma de decisiones implica navegar un espacio que históricamente no fue diseñado para nosotras”.
“Aunque reconozco que hemos avanzado, todavía enfrentamos barreras estructurales, sesgos de género y limitaciones culturales que condicionan nuestro acceso, permanencia y crecimiento en roles de liderazgo”, destacó.
“En el mundo corporativo y empresarial, he visto cómo muchas mujeres cargan con la expectativa social de asumir la mayoría de las tareas de cuidado, lo que les genera dobles o incluso triples jornadas. También he comprobado que la falta de redes de apoyo y mentoría limita la entrada a espacios donde realmente se toman decisiones”, subrayó.
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