Trump critica a Europa en materia de comercio e inmigración durante su visita a Irlanda

Los dirigentes irlandeses dieron la bienvenida el sábado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el marco de una visita de dos días, con el objetivo de restar importancia a las tensiones que amenazaban con trastocar las relaciones entre estos estrechos aliados.

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Bloomberg — (Bloomberg) — Los líderes irlandeses dieron la bienvenida este sábado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una visita de dos días, con el objetivo de restar importancia a las tensiones que amenazaban con trastocar las relaciones entre estos estrechos aliados.

Trump, sin embargo, tenía otros planes: aprovechó una breve parada en Dublín, antes de dirigirse al complejo de golf de su familia, para lanzar pullas a Irlanda -y, en términos más generales, a Europa- en materia de comercio, normativa, energía e inmigración.

“Saben, me encanta Europa. Mi madre era de Escocia y mi padre, de Alemania. Me encanta Europa. Siento una inclinación natural hacia ella y, en cierto modo, detesto ver lo que está ocurriendo en Europa”, declaró Trump en un acto con líderes empresariales de EE. UU. e Irlanda.

“Me disgusta ver lo que está ocurriendo en materia de comercio. Me disgusta ver lo que está ocurriendo en materia de energía, y me disgusta ver lo que está ocurriendo en materia de inmigración”, añadió, repitiendo muchas de sus principales quejas.

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Aunque no se trataba de una visita de Estado formal, Trump fue recibido con bombos y platillos, una muestra de cómo los dirigentes de Dublín estaban deseosos de evitar cualquier atisbo de confrontación, incluso cuando las encuestas indican que gran parte de la opinión pública irlandesa no aprueba al presidente de EE.UU. ni su viaje.

No obstante, las tensiones provocadas por las políticas de la Administración Trump y la difícil cuerda floja por la que debe caminar el Gobierno irlandés con un aliado cercano desde hace mucho tiempo quedaron patentes a lo largo de toda la visita del presidente de EE.UU.

El sábado, miles de manifestantes se reunieron en O’Connell Street, una de las principales arterias de Dublín, para protestar contra la visita del presidente, provistos de banderas palestinas y pancartas en las que se leía “Trump fuera”. Cuando se le preguntó al respecto, Trump afirmó que “no sabía que hubiera una protesta”.

Tanto Trump como el primer ministro irlandés, Micheál Martin, se esforzaron por destacar los vínculos económicos entre sus países, y el taoiseach calificó la relación de “muy sólida”. Martin señaló que la reunión de líderes empresariales de Estados Unidos e Irlanda celebrada el sábado ponía de relieve las importantes inversiones que las empresas irlandesas están realizando en Estados Unidos.

Por su parte, Trump señaló que ambos habían hablado de comercio y otros asuntos, y que las relaciones “seguirían siendo más sólidas que nunca”.

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Sin embargo, al intervenir más tarde ese mismo sábado, Trump bromeó con Irlanda sobre su exitosa estrategia económica, basada en atraer a los gigantes empresariales estadounidenses.

“Se han llevado todas nuestras empresas del sector médico. Tenemos que recuperar al menos un par de ellas. Les ha ido muy bien. Nos han desplumado, pero no pasa nada”, afirmó entre risas. “Pero hay mucho margen para todos, y nuestra relación con ustedes es fantástica”.

Irlanda recauda miles de millones de euros en ingresos fiscales cada año gracias a esas empresas, un tema espinoso para Trump, quien ha presionado a las empresas estadounidenses para que trasladen puestos de trabajo y la producción de vuelta a Estados Unidos.

Trump también criticó el enfoque de Europa en materia de normativa. “No he venido a insultar a nadie, y se lo digo a cualquiera que quiera escucharme. Tienen normativas que son sencillamente inaceptables”, añadió.

El presidente de EE.UU. solo estuvo en Dublín unas horas, en un viaje que combina compromisos oficiales con una visita personal al Trump International Golf Links de Doonbeg, en el condado de Clare, donde Trump, un apasionado del golf, asistirá al Amgen Irish Open el sábado por la tarde y el domingo.

El momento elegido para la visita ha suscitado críticas, al producirse pocos días después de una convención política destinada a reforzar a los republicanos ante un panorama desalentador de cara a las elecciones de mitad de legislatura. Pero, aunque Trump buscaba una breve distracción de los retos políticos en su país -el descontento de los votantes con su agenda económica y la guerra en Irán, que han perjudicado las perspectivas electorales de los republicanos-, esos temas le siguieron hasta Irlanda.

Trump eludió una pregunta sobre los consumidores irlandeses, que se enfrentan a elevados costes del gasoil de calefacción, impulsados en parte por la guerra, y afirmó que los países deberían “abrir el Mar del Norte” a una mayor producción de crudo que provocaría una caída de los precios.

Para los líderes irlandeses, la llegada del presidente supuso una cuestión de delicada diplomacia, con mucho en juego para Dublín y para Europa en general.

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Trump recorrió una alfombra roja para reunirse con la presidenta Catherine Connolly en Áras an Uachtaráin, su residencia oficial, el sábado por la mañana, y pasó revista a la guardia de honor de las Fuerzas de Defensa irlandesas mientras tocaba una banda de música.

La reunión con Connolly se consideraba un posible punto de fricción. Aunque su función es en gran medida ceremonial, la presidenta irlandesa es una figura destacada para muchos en la izquierda política de Irlanda y una activista pro-palestina muy activa. Se sumó a las protestas durante la visita de Trump al país en 2019.

Su reunión, de unos 20 minutos de duración, se desarrolló a puerta cerrada. Al ser preguntado sobre ese intercambio privado, Trump remitió a su jefa de protocolo, Monica Crowley, quien afirmó que los presidentes habían mantenido una “conversación constructiva” sobre diversos temas, entre ellos la energía en Europa.

Entre los obsequios entregados a Trump figuraban una cruz de Santa Brígida tejida -un símbolo vinculado a una de las santas patronas del país y que tradicionalmente se cuelga en el exterior de las viviendas para atraer protección-, así como dos libros.

Uno de ellos, una recopilación de poemas de Michael Longley, nacido en Belfast, incluye su soneto “Ceasefire”, que ofrece una poderosa historia sobre el perdón, narrada a través del prisma de la Guerra de Troya, cuando el rey Príamo le pide a Aquiles que le devuelva el cadáver de su hijo.

El otro libro es una traducción de un texto latino del siglo IX que describe el viaje de siete años de San Brendan y sus monjes en el siglo VI a través del océano Atlántico.

Irlanda ostenta la presidencia rotatoria de la Unión Europea, lo que la sitúa en primera línea de cualquier tensión entre la UE y EE. UU. Aunque los líderes irlandeses han logrado en gran medida evitar la ira de Trump, su breve visita trajo consigo otros retos.

Entre ellos: la decisión de Trump de meterse en un debate sobre la reunificación de la República de Irlanda e Irlanda del Norte. Al ser preguntado por un periodista sobre el tema, Trump afirmó que le encantaría que eso ocurriera y lo presentó como algo inevitable.

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Anteriormente: Trump afirmó que le encantaría ver una Irlanda “unida” durante su visita

Al concluir su discurso ante los líderes empresariales, Trump expresó su afecto por Irlanda, citando sus vínculos familiares con la región y la perspicacia empresarial del país.

“Déjenme decirles que son ustedes unos de los cabrones más despiadados”, afirmó. “Pero cuando quieren ser amables, no hay nadie más amable”.

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