Bloomberg Línea — La escena tomó por sorpresa a los asistentes en Omaha. En medio de la sesión de preguntas y respuestas de Berkshire Hathaway (BRK/B), apareció en pantalla un supuesto Warren Buffett formulando una inquietud directa sobre mantener, o no, las acciones de la compañía en el largo plazo.
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La intervención se produjo en el primer encuentro anual bajo el liderazgo de Greg Abel, tras un trimestre en el que el conglomerado reportó utilidades por US$10.106 millones, un alza cercana a 120%, y una posición de liquidez próxima a US$397.000 millones. El contexto combinaba resultados operativos sólidos, una elevada acumulación de efectivo y una racha prolongada de ventas netas de acciones.
El mensaje del falso Buffett partía de esa realidad. “He pasado por un cambio significativo y tengo una parte no insignificante de mi patrimonio en acciones de Berkshire”, planteó mientras se escuchaban risas en un auditorio en el que se encontraba el “Buffett real”.
La imagen del mítico inversor señaló lo que ha repetido durante años: que no vendería “ni una sola acción” del conglomerado. Aún así, pidió una razón para que los accionistas mantuvieran sus posiciones en el largo plazo.
Las razones de Abel para invertir
Abel, quien se enfrentó a su primera reunión anual como CEO de la empresa, respondió anclando su argumento en la estructura del conglomerado. “Si pienso en lo que ya hemos discutido esta mañana, que es nuestra cultura y valores, eso es la base de Berkshire”, dijo.
El directivo vinculó esa base con un conjunto de activos que abarcan seguros, negocios operativos, inversiones en acciones y una elevada posición en caja y bonos del Tesoro.
Esa composición no es menor en el contexto actual. La compañía cerró el trimestre con cerca de US$339.000 millones en letras del Tesoro y más de US$58.000 millones en efectivo, lo que refuerza una capacidad de despliegue que ha sido central en su estrategia. Abel lo sintetizó al afirmar que “no tenemos la intención de depender de nadie”, en referencia al rol de esa liquidez como margen de maniobra.
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El ejecutivo detalló que ese capital cumple una doble función. Por un lado, permite sostener la independencia financiera. Por otro, habilita la asignación flexible entre negocios, inversiones o adquisiciones completas, siempre bajo un criterio de valor.
“Crea la oportunidad de desplegarlo a través de estos diferentes grupos”, explicó, al describir cómo el capital puede moverse entre seguros, operaciones e inversiones en acciones.
Esa movilidad es, según Abel, una de las características centrales del modelo. “Somos un conglomerado único en el sentido de que podemos mover nuestro capital de manera muy eficiente”, sostuvo, al señalar que esa eficiencia también tiene implicaciones fiscales.
En paralelo, insistió en evitar estructuras internas que afecten la ejecución. “Vivimos bajo el principio de que odiamos la burocracia”, dijo, al advertir sobre los riesgos de la complacencia y la rigidez organizacional.
El marco de esa respuesta conecta con la evolución reciente del portafolio. Berkshire fue vendedor neto de acciones por US$24.000 millones en el trimestre frente a compras por US$15.900 millones, lo que extiende a 14 trimestres consecutivos la reducción de exposición accionaria.
Aun así, cerca del 61% del portafolio se mantiene concentrado en cinco participaciones: American Express (AXP), Apple (AAPL), Bank of America (BAC), Coca-Cola (CO) y Chevron (CVX).
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En ese marco, Abel definió el criterio de evaluación de la nueva etapa. “Definiremos el éxito en si podemos asegurar que Berkshire perdure en su forma actual”, afirmó, al vincular ese objetivo con la creación de valor de largo plazo para los accionistas.
La intervención cerró con un guiño del falso Buffett, quien señaló que debía atender una llamada porque “alguien podría querer venderme su negocio. Espero que sea un elefante”.
El ruido de los deepfakes y la alerta de Buffett
La escena no sólo introdujo una pregunta sobre la estrategia de inversión, sino que también reflejó un fenómeno más amplio. El uso de una versión simulada de Buffett ocurre en un momento en el que el propio inversionista ha advertido sobre los riesgos de este tipo de herramientas.
En una entrevista con CNBC, horas después de su “falsa” intervención, el inversor planteó que el problema no se limita a imitaciones superficiales. “Me preocuparía si alguien realmente bueno imitara a cualquier presidente que aparezca”, dijo, al señalar el alcance potencial de estas tecnologías en contextos de alta sensibilidad.
Su advertencia se extiende al impacto que podría tener la desinformación en decisiones económicas o políticas. “Es aterrador”, afirmó. “Es aterrador especialmente cuando tienes nueve países, más o menos, con armas nucleares y gente trabajando en algo aún más complejo”.
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Ese contraste entre una intervención simulada en la reunión anual y la preocupación expresada por Buffett introduce una variable adicional en la lectura del evento.
La pregunta sobre mantener acciones de Berkshire se formuló en un momento en el que la compañía acumula liquidez, reduce exposición accionaria y redefine su liderazgo, mientras el entorno tecnológico abre nuevos frentes de incertidumbre.