Bloomberg Línea — El aumento del salario mínimo tiene un efecto multiplicador en la estructura de costos laborales por cuenta de los aportes a la seguridad social, parafiscales, primas, cesantías, vacaciones e intereses sobre cesantías.
“Este aumento no puede verse como un simple ajuste contable; obliga a replantear la estrategia empresarial”, señaló Rodrigo Cifuentes, socio de deal advisory de la oficina para Colombia de BDO Interaméricas.
A lo que añadió que las compañías deben revisar sus modelos de negocio, buscando eficiencias operativas y tecnológicas para compensar el incremento de costos.
El Gobierno Petro decretó en 23% el aumento del salario mínimo, lo que deja el monto en 2026 en COP$1.750.905 y en COP$2.000.000 con auxilio de transporte. Lo que significa que el costo real por trabajador supera los COP$2,9 millones mensuales, considerando todas las obligaciones legales.
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“Lo que pasa es que este Gobierno hace lo contrario de lo que hicieron todos los anteriores, que es concentrar la riqueza arriba. Nosotros aquí queremos democratizar y no le estamos quitando a nadie un peso”, dijo al respecto el presidente Gustavo Petro.
La decisión del aumento se basó en el concepto de “salario vital”, que hace referencia, según explicó el Ministerio de Hacienda, al ingreso necesario para asegurar un nivel de vida digno a los trabajadores y sus familias, calculado sobre una jornada laboral normal y considerando el contexto económico de cada país.
Con lo que, ha señalado el Ejecutivo, el salario deja de ser solo una variable económica y pasa a entenderse como una herramienta de justicia social.
De acuerdo con Cifuentes, estos son los sectores más afectados con el aumento:
-Turismo y hotelería: alta participación del personal operativo en los costos, contratos internacionales cerrados con tarifas fijas y presión para mantener la competitividad frente a otros destinos.
-Vigilancia privada y servicios generales: el incremento salarial se suma a recargos nocturnos y dominicales, lo que eleva los costos en más del 30% y pone en riesgo la formalidad del sector.
“El costo de un puesto permanente con tres turnos pasará de COP$15,3 millones a cerca de COP$18,8 millones mensuales, y podría llegar a COP$19,6 millones cuando se sumen los efectos de la reducción de la jornada laboral y los recargos nocturnos”, especificó el experto.
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-Construcción y vivienda VIS: el salario mínimo funciona como variable de indexación en contratos y precios, lo que puede aumentar el valor de la vivienda hasta en un 10%, afectando la demanda y la sostenibilidad de los proyectos.
-Comercio minorista y gastronomía: negocios con alta rotación y baja capacidad para trasladar costos al consumidor. Un restaurante, por ejemplo, debe vender 15 almuerzos adicionales diarios solo para cubrir el incremento salarial, sin generar utilidad adicional
-Mipymes: representan el 99,7% del tejido empresarial y generan más del 80% del empleo formal en Colombia. Para ellas, el aumento puede significar un incremento del 30% en costos laborales, lo que amenaza su viabilidad y fomenta la informalidad.
Para el socio de deal advisory de la oficina para Colombia de BDO Interaméricas, las empresas deben recalcular la nómina, las prestaciones y parafiscales, así como ajustar las proyecciones de flujo de caja y de EBITDA.
Adicional a eso, revisar los contratos indexados al salario mínimo y anticipar incrementos en los servicios tercerizados (vigilancia, aseo, transporte).
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“Otro punto crítico es la tasa de interés, ya que el Banco de la República podría mantenerla o incluso subirla para contener la presión inflacionaria derivada del ajuste salarial, lo que encarece el financiamiento y afectará a proyectos apalancados”, destacó.
En ese sentido, una análisis de Corficolombiana señaló que que con un ajuste técnico del salario mínimo, que hubiera sido de 6,1%, la inflación en Colombia podría haber vuelto al rango meta (4%) en 2026. “Pero con incrementos mayores al 10%, en este caso 23%, la inflación podría llegar a 6,5%”.
Cifuentes recomendó simular escenarios de sensibilidad (base, estresado y conservador), priorizar la liquidez, renegociar plazos con proveedores y evaluar estrategias para optimizar el capital de trabajo.













