Blommberg — Durante una década y media, Tesla Inc. (TSLA) fue la única opción en el mercado bursátil para apostar por Elon Musk. No obstante, desde que SpaceX comenzó a cotizar en junio, el gigante de los vehículos eléctricos ha tenido que compartir su “ingrediente secreto” mientras pone a prueba la confianza de los inversionistas.
En los tres meses transcurridos desde la OPI de Space Exploration Technologies Corp. (SPCX), las acciones de Tesla han caído un 8,9%, frente a una subida del 2,7% del S&P 500. Las acciones de SpaceX, por su parte, cotizan un 9,8% por encima de su precio de salida a bolsa de US$135, fijado el 11 de junio.
El rendimiento mediocre de Tesla también se ha producido tras su más reciente informe de resultados y el lanzamiento de un nuevo producto, lo que ha llevado a los accionistas a buscar pruebas más creíbles de que su giro hacia los productos físicos de inteligencia artificial tendrá éxito.
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“Los inversionistas han considerado a SpaceX como la historia de crecimiento más sólida y a Tesla como la apuesta de recuperación más arriesgada”, indicó Lale Akoner, estratega de mercados globales de Etoro.
De hecho, los analistas del mercado han estado preocupados por ello desde que se conoció la primera noticia de que SpaceX se planteaba salir a bolsa en 2026. La preocupación radicaba en que la presencia de dos empresas de Musk en el mercado público diluiría la denominada “prima de Musk” de Tesla, es decir, el valor que los inversionistas atribuyen exclusivamente al liderazgo de Musk.
Aunque Tesla resistió la salida a bolsa mejor de lo que muchos temían, la empresa por sí sola ha dado a los operadores pocos motivos para invertir en ella. Su informe de resultados de julio desencadenó una ola de ventas de más del 20% a lo largo de las cinco sesiones siguientes, consecuencia de las crecientes preocupaciones sobre el gasto de capital. El lanzamiento la semana pasada de su tan esperado Cybercab autónomo también decepcionó a los inversores y provocó una investigación regulatoria a nivel federal.
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Ni siquiera la notable superación de las previsiones en las entregas de vehículos del segundo trimestre logró impulsar a la acción, que atraviesa dificultades.
A pesar de estos problemas, Tesla es la empresa más cara del S&P 500, cotizando a 177 veces los beneficios futuros. En comparación, las 7 Magníficas tienen una relación precio-beneficio media de tan solo 23.
Los indicadores técnicos también pintan un panorama sombrío. Tesla sigue en una tendencia bajista que se remonta a diciembre, y las acciones cotizan por debajo de medias móviles clave. Además, Rich Ross, jefe de análisis técnico de Evercore ISI, señaló que el cierre previo a la publicación de resultados, de US$374, registrado el 22 de julio, ha servido como nivel de resistencia a corto plazo para la acción.
“No se podría decir que Tesla sea una acción en una posición sólida”, afirmó Ross.
Aun así, la superioridad de SpaceX sobre Tesla no es un hecho consumado. Las dos empresas todavía deben demostrar que los productos prometidos, los vehículos autónomos y los robots Optimus de Tesla, o los centros de datos orbitales de SpaceX, pueden traducirse en ingresos reales.
“SpaceX tiene ahora que demostrar que una tasa de ingresos anual de US$100.000 millones es real, y Tesla deberá demostrar que es algo más que las acciones de Musk que la gente poseía antes de que SpaceX saliera a bolsa”, afirmó Dave Mazza, CEO de Roundhill Financial, que mantiene posiciones tanto en Tesla como en SpaceX.
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