HRW pide a EE.UU y Ecuador revelar base legal de ataques contra barcos en el Pacífico

Human Rights Watch cuestiona las operaciones estadounidenses contra ocho embarcaciones ecuatorianas. Además, pide a Washington y a Quito revelar el marco jurídico que sustentó las interceptaciones.

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Bloomberg Línea — Human Rights Watch (HRW) denunció este viernes que fuerzas estadounidenses han destruido ocho buques ecuatorianos entre el 28 de agosto y el 16 de septiembre, argumentando presuntos vínculos con estructuras criminales, pero sin pruebas públicas que lo demuestren y sin revelar la base jurídica de las operaciones.

La organización defensora de los derechos humanos expuso que de los 160 tripulantes, 90 enfrentan investigaciones penales en Ecuador, mientras que jueces ecuatorianos dictaminaron que la detención de 56 fue ilegal y 14 no fueron procesados.

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El Comando Sur de los Estados Unidos ha expuesto que las embarcaciones sirven como “estaciones flotantes de reabastecimiento de combustible en apoyo de operaciones ilícitas de narcotráfico en aguas internacionales del Pacífico Oriental”.

Haciendo referencia a una de ellas en específico, en un comunicado del 2 de septiembre del Comando Sur, sostuvo que gracias a información de inteligencia se confirmó que una embarcación interceptada “operaba en apoyo de la violenta organización narcoterrorista Los Choneros”.

Los Choneros son uno de cuatro grupos criminales ecuatorianos designados por la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, como organizaciones terroristas extranjeras. Y su otrora líder, alias Fito, fue extraditado a territorio norteamericano el 20 de julio de 2025, luego de haber sido arrestado en Manta, Ecuador.

En ese contexto, la directora para las Américas de HRW, Juanita Goebertus, declaró: “Interceptar el tráfico de combustible en el mar puede ser un paso importante para detener a los grupos criminales, pero eso no autoriza a las fuerzas de seguridad a arrestar a personas sin pruebas, destruir sus embarcaciones ni abusar de ellas”.

Además, solicitó a Ecuador y Estados Unidos publicar el marco jurídico de las operaciones, así como los criterios utilizados para interceptar embarcaciones. Y planteó que se deberían “establecer salvaguardias sólidas para prevenir futuros abusos” de las autoridades.

¿Cómo operaron los militares de Estados Unidos?

HRW entrevistó a 27 personas, incluyendo capitales, tripulantes, familiares de los detenidos y abogados que representan a los detenidos. Sumado a ello, recopiló fotografías y videos de las interceptaciones a las embarcaciones.

La organización, sin embargo, no pudo “determinar si alguno de los buques funcionaba como estación de repostaje ilegal”. Pese a que las autoridades estadounidenses alegaron que sí, los miembros de la tripulación entrevistados negaron su participación”.

HRW solicitó comentarios a la Fiscalía General de Ecuador y al Comando Sur de Estados Unidos sobre sus hallazgos, pero no ha recibido respuesta.

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“Ninguno de los gobiernos ha divulgado públicamente pruebas que respalden las acusaciones”, agregó la organización. “La destrucción de los buques podría haber eliminado pruebas que hubieran ayudado a esclarecer lo sucedido”.

El capitán y los tripulantes de la embarcación Los Tres Hermanos, que fue interceptada el 28 de agosto, expusieron que las fuerzas armadas estadounidenses les ordenaron tumbarse boca abajo y los sujetaron con bridas de plástico sin darles ninguna explicación. Luego, los llevaron al buque USS San Antonio, de Estados Unidos.

Allí les habrían reemplazado las ataduras de plástico con esposas metálicas ajustadas, les cubrieron los ojos y los oídos. Además, los interrogaron a algunos sobre sus supuestos vínculos con el crimen organizado.

“Tras unas siete horas, las fuerzas estadounidenses los embarcaron en las cuatro lanchas de apoyo del Los Tres Hermanos, les ordenaron abandonar la embarcación principal y destruyeron el buque. Ninguno fue detenido al llegar a la costa”, reseñó HRW.

La organización incluso citó el testimonio del capitán de Los Tres Hermanos: “Pregunté qué pruebas habían encontrado, qué procedimiento estaban siguiendo y si debía llevar la lancha a Jaramijó o a Manta. Uno de los militares estadounidenses me preguntó: ‘¿Qué prefiere, la muerte o la cárcel?’. Le respondí: ‘Ninguna de las dos’. Entonces me dijo que no volviera a la lancha y nos ordenó ir a Manta en nuestras lanchas de apoyo”.