Lula y Sheinbaum estrechan lazos mientras se produce un reajuste en América Latina

La compenetración entre los presidentes de Brasil y México es parte de un reajuste geopolítico más amplio entre las dos mayores economías de América Latina.

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Bloomberg — Claudia Sheinbaum rara vez elogia a otros jefes de Estado, pero cuando se trata de Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, no se anda con rodeos.

“Es un hombre extraordinario, un símbolo”, afirmó la presidenta mexicana sobre Lula en una de sus ruedas de prensa diarias celebradas en marzo. “Siempre es un placer hablar con él”.

Ambos líderes han forjado una relación cordial a través de llamadas y encuentros en eventos internacionales, incluida la cumbre del Grupo de los 20 organizada por Lula en Río de Janeiro. Su compenetración refleja algo más que admiración mutua. También forma parte de un reajuste geopolítico más amplio entre las dos mayores economías de América Latina.

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Sheinbaum y Lula se encuentran cada vez más aislados a medida que los conservadores ganan terreno en toda la región, muchos de ellos envalentonados por el regreso al poder de Donald Trump en Estados Unidos. Tras la aparente victoria de Keiko Fujimori en Perú y la elección de Abelardo de la Espriella en Colombia, la pregunta ahora es si la denominada “ola de derecha” de la región se adueñará de otro país o si Lula, de 80 años, podrá ganar un cuarto mandato en las elecciones de octubre en Brasil.

Trump plantea retos diferentes, aunque con puntos en común, para ambos líderes. Sheinbaum está tratando de proteger el modelo económico mexicano, impulsado por las exportaciones, frente a los aranceles y la incertidumbre sobre el futuro del acuerdo comercial T-MEC. Lula busca preservar el margen de maniobra político y económico de Brasil a medida que crece la influencia de Washington en todo el hemisferio. Esas presiones han contribuido a convertir una relación cordial en una alianza geopolítica más profunda que ahora va mucho más allá del comercio.

La señal más clara de ese cambio se observa en el sector energético, donde los gigantes petroleros controlados por el Estado de ambos países están dando pasos para profundizar su cooperación, en su intento por reponer reservas e impulsar la producción.

La colaboración comenzó a tomar forma después de que Lula sugiriera estrechar los lazos entre Petrobras y Pemex durante una de sus conversaciones telefónicas con Sheinbaum. Las empresas firmaron el martes un acuerdo inicial que abarca una posible cooperación en materia de exploración, producción, refinación, petroquímica, fertilizantes, captura de carbono y combustibles más limpios.

Para Pemex, el atractivo es evidente. La empresa petrolera estatal mexicana se ve lastrada por un negocio de refinación deficitario, ineficiencias operativas y una de las mayores cargas de deuda entre los productores de petróleo a nivel mundial. Además, necesita revertir años de descenso en la producción de crudo. Petrobras, por su parte, debe aumentar sus reservas y prepararse para una posible caída de la producción a principios de la década de 2030, a medida que algunos de sus yacimientos más productivos alcancen su madurez.

“En estos momentos existe una estrecha relación con Brasil”, afirmó Sheinbaum en su rueda de prensa diaria del miércoles, al tiempo que calificó el acuerdo entre las dos empresas petroleras estatales como “muy significativo en sí mismo”.

Si la colaboración sigue adelante, podría marcar un cambio gradual respecto a la estrategia energética más cerrada del expresidente Andrés Manuel López Obrador, que daba prioridad a Pemex y limitaba drásticamente la participación extranjera en la industria petrolera mexicana.

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Petrobras está especialmente interesada en determinar si existe una formación petrolífera presalina en el Golfo de México, similar a la que transformó la industria energética de Brasil y que ahora representa la mayor parte de la producción del país. México ha restringido durante mucho tiempo el acceso de las empresas extranjeras a algunas de sus zonas petroleras más prometedoras, lo que abre una oportunidad para Petrobras si las condiciones políticas lo permiten, según Jean Paul Prates, exdirector ejecutivo de la empresa brasileña.

