Un acuerdo con el FMI menor al esperado reflejaría la cautela del organismo con Bolivia: IIF

El financiamiento del FMI fortalecería las reservas internacionales y reduciría el riesgo de una crisis inmediata de balanza de pagos, pero por sí solo no solucionaría las causas que llevaron a la escasez de dólares.

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Bloomberg Línea — El eventual acuerdo que negocia Bolivia con el Fondo Monetario Internacional (FMI) sería de menor tamaño que el previsto a comienzos de año, una señal de que el organismo mantiene un mayor escrutinio sobre el país y limita el riesgo que está dispuesto a asumir, según un análisis del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).

“Un acuerdo con el FMI por US$2.500 millones a US$2.800 millones sería un cambio importante para Bolivia, aunque conviene entenderlo como una operación defensiva y no como financiamiento para una nueva etapa de crecimiento”, escribió en un análisis el economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), Jonathan Fortun. “El monto equivale a unas ocho veces la cuota del país y sería enorme bajo cualquier métrica del Fondo”.

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En visión del IIF, el financiamiento del FMI fortalecería las reservas internacionales y reduciría el riesgo de una crisis inmediata de balanza de pagos, pero por sí solo no solucionaría las causas que llevaron a la escasez de dólares.

El ministro de Economía de Bolivia, José Gabriel Espinoza, dijo en días pasados que el acuerdo con el FMI se anunciará en los próximos días.

Sin embargo, el monto sería inferior al esperado inicialmente, pues se ubicaría entre US$2.500 millones y US$2.800 millones.

“Estamos trabajando ya en los últimos detalles. No les puedo anunciar la fecha exacta porque depende también de un trabajo conjunto con esta entidad, pero les puedo decir que estamos ya a días del anuncio formal”, dijo el ministro Espinoza citado por la prensa local.

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Fortun comentó que a comienzos de año se hablaba de US$3.000 millones a US$3.500 millones, de modo que el rango actual es menor a lo previsto.

“La necesidad de financiamiento de Bolivia no cayó entre febrero y julio, por lo que la reducción probablemente refleja cuánto riesgo está dispuesto a asumir el FMI y cuánto puede justificarse bajo sus reglas de acceso excepcional”, según Fortun.

“Los US$500 millones o US$700 millones que desaparecieron del rango inicial pueden ser precisamente el margen donde entraron las dudas sobre la deuda y sobre la capacidad del Gobierno para ejecutar el programa”, indicó.

Para el analista, si bien sigue siendo un cheque grande, deja menos espacio para errores y aumenta la dependencia de otros multilaterales.

Las negociaciones seguirían en marcha

Aunque el Gobierno asegura que el acuerdo está a pocos días de concretarse y sostiene que el FMI ya dio luz verde a su plan económico, el organismo solo ha confirmado que las negociaciones siguen en marcha.

Además, las medidas adoptadas hasta ahora, como la flexibilización del tipo de cambio y la eliminación del subsidio a los combustibles, eran requisitos para acceder al programa, pero no probarían que la estabilización de la economía ya esté en marcha, de acuerdo con ese análisis.

Según Fortun, el nuevo régimen cambiario no resolvió la escasez de divisas, sino que oficializó la devaluación que ya se había producido en el mercado paralelo.

Del mismo modo, Fortun expone que retirar el subsidio a los combustibles alivia parte de la presión sobre las cuentas fiscales, pero no recupera los ingresos perdidos por las exportaciones de gas.

Por ello, comenta que el hecho de que más de la mitad del financiamiento se destine a reforzar las reservas internacionales antes de septiembre evidencia la prioridad de estabilizar el balance del Banco Central.

El IFF recuerda que en abril de 2020 Bolivia recibió del FMI SDR240,1 millones bajo su instrumento de financiamiento rápido o unos US$327 millones en ese momento.

El gobierno de Luis Arce (2020-2025) devolvió el préstamo completo en febrero de 2021, pocos meses después de asumir, calificándolo de irregular, oneroso y contrario a la soberanía nacional.

Entre el principal, el movimiento del SDR y los cargos, Bolivia terminó pagando US$351,5 millones, según las cifras compartidas por el IIF.

El Banco Central de Bolivia consideró en su momento que las condiciones establecidas en ese momento “vulneraban” la “soberanía e intereses económicos del país”.

“Cinco años después el país está solicitando alrededor de ocho veces su cuota y presenta la aprobación del mismo Fondo como una fuente de credibilidad. Esa reversión dice mucho sobre la profundidad de la crisis”, anotó Fortun.

En su análisis, dice que el riesgo es que el Gobierno celebre el primer desembolso como el final del ajuste. “Un programa que supera varias revisiones podría romper con el pasado; un desembolso grande seguido de incumplimientos solo repondría temporalmente las reservas que Bolivia ya demostró que sabe perder”.

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