Solo el 1,5% del venture capital en EE.UU. va a fundadores latinos: el vacío que Dux busca cubrir

El capital sigue subasignado al talento hispano en el mayor mercado de venture capital del mundo. Dux Capital construye su tesis sobre esa ineficiencia con la llegada de un exPepsi.

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Bloomberg Línea — En el mayor mercado de capital de riesgo del mundo, menos del 1,5% del venture capital se dirige a fundadores hispanos. La cifra contrasta con el peso demográfico y económico de la comunidad latina en Estados Unidos y con la proliferación de marcas que han pasado de nicho cultural a consumo mainstream.

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En ese desajuste entre talento y financiación es donde Dux Capital está construyendo su tesis, ahora reforzada con la llegada de un ejecutivo que pasó más de dos décadas dentro de PepsiCo.

Neil Pryor se incorpora como Venture Partner para liderar la plataforma de crecimiento del fondo, en un momento en el que Dux despliega su Fondo II, vehículo estadounidense con objetivo de hasta US$50 millones y una estrategia concentrada en consumo y tecnología.

“Buscaba acceso directo a los a los mercados privados y sobre todo a los emprendedores”, aseguró Pryor en conversación con Bloomberg Línea. “Esa agilidad que tiene el venture capital y, sobre todo los fondos pequeños, esa flexibilidad, acceso directo, esa capacidad de moverse a rápidamente, es algo que es muy difícil lograr“.

Para el ejecutivo, lo importante es tener acceso directo a los aprendizajes que se ganan a través de las empresas que se apoyan, “porque vas a entender las tendencias actuales en primera persona”.

De PepsiCo al venture capital

Pryor llega tras 23 años en una multinacional con operaciones en más de 200 países y cientos de miles de empleados. En ese entorno, lanzar productos nuevos implicaba procesos internos complejos y fricciones corporativas. Lo que buscaba ahora era otra dinámica.

El empresario sostiene que la “rapidez, flexibilidad, todo eso es muy difícil lograr en una empresa de 300.000 personas”.

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La comparación no es retórica. En grandes corporaciones, marcas que no superan ciertos umbrales de facturación pierden prioridad interna. Pryor advierte que “si la marca no genera arriba de US$100 millones, se muere dentro de una empresa”, lo que limita la incubación orgánica de categorías emergentes.

El venture capital, en cambio, permite construir portafolios fuera del perímetro corporativo para luego ofrecerlos como adquisiciones estratégicas.

Esa lógica conecta con la tesis de Dux sobre el consumo hispano en EE.UU. Productos que nacen en comunidades latinas, se validan en mercados regionales y luego escalan hacia el mainstream.

José Luis Silva, socio del fondo, lo plantea en términos de transición cultural al afirmar que “lo que antes era percibido como un segmento de nicho hoy se está integrando al mercado general”. Para los empresarios, el movimiento no es anecdótico, sino demográfico y generacional.

Del nicho al ‘mainstream’

En consumo, Dux concentra cerca del 60% de su estrategia del Fondo II, aunque no se limita a alimentos y bebidas. El foco está en la convergencia entre cultura, tecnología y bienestar.

Pryor describe el fenómeno como una evolución del mercado que permite que experiencias culturales específicas se conviertan en propuestas aspiracionales más amplias. “El consumidor está buscando experiencias nuevas, experiencias interesantes”, sostiene, y añade que existe una convergencia con la dinámica del bienestar.

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El resultado es que categorías antes asociadas exclusivamente a la comunidad latina hoy compiten en estanterías generales. La clave, subraya Pryor, es no diluir la identidad.

“Es importante mantener ese toque hispano, no perder la ciencia cultural”, advierte, porque la autenticidad se convierte en ventaja competitiva cuando el producto pasa a ser premium.

Para Dux, esta transición ocurre mientras el capital sigue subasignado. Silva lo formula de manera directa al recordar que “menos del 1,5% del capital se va hacia los hispanos, el venture capital”. La brecha no es solo estadística. Es, desde su perspectiva, una ineficiencia de mercado.

