¿Qué esperar del dólar en Chile con la llegada de Kast y el conflicto en Irán?

La divisa estadounidense cerró este martes en $881,40, según datos de Bloomberg y, por ahora, se ubica por debajo del valor que tenía al cierre de 2025.

Por

El peso chileno viene atravesando con fortaleza un año complejo y volátil, al punto que el dólar se ubica actualmente en $881,40 en territorio chileno, según datos de Bloomberg, cuando al cierre de 2025 se encontraba en $900,58.

No obstante, el próximo desafío es ver cómo se mueve la divisa chilena ante un eventual fortalecimiento del dólar que podría tener lugar en medio del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán. Asimismo, un driver a tener en cuenta es que el próximo 11 de marzo asume la Presidencia el derechista José Antonio Kast, cuyas medidas pro-mercado pueden tener incidencia en las cotizaciones de los activos financieros.

En ese contexto, Bloomberg Línea consultó a dos analistas de mercado para conocer sus perspectivas respecto de la evolución del tipo de cambio en el mediano plazo.

VER MÁS: Codelco cumple su meta de producción, aunque por un estrecho margen

La mirada de XTB Latam

Para Emanoelle Santos, analista de mercados de XTB Latam, la asunción presidencial del 11 de marzo podría tener un impacto inicial sobre la prima de riesgo, siempre que el nuevo equipo económico logre enviar señales claras de disciplina fiscal y de impulso a la inversión. No obstante, advierte que el mercado exigirá resultados concretos, en un contexto en el que ya existe la percepción de un margen fiscal acotado para la próxima administración.

En el frente monetario, recuerda que el Banco Central mantiene la tasa en 4,5%, con una inflación que converge hacia 3%. Ese escenario abre la posibilidad de retomar recortes si se estabiliza el contexto externo.

Sin embargo, una baja de tasas tendería a reducir el soporte que hoy recibe el peso por diferencial de rendimientos, especialmente si el alza del petróleo derivada de la tensión entre Estados Unidos e Irán termina trasladándose a costos e inflación en una economía importadora neta de energía como la chilena.

En su escenario central, Santos proyecta un tipo de cambio con oscilaciones amplias y episodios de subida en momentos en que los mercados globales adoptan una postura defensiva. Aun así, considera que el techo podría ser más acotado si el cobre se mantiene en niveles elevados y se consolida un sesgo proinversión que atraiga flujos hacia el país.

En ese sentido, señala que la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) prevé un precio promedio alto del metal rojo para 2026. Un escenario de cobre firme, combinado con una percepción de reglas más estables, suele traducirse en una mejora de la balanza comercial y en mayor oferta de dólares por exportaciones e inversión minera, lo que favorecería un dólar más bajo o, al menos, más estable.

El escenario, sin embargo, enfrenta riesgos en dos frentes. Por un lado, que el ajuste fiscal o la agenda de reformas encuentre restricciones políticas y derive en tensiones sociales, elevando la prima de riesgo local. Por otro, que el shock geopolítico prolongue el repunte del crudo y fortalezca al dólar a nivel global, presionando a Chile tanto por términos de intercambio como por inflación.

En ese marco, el tipo de cambio podría reanclarse en niveles más altos incluso si el cobre acompaña. Para su escenario central, Santos estima que el dólar se moverá en un rango de entre $850 y $920 en el mediano plazo.

Los escenarios de Admirals

Felipe Sepúlveda, analista jefe de Admirals Latam, anticipa un escenario de mayor volatilidad para el tipo de cambio en el mediano plazo, con un sesgo alcista.

Señala que en las últimas dos semanas el dólar se movió principalmente entre $850 y $870, aunque recientemente abrió en torno a $880, lo que —a su juicio— refleja que el mercado comenzó a incorporar un mayor nivel de riesgo. Si ese valor logra consolidarse, identifica los $900 como el siguiente techo técnico relevante, especialmente a lo largo de marzo.

Entre los factores que podrían impulsar esa dinámica ubica, en primer lugar, el frente externo. La escalada del conflicto en Medio Oriente elevó el precio de la energía y reforzó la demanda de activos de refugio, fortaleciendo al dólar a nivel global y presionando a la baja a los activos de riesgo.

En particular, menciona la situación en torno al Estrecho de Ormuz, paso estratégico para una porción significativa del petróleo mundial. Mientras persista la tensión, el mercado tenderá a incorporar una prima geopolítica con efectos directos sobre el dólar y las tasas internacionales.

Un segundo elemento es el cobre. Con un dólar global más firme y expectativas de menor crecimiento, el metal podría corregir, reduciendo uno de los principales soportes estructurales del peso chileno en el corto plazo.

VER MÁS: Chile iniciará 2026 con emisión internacional de bonos en dólares y euros

En el plano interno, Sepúlveda apunta a los datos de actividad. El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de enero mostró una señal más débil, lo que, según explica, suele incrementar la preferencia por cobertura en dólares y moderar las proyecciones de crecimiento para 2026, elevando la sensibilidad del peso frente a shocks externos.

Finalmente, el cambio de gobierno previsto para el 11 de marzo también podría incidir en la dinámica cambiaria. En las etapas iniciales de una nueva administración, suele observarse una mayor demanda de dólares asociada a una postura de cautela por parte de los inversores, que buscan evaluar la velocidad y profundidad de las medidas anunciadas.

En el caso de José Antonio Kast, el mercado anticipa un enfoque orientado al crecimiento mediante rebajas tributarias, facilitación regulatoria y ajuste fiscal. Si esas iniciativas se concretan, podrían fortalecer la confianza; no obstante, en el corto plazo el proceso de reordenamiento de expectativas y el debate político podrían traducirse en mayor volatilidad.

Para marzo, su escenario base contempla un rango superior al de febrero, con episodios en los que el mercado podría poner a prueba niveles entre $890 y $900 si persiste la tensión geopolítica y el cobre no logra sostenerse. En sentido contrario, eventuales señales de desescalada y una mejora del entorno externo podrían habilitar correcciones a la baja.