Bloomberg — Guatemala anunció que pondrá fin a las brigadas médicas cubanas, lo que supone un nuevo golpe para el gobierno comunista de La Habana, que atraviesa graves dificultades económicas y se encuentra bajo una presión cada vez mayor por parte de Washington.
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El Ministerio de Salud de la nación centroamericana anunció el martes por la noche que eliminará gradualmente el programa este año, sumándose así a un puñado de países caribeños que han decidido prescindir de los trabajadores sanitarios cubanos, en medio de la campaña estadounidense para presentar a las brigadas como una forma de trabajo esclavizado. En la actualidad, unos 412 cubanos, entre ellos 333 médicos, prestan servicios de atención sanitaria en Guatemala.
El presidente Donald Trump ha estado presionando duramente a Cuba desde que regresó a la Casa Blanca, cortando su combustible y otras fuentes de ingresos. Su administración habla abiertamente de forzar a la nación insular de 10 millones de habitantes al colapso económico con la esperanza de derrocar al régimen de partido único tras más de seis décadas de gobierno ininterrumpido.
Actualmente, Cuba solo produce suficiente electricidad para cubrir alrededor del 40% de sus necesidades, está racionando la gasolina y esta semana advirtió a las aerolíneas que no pueden repostar en la isla. El miércoles, las aerolíneas rusas se unieron a varias aerolíneas canadienses en la suspensión del servicio, un duro golpe para la crucial industria turística de la isla.
Junto con hoteles y resorts, las brigadas globales de médicos, ingenieros y responsables de seguridad de Cuba son una fuente vital de divisas fuertes. Las misiones médicas, en particular, han sido una parte central de su política exterior desde los años 60.
En 2023, había casi 24.000 profesionales médicos trabajando en 56 países, según el ministerio de exteriores cubano. Las brigadas generaron 6.300 millones de dólares en ingresos para el gobierno en 2018 y 3.900 millones en 2020, algunos en forma de petróleo de Venezuela, informó la Agence France Presse el año pasado, citando cifras gubernamentales.
Estados Unidos considera que el programa es una forma de servidumbre por contrato y una fuente de ingresos para La Habana. El secretario de Estado Marco Rubio ha estado presionando a los países que dependen de estos médicos. En los últimos meses, Bahamas, Antigua y Barbuda y Granada, entre otros, han anunciado que modificarán o reducirán el uso de las brigadas, a menudo después de que Estados Unidos haya amenazado con retirar los visados a los funcionarios.
Una de las defensoras más vocales del programa ha sido la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, que espera conseguir un tercer mandato en elecciones anticipadas el miércoles. Durante un apasionado discurso el año pasado, dijo que su pequeña nación caribeña no habría sobrevivido a la pandemia de Covid-19 sin el apoyo de médicos y enfermeras cubanos, y que estaba dispuesta a perder su visado estadounidense por el programa.
La semana pasada, la embajada de Estados Unidos en Barbados, una vez más, advirtió a la región que no aceptara pagar al gobierno cubano por trabajadores sanitarios.
Washington “está comprometido a responsabilizar a funcionarios del régimen cubano, funcionarios de gobiernos extranjeros y otros por facilitar el trabajo forzado en las misiones médicas de Cuba”, dijo la embajada en su página de Facebook. “Estados Unidos hace un llamamiento a todos los gobiernos y pueblos para que rechacen los programas de trabajo forzado”.
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