Los mayores gestores de fondos del mundo refuerzan sus apuestas por el oro

Grandes gestoras como Amundi, Pictet, Robeco y Fidelity vuelven a comprar oro tras la caída de los precios, confiando en su papel como cobertura ante la incertidumbre macroeconómica.

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Bloomberg — Algunas de las mayores gestoras de activos del mundo han reconstituido sus carteras de oro tras la caída de los precios, apostando a que los factores que impulsan a largo plazo este metal precioso se mantendrán, incluso aunque la Reserva Federal de Estados Unidos adopte una postura más firme frente a la inflación.

Amundi SA, la mayor gestora de activos de Europa, ha adquirido lingotes con la expectativa de que el precio vuelva a situarse en los US$5.000 la onza a finales de año. Los gestores de fondos de Pictet Asset Management Ltd., Robeco Institutional Asset Management BV y Fidelity International Ltd. también han aumentado las posiciones que habían reducido a principios de este año, durante el retroceso del oro desde su máximo histórico.

“El oro es un activo que consideramos barato, una buena cobertura y razonablemente líquido”, afirmó Lorenzo Portelli, director de estrategia multiactivos del Amundi Investment Institute. No obstante, señaló que sería necesaria una mayor claridad sobre la trayectoria de las tasas de interés de la Reserva Federal antes de que la empresa se planteara ampliar las compras realizadas el mes pasado.

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Este fue un tema recurrente en las entrevistas realizadas a más de una docena de gestores de activos, cuyas empresas gestionan en conjunto US$27 billones. Sin excepción, todos ellos —incluidas BNP Paribas Asset Management y Manulife John Hancock Investments— habían vuelto a incorporar oro a sus carteras en las últimas semanas o mantenían asignaciones alcistas.

No obstante, cualquier ruptura al alza por encima del techo reciente del oro, cercano a los US$4.600, no será fácil, según señalaron muchos de los gestores de fondos. El aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro y el incremento de las apuestas a favor de al menos una subida de tasas por parte de la Fed antes de que finalice el año están socavando el apoyo al oro, un activo que suele perder atractivo cuando suben los costes de financiación, ya que no genera intereses.

La determinación de los inversores se vio puesta a prueba por el discurso pronunciado el 28 de agosto por el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, en el simposio del banco central celebrado en Jackson Hole, donde advirtió de que la inflación estadounidense no se está moderando de forma significativa hacia el objetivo del 2% —unos comentarios que desencadenaron un aumento de las apuestas por un endurecimiento monetario—.

Hasta ahora, estos posibles obstáculos no han mermado la renovada convicción de los inversores a largo plazo. El atractivo perdurable del oro, según afirmaron algunos gestores de fondos, radica en su valor como cobertura dentro de una cartera de inversión más amplia.

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“Se ha convertido en un activo mucho más aceptable”, afirmó Arnout van Rijn, gestor de carteras de soluciones multiactivos y de renta variable en Robeco, una empresa neerlandesa que gestiona unos US$464.000 millones en activos. “Se ha convertido en parte integrante de cualquier cartera habitual o normal”.

Tras un vertiginoso repunte impulsado por el capital especulativo que llevó al oro a un máximo histórico cercano a los US$5.600 la onza en enero, el metal ha pasado gran parte de este año en retroceso. Los elevados precios de la energía y las perturbaciones inflacionistas derivadas de la guerra de Irán lo hicieron retroceder hasta los US$4.000 en junio. Fue entonces cuando los fondos comenzaron a mostrar interés.

“La caída hasta los US$4.000, si aún no se poseía, supuso un momento muy propicio para comprar”, afirmó Michael Cuggino, presidente de Permanent Portfolio Family of Funds. “El panorama macroeconómico a largo plazo sigue vigente y eso es alcista para el oro”, señaló, añadiendo que cabría esperar “máximos y mínimos cada vez más altos” con el paso del tiempo.

