Entre la burbuja y el colapso: Wall Street ya no sabe cómo valorar el impacto real de la IA

Hasta cierto punto, la incertidumbre actual en Wall Street refleja los mensajes contradictorios procedentes de Silicon Valley y de la comunidad empresarial en general.

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Bloomberg — Durante el último año, Wall Street ha atravesado oleadas de ventas masivas vinculadas a la inteligencia artificial, impulsadas por temores que van desde una competencia más eficiente en China hasta la posibilidad de una burbuja inminente en el sector. La caída del mercado de esta semana pudo haber sido la primera provocada, al menos en parte, por una obra de ficción autopublicada.

Citrini Research, una firma de análisis de inversiones poco conocida, publicó el domingo una extensa entrada en su blog titulada “La crisis mundial de inteligencia de 2028”. En ella, los investigadores imaginan un escenario dentro de dos años en el que agentes de IA altamente capaces sustituyen a gran parte de los empleos de oficina, desploman el gasto de los consumidores y empujan a la economía global a una espiral deflacionista.

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Uber, DoorDash, Mastercard, Visa y otras firmas nombradas en el blog pronto vieron caer sus acciones a medida que los inversores digerían el escenario distópico. Algunos economistas de la corriente dominante, mientras tanto, se apresuraron a criticar el informe de Citrini, y el presidente en funciones del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, Pierre Yared, lo tachó de “ciencia ficción”.

La reacción fue la más reciente, y posiblemente la más extrema hasta ahora, señal de que Wall Street lucha por entender la trayectoria de la IA. Durante meses, los inversores en los mercados públicos temieron que la tecnología no generara ingresos suficientes para compensar los elevados costos de desarrollo. Ahora crece la inquietud de que la IA sea tan disruptiva que altere a innumerables proveedores de software y empresas tradicionales.

En las últimas semanas, diversos sectores han sido sacudidos por una serie de lanzamientos de productos de IA mayormente incrementales, ya sea una herramienta fiscal impulsada por IA de una pequeña startup de gestión patrimonial o una solución logística de una empresa que antes se dedicaba al karaoke. La simple mención del nombre de una compañía durante un evento de Anthropic transmitido en vivo esta semana bastó para mover el precio de sus acciones.

“Esto pone de relieve lo frágil que es la confianza de los inversores en este momento. No hay muchas convicciones firmes”, afirmó Heath Terry, director global de investigación tecnológica y de comunicaciones de Citi, tras la publicación de Citrini. “Basta con que alguien plantee un escenario apocalíptico para que algunos abandonen sus posiciones en este entorno”.

Los autores de Citrini señalaron que su intención era provocar para llamar a la acción a inversores, líderes tecnológicos y responsables políticos. “Da la impresión de que en la sociedad actual existe un temor existencial en torno a lo que está ocurriendo con la IA”, dijo el coautor Alap Shah, exempleado de Citadel. “Este ensayo fue una oportunidad para presentar un escenario que motivara un poco a la gente”, agregó Shah, quien ahora dirige la firma de IA Littlebird y es ejecutivo de Lotus Technology Management.

Pese al escenario apocalíptico descrito en el artículo, Shah sostuvo que “el negocio del software no se erosionará de la noche a la mañana”. También expresó su convicción de que “Wall Street tiende a acertar” en el largo plazo.

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Hasta cierto punto, la incertidumbre actual en Wall Street refleja los mensajes contradictorios procedentes de Silicon Valley y de la comunidad empresarial en general. Durante años, los líderes tecnológicos han señalado que la IA está progresando rápidamente y la han enmarcado como una tecnología transformadora que remodelará grandes partes de la economía mundial.

El CEO de Anthropic, Dario Amodei, afirmó que la IA podría eliminar la mitad de los empleos de oficina en los próximos cinco años. Por su parte, el director de IA de Microsoft, Mustafa Suleyman, dijo recientemente que la IA podría sustituir la mayor parte del trabajo de oficina en los próximos 12 a 18 meses. Otros, como Sam Altman, de OpenAI, se muestran más optimistas y sostienen que surgirán nuevos y atractivos empleos gracias a la tecnología.

Sin embargo, en el corto plazo el impacto de la IA es más ambiguo. Varios estudios publicados el año pasado indicaron que algunos empleados utilizaban la IA para producir “trabajo de baja calidad”, reduciendo la productividad en lugar de incrementarla. Los principales laboratorios de IA continúan trabajando para ayudar a las empresas a entender cómo integrar mejor estas herramientas. El director de operaciones de OpenAI, Brad Lightcap, afirmó este mes que el mundo “aún no ha visto realmente cómo la IA empresarial se ha integrado en los procesos corporativos”.

Anthropic y OpenAI han encontrado un impulso significativo en la venta de agentes de IA a desarrolladores de software para acelerar la escritura y depuración de código. Gran parte de la volatilidad del mercado a principios de este año se basa en la suposición, aún no comprobada, de que estos agentes están igualmente preparados para optimizar el trabajo en otros sectores, desde el jurídico hasta el financiero.

“Uno de los mayores errores es extrapolar el éxito en la codificación a todo lo demás”, señaló Terry. Los programadores suelen adoptar primero la tecnología, mientras que trabajadores de otros sectores pueden mostrarse más reticentes. Además, aunque es relativamente sencillo verificar si el código generado por IA funciona o presenta fallos, resulta mucho más complejo evaluar la calidad de los resultados en ámbitos como la consultoría o el sector legal.

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Los principales laboratorios de IA han intentado mantener un tono equilibrado. Lightcap afirmó en septiembre que “todo el mundo se está volviendo un poco loco” ante las fluctuaciones bursátiles provocadas por simples menciones de asociaciones. Más recientemente, Kate Jensen, directora de Anthropic para América, indicó que los movimientos del mercado son “en gran parte una reacción a la rapidez con la que avanza el sector y mejora la tecnología”. No obstante, subrayó que las empresas tradicionales de software también pueden beneficiarse de estas innovaciones.

Entre los inversionistas de Wall Street, sin embargo, parece imponerse una consigna de cautela. “La gente ve hacia dónde se dirige esto y quiere apartarse antes de que les choque de frente”, concluyó Terry.

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