Vender en mayo ya no funciona: datos del S&P 500 debilitan la estrategia de inversión

La evidencia histórica reciente debilita el patrón, con resultados inconsistentes tanto en EE.UU. como en Europa.

Por

Bloomberg Línea — Vender en mayo ha dejado de ser una señal clara en los mercados. Los datos más recientes muestran que el patrón estacional pierde consistencia tanto en Estados Unidos como en Europa, en un contexto en el que la evolución de las bolsas responde más a factores macroeconómicos que al calendario.

Ver más: Los 10 consejos de inversión que definen a Berkshire tras la salida de Warren Buffett

La conocida estrategia de “Sell in May and go away” vuelve a enfrentarse a los datos, mientras Wall Street cuestiona la validez de uno de los patrones estacionales más repetidos en los mercados financieros.

La frase se remonta al Londres del Siglo XVIII, cuando la élite financiera abandonaba la actividad bursátil durante el verano. Esa lógica histórica contrasta con un mercado actual dominado por flujos globales, negociación continua y estrategias algorítmicas, lo que reduce el impacto de la estacionalidad.

Athanasios Psarofagis, analista de Bloomberg Intelligence, considera que “los mercados impulsados por algoritmos del Siglo XXI que nunca duermen han deshecho ese adagio”, mientras que los datos del S&P 500 reflejan un comportamiento que se aleja de ese patrón.

Un patrón estacional que pierde consistencia

El seguimiento de tres décadas del ETF SPDR S&P 500 ETF Trust (SPY) muestra que el periodo entre mayo y octubre ha sido positivo en 25 de los últimos 33 años. En la última década, solo 2022 registró un rendimiento negativo en ese tramo.

Ese comportamiento debilita la base empírica del aforismo. La rentabilidad reciente refuerza esa tendencia, con avances significativos incluso en meses tradicionalmente considerados débiles.

El informe también descarta una relación clara entre el desempeño del primer tramo del año y la evolución posterior, lo que limita la utilidad predictiva del patrón.

Ver más: Adidas vs. Nike: el impulso del running y el Mundial redefine la batalla en las bolsas

El contraste con la renta fija tampoco confirma la lógica tradicional. Psarofagis recoge que “los bonos superaron a las acciones en siete de 22 años de datos disponibles”, lo que reduce el argumento de rotación hacia activos defensivos durante el verano.

Yuri Seliger y Sohyun Marie Lee, estrategas de crédito de Bank of America, introducen un factor adicional en 2026. Las rentabilidades elevadas y el riesgo de que el petróleo impulse aún más los tipos mantienen la demanda de crédito, en un contexto en el que la Reserva Federal se mantiene en pausa ante el impacto del shock energético.

Ese equilibrio entre yields altos y volatilidad contenida sostiene los diferenciales de crédito, mientras que la resiliencia económica y los beneficios empresariales refuerzan la demanda incluso en los meses de menor actividad.

Menor actividad, no menor apetito por riesgo

Aunque la evidencia no respalda ventas sistemáticas, sí se observa una desaceleración en la actividad. Los flujos hacia ETF de renta variable tienden a moderarse durante los meses de verano.

Los datos sitúan a mayo como uno de los meses más débiles en entradas netas, con unos US$12.000 millones de media, mientras que agosto registra cifras aún más bajas. Este patrón refleja menor participación, no necesariamente un cambio estructural en el apetito por riesgo.

Los reembolsos, aunque poco frecuentes, aumentan ligeramente en este periodo. Desde 2000, sólo se han registrado 51 meses de salidas netas, con mayo y agosto entre los más recurrentes, aunque sin implicar episodios generalizados de ventas.

Suscríbete al newsletter Línea de Mercado, una selección de Bloomberg Línea con las noticias bursátiles más destacadas del día.

La menor actividad también se traslada al lanzamiento de nuevos productos. El análisis de Psarofagis de más de 5.000 ETF muestra una caída en emisiones durante estos meses, frente a un repunte claro en el último trimestre del año.

Rentabilidad aparente y debilidad estructural

El análisis de Deutsche Bank, por su parte, introduce un matiz clave al evaluar la estrategia en distintos mercados. Las simulaciones muestran que vender en mayo y recomprar en septiembre habría generado una rentabilidad anualizada del 9% en el STOXX Europe 600 desde 1987, frente al 7,4% de una estrategia de mantener posiciones.

Ese diferencial pierde consistencia al ampliar el análisis. Maximilian Uleer, analista de Deutsche Bank, concluye que la “postura sobre ‘Sell in May’ se mantiene sin cambios: la estrategia, en nuestra opinión, no ofrece ventaja estadística frente a ‘comprar y mantener’ y su éxito es tan aleatorio como apostar a cara en el lanzamiento de una moneda”.

Además, el patrón depende en gran medida de episodios concretos. Las caídas de mercado en 1998, 2001 y 2002 explican buena parte de la rentabilidad relativa. Sin esos años, el rendimiento adicional desaparece.

En términos de frecuencia, la estrategia ha quedado por detrás del mercado en 25 de 39 ejercicios analizados en Europa. En Estados Unidos, el resultado es aún menos consistente, con solo 22 años de superación sobre 53.

El comportamiento reciente refuerza esa pérdida de eficacia. En la última década, la estrategia ha fallado en ocho de diez años, lo que limita su utilidad como herramienta recurrente.

Ver más: Ni Brasil, ni México, ni Colombia: Paraguay tuvo la moneda más fuerte frente al dólar en abril

Estacionalidad frente a factores estructurales

Otros análisis coinciden en que mayo presenta una rentabilidad históricamente más débil. Adam Turnquist, estratega técnico jefe de LPL Financial, indicó en una nota que “desde 1950, el S&P 500 ha ofrecido una rentabilidad media de tan solo el 0,4% y ha cerrado al alza el 62% de las veces, lo que lo sitúa como el quinto mes más débil del año”.

Pero esa estacionalidad convive con otros factores más determinantes. La evolución de tipos de interés, la inflación o las tensiones geopolíticas condicionan la dirección del mercado con mayor intensidad que cualquier patrón histórico.

Turnquist añade que “si hay que elegir seis meses para invertir en el mercado, lo más sensato sería el semestre de noviembre a abril”, mientras que los meses de verano exigen mayor tolerancia al riesgo, con una volatilidad que tiende a repuntar entre julio y octubre.

La divergencia entre menor actividad y continuidad en las subidas sugiere un cambio en la dinámica del mercado. La menor liquidez estacional no se traduce necesariamente en caídas, sino en fases de menor volumen con comportamiento más estable.

La evolución de los próximos meses dependerá de variables como la trayectoria de la inflación, las decisiones de bancos centrales y la estabilidad geopolítica, factores que continúan desplazando el peso de las reglas estacionales en la toma de decisiones de inversión.