Bloomberg Línea — El precio del bitcoin (XBTUSD) volvió a perforar la zona de US$65.000 y reabre el debate sobre su papel en los mercados financieros. El movimiento no ocurre en el vacío. Coincide con tensión arancelaria en Estados Unidos, dudas sobre la Reserva Federal y una reversión de flujos institucionales que habían impulsado el ciclo anterior.
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El retroceso forma parte de una corrección más amplia iniciada tras el máximo de US$126.000 alcanzado después del halving de 2024. Desde entonces, el activo acumula una caída superior a 40% y ha perdido más de US$1 billón en capitalización, en un entorno donde oro y acciones tecnológicas muestran dinámicas distintas.
“Todo el mercado de criptomonedas se encuentra en un clima de declive generalizado, caracterizado por una disminución de la capitalización total del mercado, una mayor volatilidad y una menor predisposición al riesgo”, aseguró Thomas Probst, analista de Kaiko Research. “Esta dinámica es aún más preocupante, ya que va acompañada de una contracción de la liquidez”.
A partir de este punto, la pregunta no es solo cuánto vale el bitcoin hoy, sino qué fuerzas explican su debilitamiento durante 2026 y qué señales permiten evaluar si el mercado se acerca a un suelo o si el ajuste continúa.
¿Qué detonó la nueva caída bajo US$65.000?
El episodio más reciente se produjo tras la reacción del presidente Donald Trump al fallo de la Corte Suprema sobre los aranceles. El activo llegó a tocar US$64.300 y registró una caída intradía de 4,8%, en paralelo con descensos que mostraron el S&P 500 y el Nasdaq 100.
Caroline Mauron, cofundadora de Orbit Markets, advirtió a Bloomberg que “el mercado cripto sigue siendo frágil, con participantes contando con soporte en US$60.000”, y añadió que “la incertidumbre macro ahora está pesando sobre el mercado, desde tensiones geopolíticas con Irán hasta el vaivén de los aranceles en Estados Unidos, y puede llevar a otra prueba de ese nivel”.
El vínculo con la política comercial no es menor. Ashrith Rao, analista de BRN, sostuvo que “para los activos digitales, la reacción inmediata a la respuesta de Trump al fallo de la Corte Suprema probablemente sea una tendencia en la próxima semana, con más riesgos a la baja que al alza”, en un contexto donde la discusión sobre inflación y déficit fiscal vuelve a condicionar expectativas de tasas y rendimientos.
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¿Por qué la institucionalización no estabilizó el mercado?
El ciclo que se observó durante los últimos dos años estuvo marcado por la aprobación de ETF al contado en Estados Unidos y por una mayor presencia de fondos de cobertura y asesores financieros. Sin embargo, esa misma infraestructura hoy amplifica las salidas.
Eric Balchunas, analista de Bloomberg Intelligence, explicó que en la primera parte del año “los ETF de bitcoin finalmente enfrentaron su primera prueba real de estrés y los inversionistas se dirigieron hacia las salidas”, tras registrar cerca de US$7.200 millones en retiros desde el 10 de octubre. El propio mercado reconoce que los ETF facilitaron el acceso, pero también la liquidación.
James Seyffart y Sharoon Francis, también analistas de Bloomberg Intelligence, resumieron el problema estructural al señalar que el “bitcoin quiere ser oro, pero el mercado lo negocia como tecnología de alto beta”, lo que implica que en fases de aversión al riesgo el activo se comporta como una acción sensible a liquidez y no como refugio.
La comparación con el oro resulta elocuente. Mientras los ETF de oro gestionan cerca de US$334.000 millones, los ETF de Bitcoin rondan US$113.000 millones, con una brecha de US$225.000 millones que se amplió desde octubre debido a entradas en metal y salidas en cripto.
¿Se trata de una crisis de liquidez?
Varios indicadores apuntan a un proceso de desapalancamiento. Laurens Fraussen, analista de Kaiko Research, afirmó que “US$9.000 millones en liquidaciones y una reducción de 55% en el interés abierto señalan desapalancamiento forzado”. Esto implica que una parte relevante de los participantes que operaban con deuda tuvo que salir del mercado de manera abrupta, lo que redujo la cantidad de contratos activos y comprimió el tamaño total de las posiciones especulativas.
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Este tipo de ajuste suele ocurrir cuando el movimiento de precios supera la capacidad de los operadores para sostener sus garantías y provoca una contracción rápida del riesgo agregado. El mismo informe muestra que la dominancia de stablecoins subió a 10,3%, nivel similar al observado tras el colapso de FTX que golpeó el precio del bitcoin.