“Las próximas empresas relevantes en Estados Unidos reflejarán tanto innovación tecnológica como cambios culturales y demográficos”, afirmó Pryor.

Subestimación estructural y oportunidad asimétrica

Silva refuerza la idea de desbalance al afirmar que “por supuesto que están subestimados y esa es donde vemos una oportunidad fantástica de poder nosotros generar alfa”.

La referencia a generación alfa no es casual. En un entorno donde las valoraciones se ajustan por tensiones macroeconómicas y geopolíticas, invertir en segmentos estructuralmente subfinanciados puede traducirse en entradas con descuento.

El fondo ha levantado aproximadamente US$25 millones en su primera etapa y busca escalar hasta US$50 millones en el Fondo II, con respaldo institucional y regulación plena ante la SEC.

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La estructura institucional es parte del mensaje hacia inversionistas que buscan exposición a esta demografía con estándares de cumplimiento robustos.

IA como catalizador, no como moda

Aunque la inteligencia artificial domina el discurso tecnológico, Dux evita presentarse como un fondo de “pure AI”. Silva reconoce que “de los 30 pitches que recibimos a la semana, yo te diría que 25 tienen la palabra AI”, pero aclara que el interés está en su aplicación transversal. “Lo vemos más como el catalizador para hacer mejor”, explica.

La firma utiliza la inteligencia artificial internamente para comprimir procesos de due diligence que antes podían tardar meses.

También impulsa a los fundadores a integrar agentes y automatización desde el inicio. “Utilizarlo a tu favor, no lo veas como competencia”, recomienda Silva, enfatizando que la herramienta debe acelerar ejecución y análisis de datos.

Pryor coincide en que la ventaja está en rediseñar procesos, no en perseguir etiquetas.

El acceso temprano a capacidades tecnológicas permite reducir ciclos de desarrollo y escalar con mayor eficiencia, particularmente en sectores donde márgenes y velocidad de mercado son críticos.

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Errores frecuentes al expandirse a EE.UU.

El tránsito hacia Estados Unidos no está exento de fricciones. Silva identifica uno de los fallos más comunes al advertir que muchos fundadores creen que “la venta y los canales de distribución es igual que la de América”, subestimando complejidades logísticas y regulatorias.

Los costos operativos, añade, pueden desbordar planes financieros mal estructurados.

Pryor complementa esa visión al insistir en la necesidad de eficiencia, dado que “la mano de obra aquí en los Estados Unidos es carísima”. Intentar replicar modelos latinoamericanos sin ajustes de escala puede erosionar capital rápidamente.

Hay, además, un componente psicológico. Silva observa que algunos emprendedores dudan de su capacidad global, imponiéndose límites antes de intentar competir.

En un mercado donde la percepción de calidad y posicionamiento es decisiva, esa autolimitación puede frenar oportunidades que ya han demostrado tracción.

2026: ciclo adverso como ventana de entrada

En cuanto al entorno macro, Dux asume una postura contracíclica. Silva sostiene que el “venture capital va al revés del ciclo económico” y considera que años de tensión geopolítica pueden ofrecer mejores puntos de entrada.

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La lógica es clara: adquirir participaciones en contextos de descuento para capturar múltiplos superiores cuando el ciclo se revierta.

Para Pryor, la combinación de disciplina operativa, identidad cultural y tecnología crea un terreno fértil para nuevas marcas que aspiren a ser adquiridas por grandes corporaciones que buscan crecimiento inorgánico.

La historia reciente del consumo en EE.UU. muestra que categorías emergentes pueden escalar en plazos mucho más cortos que en décadas anteriores.

En ese contexto, la incorporación de un ejecutivo con trayectoria en una multinacional de escala global refuerza una estrategia que combina disciplina operativa, lectura demográfica y ejecución tecnológica.

Dux Capital no plantea una narrativa identitaria, sino una hipótesis de mercado: existe una brecha persistente entre el peso económico de los fundadores hispanos y el capital que reciben. Su apuesta consiste en estructurar portafolios en consumo y tecnología que capturen esa ineficiencia.