Bogotá — En un año marcado por tasas de interés de doble dígito, una inflación que vuelve a subir, un terremoto que golpeó la actividad en agosto y una construcción que no logra salir de terreno negativo, hay un actor que no ha dejado de empujar la economía colombiana: los hogares.
Su gasto se consolidó como el principal soporte del crecimiento en 2026 y, según los análisis más recientes, mantendrá ese papel en 2027, aunque a un ritmo más moderado y bajo una vigilancia más estrecha.
El más reciente informe de Radar Bancolombia (Grupo Cibest) describe el fenómeno como una resiliencia que desafía la intuición macroeconómica. Los analistas del banco señalan que “estimamos pueda crecer 2,7% este año”, impulsado por ingresos sólidos y un mercado laboral con niveles históricamente bajos de desempleo.
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Hacia adelante, el informe prevé que el consumo crezca por encima del 2% tanto en 2026 como en 2027, con una mayor contribución a la actividad y apoyado en el dinamismo del comercio y los servicios.
Un motor que contrasta con el resto de la economía
En 2025, cuando el PIB creció 2,6%, el gasto de consumo final avanzó 4,2% y el de los hogares 3,6%, según datos del DANE. En el segundo trimestre de 2026 la economía se expandió 3,5% y el consumo final 4,4%, con un aporte del gasto de los hogares que creció 2,8%.
El contraste con otros sectores es evidente. Mientras la producción manufacturera cayó 3,7% anual en agosto y el área licenciada para construcción retrocedió 10%, el comercio minorista creció 7,3% en ese mismo mes y acumula un promedio de 10,9% en lo corrido del año.
¿Por qué resiste el consumo en un entorno tan adverso? La respuesta está en los ingresos. El informe de Bancolombia enumera varios vientos de cola: bajo desempleo, abultadas transferencias del Estado, un generoso aumento del salario mínimo, remesas y mini-bonanzas en oro, café y cacao.
Con datos del Banco de la República, recuerda que los hogares tienen hoy 27% más ingresos y solo 2% más deuda que en 2019. BBVA Research coincide en que las remesas por sí solas representan cerca del 4% del ingreso disponible de las familias.
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A eso se suma el ánimo. El Índice de Confianza del Consumidor de Fedesarrollo se ubicó en 15,7 puntos en septiembre y completó doce meses consecutivos en niveles de doble dígito, con una intención de compra de bienes durables que subió a 8,1 puntos.
La gran diferencia frente al auge de la pospandemia es que esta vez el mayor gasto no viene acompañado de un endeudamiento equivalente.
Aunque los desembolsos con tarjeta de crédito crecen 23,7% real anual, los consumidores evitan diferir a plazos: con tasas por encima del 21%, el 45% de las compras se hace a una sola cuota, frente al 34% de 2022. La calidad de la cartera también mejoró: el indicador de cartera vencida de tarjetas bajó a cerca de 4,8%, lejos del 9%–10% registrado en los momentos de mayor estrés.
2027: menos impulso, mismo protagonismo
Las proyecciones coinciden en que el consumo perderá algo de velocidad el próximo año, pero no su lugar central. Bancolombia estima que el consumo privado pasará de 2,7% en 2026 a 2,2% en 2027, por el agotamiento del dinamismo en bienes durables.
BBVA Research, por su parte, prevé un avance de 3,0% este año y de 2,7% en 2027, en un escenario en el que el consumo público se desacelerará con fuerza, de 9,7% a 3%.
Esa retirada del gasto estatal deja al consumo de los hogares como el soporte más estable de la demanda mientras la inversión privada toma impulso. El Banco Mundial, que elevó a 2,6% su proyección de crecimiento para Colombia en 2027, también identifica al consumo privado como uno de los principales sostenes de la actividad.
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El panorama no está exento de riesgos. Los analistas encuestados por el Banco de la República esperan que la inflación cierre 2026 en 6,8% y que la tasa de política monetaria termine el año en 12,50%.
La carga financiera de los hogares, estable alrededor del 27% del ingreso, registra un ligero aumento desde enero, impulsado por créditos con entidades no vigiladas. Y mediciones como la Gastometría de Raddar ya mostraban a comienzos de año una desaceleración del gasto real.
La conclusión del mercado apunta a vigilar la sostenibilidad de las fuentes de pago. Si inflación, tasas y desempleo comprimen el poder adquisitivo y los hogares empiezan a reemplazar ingreso por crédito, la historia podría cambiar rápido.
Por ahora, el motor sigue encendido, y de su salud dependerá buena parte del crecimiento de Colombia en 2027.