Bloomberg Lïnea — El agro colombiano enfrenta en 2026 un entorno más desafiante que el del año anterior. La combinación de una tasa de cambio apreciada, mayores presiones inflacionarias y un fuerte aumento del salario mínimo reduce los ingresos en pesos por exportaciones y encarece la estructura de costos. En un sector intensivo en mano de obra y expuesto al comercio exterior, el desafío ya no es sólo crecer, sino sostener la rentabilidad y la competitividad.
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“Aumento de costos laborales, mayor inflación y apreciación de la tasa de cambio son amenazas para la competitividad del agro colombiano”, advierte Investigaciones Económicas de Grupo Cibest, al subrayar que el entorno macroeconómico dejó de jugar a favor del sector y que 2026 será un año de mayores exigencias en eficiencia y manejo de márgenes.
El cambio de contexto se da en un momento en que la dinámica productiva ya muestra señales de enfriamiento.
Aunque el PIB agropecuario creció 3,1% en el acumulado de 2025, en el cuarto trimestre registró una contracción de 0,4%, reflejando una “gran divergencia entre sus ramas”.
El café, por ejemplo, cayó 22,1% anual en ese último trimestre, afectado por lluvias persistentes y un efecto base elevado tras una cosecha excepcional en 2024. Otros cultivos como cacao, arroz y caña de azúcar también registraron retrocesos.
En este entorno, la tasa de cambio juega un papel determinante. Como señala Cibest, “en el negocio exportador, el impacto de la revaluación de la moneda es relativamente fácil de entender: se reciben menos pesos por dólar exportado”.
Esa reducción en ingresos en moneda local ocurre justo cuando los costos internos suben. La inflación no solo erosiona el poder adquisitivo, sino que también presiona insumos, logística y servicios.
“Cuando esta acelera, algunos costos y gastos se encarecen y llevan a que el exportador tenga que reducir su margen de rentabilidad, o intentar trasladar el mayor costo vía precio, lo cual no siempre es viable”, advierte el análisis.
El aumento del salario mínimo, de 23,7%, añade otra capa de presión. Si bien tiene efectos positivos en capacidad de compra, en los sectores formales exportadores implica mayores cargas laborales en un momento de competencia internacional intensa. “Un mayor aumento del salario mínimo genera un incremento en costos a la hora de competir con el producto en el exterior”, señala Grupo Cibest.
La presión no es uniforme. Mientras la rama pecuaria mantiene una expansión apoyada en la demanda interna —con crecimiento destacado en carne y lácteos— algunos segmentos comienzan a enfrentar señales bajistas en precios, como el cerdo y el huevo.
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En cultivos agroindustriales, el panorama externo tampoco luce despejado: el mercado global del azúcar se encamina hacia una posible sobreoferta en 2026, con precios internacionales que han retrocedido frente a los máximos de 2023, lo que anticipa menores ingresos locales en un contexto de peso fuerte.
En contraste, la apreciación del peso ofrece un respiro parcial para importadores de insumos. “La tasa de cambio jugaría a favor de los importadores”, especialmente en fertilizantes y alimentos balanceados.
Sin embargo, ese alivio podría verse compensado por mayores tasas de interés, que encarecen la financiación de inventarios e inversiones. El análisis de Cibest advierte que el aumento en tasas “podría darse desde la parte corta de la curva hasta la parte larga encareciendo la financiación de inventarios e incluso las iniciativas de inversión”.
Así, el agro colombiano entra en una fase en la que la resiliencia empresarial vuelve a ser determinante. “La historia ha mostrado la gran resiliencia que tienen los agricultores y empresarios del campo frente a las diversas dificultades”.
No obstante, el desafío actual combina factores internos y externos que obligan a replantear estrategias: mayor eficiencia productiva, gestión cuidadosa de costos, diversificación de mercados y, sobre todo, una lectura más fina del consumidor global.
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En 2026, el debate no será únicamente cuánto puede crecer el agro, sino en qué condiciones podrá hacerlo. En medio de la revaluación, la inflación y el aumento de costos laborales, la verdadera prueba será preservar la competitividad sin sacrificar rentabilidad, en un entorno donde los márgenes se estrechan y el margen de error se reduce.