“A diferencia de otras empresas que se han enfrentado a mayores barreras de entrada, la empresa petrolera estatal brasileña podría estar bien posicionada para aprovechar esta oportunidad”, afirmó Prates en una entrevista realizada en mayo.

Diversificación comercial

Las conversaciones sobre energía se producen en un momento en que los flujos comerciales entre México y Brasil también cobran impulso.

El comercio bilateral alcanzó los US$18.500 millones el año pasado, el segundo nivel más alto desde 1980, según datos recopilados por Bloomberg, impulsado por los productos de automoción, la maquinaria y los productos agrícolas, especialmente la carne de vacuno. Brasil sigue registrando un superávit significativo, pero las exportaciones mexicanas a Brasil han crecido a tasas de dos dígitos en los últimos meses.

Este cambio se debe, en parte, a las perturbaciones del comercio mundial. Algunas empresas mexicanas han aumentado su dependencia de los proveedores brasileños a medida que las cadenas de suministro se adaptan a los nuevos aranceles aprobados por el Congreso de México, medidas dirigidas en buena parte a las importaciones procedentes de Asia. Estos cambios se producen en un momento en que México reajusta su posición en una economía mundial cada vez más fragmentada.

“Muchas empresas sustituyeron sus importaciones procedentes de China para seguir siendo competitivas y encontraron una opción viable en Brasil”, afirmó Sergio Islas, director general de SIEM Business, una empresa de logística comercial. “Los plazos de envío son muy competitivos, las cadenas de suministro son sólidas; todo ello ha encajado a la perfección para muchas empresas en México”.

Nadie espera que Brasil sustituya al mercado de consumo estadounidense ni que se convierta en una respuesta completa a la amenaza que Trump supone para el modelo económico de México. Pero para Sheinbaum, Brasil se ha convertido en una pieza más de un esfuerzo más amplio por diversificar las alianzas comerciales e industriales.

El comercio bilateral sigue concentrándose en un puñado de sectores en los que ambas economías son altamente complementarias. Aun así, varias empresas ven ahora a Brasil como una alternativa fiable para su cadena de suministro, señaló Islas.

Sheinbaum también ha puesto la mirada en Brasil en su intento por impulsar el “Plan México”, su estrategia industrial insignia, que aún no ha logrado generar un repunte sostenido de la inversión. La inversión agregada se ha mantenido en terreno negativo durante 17 meses consecutivos, el periodo más largo de este tipo desde el inicio de la pandemia, según el Instituto Nacional de Estadística de México.

Brasil ha actuado de forma más agresiva. Su programa “Nova Indústria” comenzó como una iniciativa de crédito de 300.000 millones de reales (US$59.900 millones) y se ha convertido en una política industrial más amplia centrada en los semiconductores, los vehículos eléctricos, el hidrógeno verde, los productos farmacéuticos y otros sectores estratégicos. El programa combina créditos de bancos de desarrollo, incentivos fiscales, contratación pública y financiación para la innovación con el fin de fortalecer las cadenas de suministro nacionales. Brasil afirma que las inversiones previstas en el marco de esta política ya han superado los 750.000 millones de reales hasta el año 2026.

Una colaboración más estrecha podría suponer un impulso político para ambos líderes en un momento delicado. La valoración de Sheinbaum se situaba en el 53% en mayo, lo que supone un descenso de unos 10 puntos con respecto a enero, según una encuesta de AtlasIntel realizada para Bloomberg News. Lula, por su parte, se encamina hacia las elecciones de octubre frente a un rival de derecha, Flávio Bolsonaro; las últimas encuestas sitúan al presidente en cabeza, pero la contienda sigue siendo volátil, ya que el escándalo del Banco Master está salpicando a figuras de toda la clase política brasileña.

Ante el aumento de las presiones económicas y el capital político cada vez más bajo presión, crece el incentivo para alinearse. Para dos líderes de izquierda que se mueven en una región donde sus aliados están perdiendo terreno, una coordinación más estrecha puede ser menos una opción que una necesidad, y una que viene acompañada de un margen de maniobra cada vez más reducido.

--Con la colaboración de Mariana Durao.