Bloomberg Línea — Una pequeña pieza dental resguardada en Guatemala está replanteando lo que se creía saber sobre la medicina en la civilización maya.
La destacada cultura mesoamericana floreció en territorios que hoy corresponden a Guatemala, Belice, México y partes de Honduras y El Salvador, hasta alrededor del año 1524.
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El estudio reciente, publicado en la revista científica Journal of Archaeological Science: Reports, gira en torno a un primer molar inferior izquierdo, pero no es cualquier diente.
En su superficie de masticación, esa que casi nunca se ve al sonreír, hay una incrustación de color verdoso, probablemente jadeíta, colocada con precisión en el centro exacto donde convergen sus cúspides, los relieves principales de la corona dental.
El objeto pertenece a la colección osteológica del Museo Popol Vuh de la Universidad Francisco Marroquín (UFM), ubicado en Ciudad de Guatemala.
La colección comprende elementos dentales aislados o mandíbulas y cráneos completos que presentan intervenciones culturales particulares y peculiares, que comenzaron a recolectarse en los años 70 para salvarlos de la destrucción o saqueos.
La pieza objeto del estudio viene sin contexto arqueológico preciso, lo que limita saber quién fue la persona, de dónde provenía o cuál era su posición social. Aun así, para los académicos, el diente por sí solo cuenta una historia.
Odontología prehispánica maya
Intervenir dientes para tratar el dolor no es exclusivo de la época moderna. Desde el Paleolítico y el Neolítico en Europa y Asia, ya existen evidencias de humanos que usaban piedras puntiagudas, cera de abeja o betún para limpiar caries o sellar fisuras con fines paliativos, a modo de empaste dental.
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En el continente americano, desde Norteamérica hasta Perú, también se han hallado dientes perforados para tratar abscesos o infecciones.
Sin embargo, los antiguos mayas parecían ser la excepción. A pesar de sus habilidades de perforación y su conocimiento de la anatomía de los dientes, además de las lesiones cariosas y abscesos que se produjeron con alta frecuencia debido a su fuerte dependencia del maíz, nunca se había comprobado que aplicaran sus técnicas para curar dolencias.
De ahí que encontrar la única incrustación conocida en un diente molar, rompió por completo con el patrón conocido. Para investigar si el procedimiento se colocó antes o después de la muerte de este individuo, los investigadores de universidades de México y Guatemala recurrieron a una tomografía computarizada de haz cónico (CBCT).
Las imágenes 3D revelaron una extensa calcificación dentro de la cámara pulpar, justo debajo de la incrustación. Según los expertos, el diente reaccionó al trauma de la perforación, demostrando que la piedra se colocó cuando la persona aún vivía.
El análisis de la estructura interna también sugiere que el individuo era un adulto joven. La técnica fue minuciosa, pues la cavidad donde se colocó la piedra ocupa un tercio de la corona dental y penetra la dentina, pero no llega a exponer el nervio.
Además, la incrustación está perfectamente nivelada con la superficie de masticación, lo que evitaba interferencias al comer.
¿Un tratamiento médico?
“Sigue siendo incierto si el procedimiento fue terapéutico, paliativo o motivado por una práctica simbólica inusual”, advierte el estudio supervisado por Estuardo Mata-Castillo, decano de la Facultad de Odontología de la UFM.
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No obstante, las paredes irregulares de la cavidad sugieren que pudieron haber taladrado sobre una caries preexistente para limpiarla y luego sellar el agujero con la piedra.
Si esta teoría es correcta, sería el primer caso documentado en el mundo maya del uso de una piedra para rellenar una cavitación dental con un posible fin médico.
Para los investigadores, este caso amplía las interpretaciones del conocimiento dental maya “y pone de manifiesto la necesidad de más investigaciones interdisciplinarias sobre intervenciones dentales raras y no convencionales en la antigua Mesoamérica”.
El descubrimiento se suma al creciente interés por las zonas arqueológicas y museos de la región. En México, el turismo cultural alcanzó cerca de 19,5 millones de visitas entre museos y sitios arqueológicos en 2025, con Chichén Itzá como principal referente.
En Guatemala, los parques y zonas arqueológicas recibieron más de 1,2 millones de turistas, según cifras oficiales de ambos países.