Probst, de Kaiko Research, describió el entorno como parte de “un ciclo amplio de reducción de riesgo de origen macroeconómico”, con volatilidad superior a 30% en bitcoin y contracción de profundidad de mercado que amplifica movimientos en sesiones de estrés.
A ese frente se añadió un elemento adicional en 2026: la incertidumbre sobre la dirección futura de la Reserva Federal tras la nominación de Kevin Warsh. Aunque ha defendido recortes de tasas, el mercado evalúa su postura respecto a la reducción del balance del banco central y el impacto que una contracción más acelerada podría tener sobre la oferta de liquidez.
En un entorno donde los activos digitales reaccionan con rapidez a cambios en las condiciones financieras, cualquier señal de restricción adicional actúa como catalizador de ventas.
La combinación entre tensión comercial, dudas sobre inflación y señales mixtas desde la política monetaria configuró un entorno de sensibilidad elevada, en el que la ruptura de niveles técnicos terminó acelerando el movimiento hacia la zona de US$65.000.
¿El ciclo de cuatro años sigue vigente?
El retroceso desde US$126.000 hasta la zona de US$60.000 y US$70.000 implica un retroceso cercano a 52%. Según Fraussen, “la caída actual de US$126.000 a US$60.000-US$70.000 sugiere que el mercado ha transitado de la fase eufórica posterior al halving hacia el mercado bajista que históricamente dura 12 meses antes de que comience el siguiente período de acumulación”.
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El analista añadió que el “bitcoin está haciendo exactamente lo que ha hecho en cada ciclo previo, pero parece que muchos participantes del mercado se convencieron de que esta vez sería diferente”, lo que sugiere que la magnitud del ajuste no contradice el patrón histórico sino que lo confirma.
El punto técnico clave se sitúa en US$60.000. Una ruptura sostenida podría abrir la puerta a niveles de US$40.000 o US$50.000, rango consistente con retrocesos de 60% a 68% observados en ciclos anteriores.
¿La narrativa de refugio perdió credibilidad?
La tesis de “oro digital” enfrenta cuestionamientos en la práctica. Owen Lamont sostuvo que “la historia central de bitcoin era ‘el número sube’ y ya no tenemos eso”, lo que refleja la dependencia del relato de apreciación constante.
Tom Essaye, presidente y fundador de Sevens Report, afirmó a Bloomberg que “la gente se está dando cuenta de que el bitcoin es lo que siempre ha sido, que es simplemente un activo especulativo”, y agregó que el “bitcoin no está reemplazando al oro, no es oro digital, no hace lo mismo, no le da a la gente la misma utilidad que el oro”.
El contraste con el comportamiento del metal resulta visible en flujos y precios. En un entorno de tensiones geopolíticas y debate sobre inflación, el oro captó más de US$16.000 millones en ETF en tres meses, mientras los ETF de bitcoin registraron salidas cercanas a US$3.300 millones en el mismo período.
¿Existe un argumento alcista de fondo?
A pesar de la presión, algunos actores destacan fundamentos de largo plazo. Guilherme Nazar, vicepresidente Regional de Binance para las Américas, recordó que entre febrero de 2020 y febrero de 2026 el precio pasó de US$9.600 a cerca de US$65.000, lo que implica un aumento cercano a siete veces, frente a una duplicación del S&P 500 en el mismo lapso.
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El ejecutivo subrayó que los ETF estadounidenses aún mantienen alrededor de 1,27 millones de bitcoin y que la oferta de stablecoins supera US$306.000 millones, lo que constituye una base de liquidez relevante. Además, la tenencia corporativa supera 1,1 millones de bitcoin tras la compra de más de 43.000 BTC por empresas públicas en enero de 2026.
No obstante, incluso en esta lectura constructiva el comportamiento reciente confirma que el mercado depende de condiciones de liquidez global y de la trayectoria de tasas. La nominación de Warsh y el debate sobre reducción del balance del Fed introducen un factor adicional de incertidumbre.
En este punto, el bitcoin se mueve entre dos fuerzas. Por un lado, un ajuste cíclico que encaja con patrones históricos de post halving y con un proceso de desapalancamiento aún en curso.
Por otro, una base institucional y corporativa que no desaparece pese a la caída. La evolución en torno a US$60.000 y la respuesta de la Reserva Federal determinarán si 2026 marca el punto medio del mercado bajista o el inicio de una fase más profunda de corrección.