El Estado desplaza a las empresas como motor del PIB en Colombia: ¿Es sostenible el crecimiento?

Mientras el gasto público en Colombia saltó del 0,6% al 7,1% en el último año, la inversión privada se mantuvo estancada con un leve avance del 1,8%. Ese desbalance ha elevado las tasas de interés y la incertidumbre.

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Bloomberg Línea — La economía colombiana cerró 2025 con una peligrosa mutación en sus motores internos. El gasto del Gobierno se disparó para sostener la actividad, pero la inversión privada y el consumo de los hogares mostraron señales de agotamiento, atrapados en un entorno de altas tasas de interés y falta de confianza.

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Este fenómeno de ‘desplazamiento’ (crowding out) no sólo altera el balance de las cuentas nacionales, sino que pone en entredicho la capacidad del país para mantener su ritmo de expansión en 2026, sin comprometer la estabilidad fiscal.

El diagnóstico de los analistas es tajante frente a la fragilidad de estas cifras. Según el Banco de Bogotá, “en 2025, el sector público desplazó al privado en el crecimiento económico” y advierten que el “balance del crecimiento no luce sostenible”.

Al excluir el impacto del gasto público, la expansión de la actividad privada fue de apenas 1,8%, una cifra prácticamente idéntica al 1,7% registrado en 2024, lo que demuestra un estancamiento estructural frente al vertiginoso salto del gasto gubernamental, que pasó de crecer 0,6% a 7,1% en el mismo periodo.

Por su parte, Credicorp Capital coincide en que “la economía continúa mostrando desequilibrios preocupantes”.

La comisionista subraya que la trayectoria actual es “notablemente desbalanceada y, en consecuencia, insostenible”, especialmente tras observar un deterioro pronunciado en la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF).

Esta debilidad de la inversión es crítica, pues mientras el consumo total aumentó un 4,2% anual, la inversión bruta apenas se expandió un 2,1% en 2025, con una inversión fija avanzando a un ritmo todavía menor del 1,3%.

La anatomía del crecimiento en el último trimestre de 2025 revela la profundidad del problema. Los datos ajustados por estacionalidad muestran que el PIB se estancó con una variación de apenas 0,1% trimestral.

Este resultado fue el producto de una “fuerte contracción de 1,0% en la demanda interna”, añade Credicorp, que, además, asegura que fue compensada únicamente por el consumo público, que se expandió un 1,6% en el trimestre.

En contraste, la inversión bruta sufrió un “colapso” al contraerse un 8,9% trimestral.

Desde la óptica de la producción, el dinamismo se concentró en sectores dependientes del gasto estatal o del consumo resiliente. La administración pública creció un 4,5%, impulsada por la “renuencia del gobierno central a adoptar recortes de gasto” y el incremento retroactivo en los salarios de los servidores públicos.

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Otros sectores que aportaron al PIB fueron el entretenimiento (9,9%) y el comercio (3,1%), este último beneficiado por las transferencias del gobierno a los hogares y las remesas. Sin embargo, el Banco de Bogotá destaca que gran parte del gasto público del cuarto trimestre se explicó por eventos atípicos como la “organización de las elecciones (137,6%)”.

El panorama para los sectores productivos tradicionales es mucho más sombrío. Las actividades de petróleo y minería se contrajeron un 6,2% anual en 2025, en medio de la política de transición energética, mientras que la construcción permaneció en terreno negativo con una caída del 2,8%.

En el último trimestre, la inversión en vivienda registró una caída del 10,0%, la mayor desde inicios de 2024, y la infraestructura retrocedió un 5,3%. Estos datos, dice el Banco de Bogotá, refuerzan la tesis de que los empresarios “no consolidan sus proyectos de inversión” en un entorno de alta incertidumbre.

La entidad financiera resalta que el fenómeno de crowding out tiene raíces fiscales y monetarias profundas. “Los altos desbalances presupuestales de la Nación han presionado las tasas de interés al alza”, lo que, sumado a la incertidumbre local por el manejo de la política fiscal, ha debilitado al sector privado.

Además, el banco señala que el elevado gasto público no ha sido financiado con ingresos corrientes, sino mediante una “mayor emisión de deuda”, lo cual agrava la vulnerabilidad de la economía.

La apreciación del peso colombiano también ha jugado un rol contradictorio. Hacia finales de 2025, la venta de divisas por parte del Ministerio de Hacienda —que pasó de vender US$2.568 millones en el tercer trimestre a US$3.465 millones en el cuarto— influyó en una valorización del peso que redujo los ingresos de los hogares receptores de remesas y afectó a los exportadores.

Según el análisis del equipo de Investigaciones Económicas, esto provocó una moderación del gasto de las familias, con el consumo pasando de un crecimiento del 3,8% al 2,9% entre los dos últimos trimestres del año.

Hacia adelante, las perspectivas de crecimiento han sido revisadas a la baja. Credicorp Capital redujo su estimación para 2026 al 2,5% (desde el 2,7% previo), citando el estancamiento de la inversión privada como un “viento en contra estructural”.

El Banco de Bogotá fue más allá y recortó su proyección para 2026 de 2,9% a 2,4%, advirtiendo que las condiciones financieras serán “más retadoras que las de 2025” debido al alto ajuste del salario mínimo decretado por el Gobierno, lo que afectará tanto el empleo como la inversión.

El Banco de Bogotá concluye que la tendencia de moderación se consolidará en el primer semestre de 2026, y que el resultado de las próximas elecciones será un “potencial punto de inflexión”.

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Para los analistas, la recuperación real sólo vendrá si se logra reducir la incertidumbre, mejorar el ambiente de negocios y retomar una disciplina fiscal estricta. De lo contrario, la economía podría estancarse en tasas cercanas al 2,0%, limitada por una inversión que no logra reaccionar ante el dominio del gasto público.