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El viernes por la tarde, el oro cotizaba cerca de los US$4.400 la onza en Londres.

Para van Rijn, de Robeco, el catalizador para volver a comprar oro fue la aceleración de las compras de los bancos centrales durante el segundo trimestre. La demanda del sector público se recuperó con fuerza en ese periodo, con unas compras netas de 289 toneladas, la cifra más alta registrada jamás en un segundo trimestre, según el Consejo Mundial del Oro.

A Sophie Huynh, gestora de carteras y estratega de asignación dinámica de activos en BNP Paribas, le llamó la atención la disminución de la correlación entre el oro y los activos de riesgo, como las acciones —una tendencia que sugiere que el valor tradicional del oro como cobertura ha vuelto tras un periodo de operaciones especulativas—.

“Se ha disipado la efervescencia del oro”, afirmó la Sra. Huynh. En su lugar, el metal se ve impulsado por “factores fundamentales, como las compras de los bancos centrales y los gestores de carteras multiactivos que buscan cobertura para sus carteras”.

Ese renovado interés por el oro se refleja en la posición larga neta de los fondos que supervisa la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC), que subió en la semana que finalizó el 25 de agosto hasta alcanzar su nivel más alto en lo que va de año.

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En una de las advertencias más contundentes de las últimas semanas, Ray Dalio, el multimillonario fundador de Bridgewater Associates, afirmó que los inversores deberían reducir sus carteras de bonos y destinar hasta un 15% de su capital al oro para protegerse frente al riesgo de una crisis de deuda en EE.UU.

Sus comentarios se produjeron cuando los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. a largo plazo alcanzaron máximos de varios años, una tendencia que llevó al secretario del Tesoro, Scott Bessent, a anunciar más recompras de deuda a largo plazo. Esta medida inesperada provocó un repunte del oro y reavivó el interés por la denominada “operación de devaluación” —al igual que las compras de los bancos centrales, otro pilar del repunte del oro en 2025—.

“Se está observando cómo el dinero sale del dólar y se dirige hacia activos tangibles —como el oro o el bitcoin, por citar algunos— debido a la pérdida de confianza en nuestra credibilidad fiscal”, afirmó Anthony Saglimbene, estratega jefe de mercados de Ameriprise Financial Inc. (AMP), refiriéndose a EE.UU.

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La reciente recuperación del oro, añadió Kevin Khang, director de investigación económica global de Vanguard Group Inc., “concuerda plenamente con el hecho de que la gente vuelva a mostrarse preocupada por el dólar estadounidense como reserva de valor”.

Algunos de los gestores de activos entrevistados por Bloomberg News señalaron que la alarma en torno a la moneda de reserva dominante a nivel mundial era exagerada, pero la mayoría coincidió en que un cambio constante hacia carteras más diversificadas proporcionaría una base duradera para la revalorización del oro.

Aunque no existe “ningún sustituto evidente” para el dólar, según Christopher Hamilton, director de soluciones de inversión para clientes de Asia-Pacífico en Invesco Ltd., eso no impide que los inversores “aumenten la diversificación de forma marginal”, lo que podría resultar una tendencia más sostenible que cualquier cambio drástico.

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Al fin y al cabo, el oro representa una parte relativamente pequeña de las carteras de los inversores occidentales, sobre todo tras años de impresionantes ganancias en la renta variable estadounidense. Esto significa que incluso una diversificación modesta tiene el potencial de provocar fuertes oscilaciones en los precios del oro.

E, independientemente de cómo intente la Reserva Federal hacer frente a la inflación —y del efecto de estos esfuerzos sobre el precio del oro—, los inversores siguen inclinándose por mantener oro como protección frente a la incertidumbre macroeconómica y geopolítica, afirmó Tracy Chen, gestora de carteras de Brandywine Global Investment Management LLC.

El oro “debería seguir manteniendo su valor como cobertura frente a lo que la Reserva Federal no puede controlar”, afirmó.

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