Bloomberg — La incursión de fuerzas especiales de Estados Unidos que capturó a Nicolás Maduro en Caracas se ejecutó sin contratiempos tras meses de planificación. Lo que viene ahora en Venezuela, en cambio, probablemente sea mucho más desordenado y prolongado, lo que pone en duda las expectativas de una recuperación económica rápida impulsada por el petróleo.
El presidente Donald Trump enfrenta una larga lista de desafíos para “administrar” a distancia a una nación latinoamericana vasta y profundamente empobrecida, como él y otros funcionarios aseguran que harán mediante una combinación de amenazas y una presencia inédita de la Armada estadounidense, que permitiría a Estados Unidos utilizar las exportaciones petroleras venezolanas como herramienta de presión.
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“Al remover a Maduro, potencialmente crearon un escenario de mucha mayor inestabilidad”, señaló Alexander Main, especialista en América Latina y director de política internacional del Center for Economic and Policy Research. “Las cosas pueden desmadrarse de una forma que no podemos anticipar realmente”.
Entre los desafíos inmediatos figura contener la violencia de las bandas de motociclistas progubernamentales conocidas como colectivos que recorren la capital, así como de poderosos carteles del narcotráfico y guerrillas armadas que el Estado venezolano podría no estar en condiciones de controlar.
También está la necesidad de atender problemas humanitarios básicos tras años de colapso económico, con una hiperinflación persistente, cerca de la mitad de los 30 millones de habitantes viviendo en la pobreza y unos 8 millones de migrantes económicos dispersos en países vecinos que podrían regresar.
La Casa Blanca, que busca atraer inversores estadounidenses y compañías petroleras de Estados Unidos, también debe sortear una serie de obstáculos que van desde las disputas internas del régimen y la inestabilidad política más amplia hasta el control de décadas de corrupción generalizada, incluso en el Poder Judicial y en el gobierno de la presidenta interina recientemente juramentada, Delcy Rodríguez.
“Todavía hay muchas cosas que pueden salir mal”, escribieron esta semana los analistas de Bloomberg Economics Jimena Zúñiga y Chris Kennedy. “No hay garantías de que Rodríguez pueda ofrecer estabilidad. Un retorno demorado a la democracia podría derivar en un escenario político inestable, un resurgimiento de la violencia y un potencial económico más acotado”.
Funcionarios estadounidenses han intentado evitar el caos y la violencia que siguieron a los cambios de régimen en Afganistán, Irak y Libia, manteniendo en gran medida intacta la estructura del poder en Venezuela. Eso implicó, al menos de forma temporal, dejar de lado a la oposición más popular encabezada por la ganadora del Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, cuyo partido —según Estados Unidos— ganó las elecciones de 2024, pese a que Maduro se adjudicó la victoria.
Trump restó importancia a los riesgos cuando encabezó el viernes una reunión con ejecutivos del sector petrolero. Pronosticó un rápido acuerdo para que grandes compañías inviertan al menos US$100.000 millones en Venezuela. Más temprano ese mismo día, afirmó que por ahora mantendrá los barcos y tropas desplegados en el mar Caribe, lo que abre interrogantes sobre el costo de una operación de largo plazo.
“Si no quieren entrar, díganmelo, porque tengo a 25 personas que hoy no están acá y están dispuestas a ocupar su lugar”, les dijo Trump a los representantes de las petroleras. “Van a tener algo que acá nunca tuvieron realmente, que es una seguridad enorme. Van a estar muy seguros, muy protegidos. Físicamente seguros y también financieramente seguros”.
Sin embargo, aunque Trump destacó los beneficios de hacerse con las reservas petroleras venezolanas —al afirmar que el régimen enviará hasta 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos—, la incertidumbre política más amplia podría seguir frenando la inversión tan necesaria. A pesar de que Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, su infraestructura petrolera deteriorada podría requerir inversiones del orden de los US$100.000 millones y muchos años para ser recuperada.
Atraer inversores nuevos y de largo plazo también podría resultar difícil sin un marco de certeza política, en especial porque el país continúa bajo el control del mismo gobierno autoritario que expropió activos petroleros estadounidenses hace más de una década.
En la reunión en la Casa Blanca con Trump, los ejecutivos petroleros se mostraron escépticos. El director ejecutivo de Exxon Mobil, Darren Woods, afirmó que Venezuela hoy es “inviable para invertir”, y recordó que los activos de su compañía fueron confiscados por el gobierno de Caracas en dos oportunidades. “Así que pueden imaginar que reingresar por tercera vez requeriría cambios bastante significativos respecto de lo que históricamente vimos y de la situación actual”, señaló Woods.
Persisten además más preguntas que respuestas sobre qué planea hacer concretamente Estados Unidos para respaldar y garantizar eventuales nuevas inversiones de empresas estadounidenses.
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“Incluso con garantías de Estados Unidos, esencialmente se les está pidiendo a los inversores que confíen en las mismas personas que nacionalizaron, expropiaron y, en los hechos, los perjudicaron durante 20 años”, afirmó Evan Ellis, quien trabajó en el Departamento de Estado durante la primera administración Trump con responsabilidad sobre América Latina y el Caribe.
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