Vaca Muerta rumbo a 1,5 millones de barriles: por qué un experto global ve a Argentina como caso modélico

Luis Barallat, director de BCG para Iberia y Sudamérica, analiza en una entrevista los pilares del salto exportador argentino: marco regulatorio, geología y licencia social.

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Buenos Aires — Con una producción que en marzo alcanzó los 597.300 barriles diarios —sobre un total nacional de 885.300—, Vaca Muerta ya es el motor energético de Argentina. Pero para Luis Barallat, director de BCG para Iberia y Sudamérica, eso es solo el punto de partida: “Vaca Muerta puede llegar al millón y medio de barriles día, seguro, a final de la década”. Tres factores, dice, explican por qué Argentina puede sostener ese salto.

El primero es el marco regulatorio. El esquema RIGI —30 años de certidumbre, escudo fiscal y depreciación acelerada— representa para Barallat un punto de inflexión: “Argentina tiene hoy uno de los mejores esquemas de inversión energética de Latinoamérica”.

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La aprobación esta semana del gasoducto dedicado al proyecto de Southern Energy bajo ese régimen —una inversión de US$1.300 millones solo en infraestructura— es la señal más reciente de que el esquema atrae capital.

El segundo es la geología: “La física y la geología soportan que Argentina sea un exportador neto por muchísimos años”. El tercero, y quizás el más diferencial, es la licencia social. “En Argentina, a diferencia de Bolivia, Colombia, México y Brasil, existe la licencia social para los no convencionales”, señala Barallat, destacando además el rol clave que jugaron las provincias en construirla y sostenerla.

En materia de GNL, el horizonte se amplía en la misma dirección. El proyecto de Southern Energy —6 millones de toneladas anuales— es el paso más concreto el país en esa industria, mientras avanza Argentina LNG, el proyecto de YPF que apunta a entre 12 y 18 millones de toneladas.

“Dependiendo de los precios, hablamos de entre US$10.000 y US$30.000 millones de ingresos anuales. Eso es enorme para cualquier país”, resume Barallat. A eso se suman los mercados regionales: Chile, ya como destino activo, y Brasil, donde el declino de las exportaciones bolivianas abre una oportunidad concreta para el gas argentino.

El contexto global refuerza la apuesta. La tensión en el Estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de un tercio del gas mundial— recordó que la seguridad de suministro tiene precio, y que los productores con costos competitivos y marcos estables son los que ganan en este tablero.

Argentina, dice Barallat, está en condiciones de ser uno de ellos. Aunque agrega una advertencia que funciona casi como condición: “Nada es irreversible. Hay que cuidar todos los días el marco jurídico y fiscal”. La historia energética argentina, dice, ya enseñó esa lección.