Donald Trump lanzó una diatriba contra el papa León XIV en Truth Social que ha llevado al punto de ebullición el conflicto latente entre los dos estadounidenses más poderosos del planeta.
Por un lado, está el presidente, nacido en Nueva York, jefe del ejecutivo de la mayor potencia militar del mundo.
En el otro, Robert Prevost, nacido en Chicago, sumo pontífice de la Iglesia católica romana y principal consejero espiritual de casi 1.400 millones de fieles. Si bien su campo de batalla puede parecer global, el objetivo final es local: los corazones, las mentes y los votos de los católicos de Estados Unidos.
Trump arremetió en las redes sociales durante las primeras horas del lunes.
Calificó a Leo de “DÉBIL” en varios frentes: las posibles armas nucleares de Irán, la delincuencia, la inmigración y la política. Dijo que prefiere a Louis Prevost, el hermano de Leo, que es “todo MAGA”. “¡Louis lo entiende, y Leo no!“.
Además, insinuó que Leo le estaba en deuda porque solo había sido elegido papa porque el Colegio Cardenalicio “pensó que esa sería la mejor manera de lidiar con el presidente Donald J. Trump. Si yo no estuviera en la Casa Blanca, Leo no estaría en el Vaticano”.
Esta última muestra de virulencia me recordó cómo me equivoqué con respecto a este papa antes de su elección.
El 3 de mayo de 2025, justo cuando el Colegio Cardenalicio se disponía a votar, Trump y la Casa Blanca difundieron un retrato del presidente como nuevo papa.
Arrogantemente, predije que “la broma de mal gusto de la Casa Blanca con la IA... podría influir en la política del cónclave, dificultando que un cardenal estadounidense real ascendiera al trono papal. La Iglesia todavía recuerda el antiguo papado de Aviñón como una época en la que los pontífices disfrutaban de menos poder al haber quedado bajo la influencia de los monarcas franceses. Es poco probable que los cardenales modernos elijan a un pontífice que pudiera ser manipulado por Washington”.
Pues bien, no me convertí en profeta, pero Trump se tomó el ascenso de Leo como algo personal. La tensión entre ambos prueba que una pregunta que planteaba esa obra del siglo XIV sigue teniendo vigencia: si los creyentes tuvieran que elegir, ¿se pondrían del lado de su rey (o gobernante laico) o del de su papa?
Curiosamente, el papado de Aviñón fue el eje central de una disputa entre Trump y León que se hizo viral en las redes sociales durante la semana pasada.
Este revuelo, que parecía sacado de una novela de Dan Brown, se inspiró en un artículo publicado en The Free Press, en el que unos funcionarios del Vaticano anónimos describían una tensa reunión entre funcionarios del Pentágono y el nuncio papal, el embajador del Papa en Washington D.C. (Ambas partes afirmaron que la conversación fue cordial y que las descripciones que aparecían en el artículo eran exageradas e inexactas).
Según The Free Press, representantes del Departamento de Defensa advirtieron al nuncio que “EE.UU. tiene el poder militar para hacer lo que quiera, y que la Iglesia haría bien en ponerse de su lado”.
En medio de la conversación, un funcionario anónimo del Pentágono citó el papado de Aviñón, que tuvo lugar hace 700 años. Se trataba del tipo de referencia histórica que la institución, con 2.000 años de antigüedad, reconocería como una amenaza.
Esto fue lo que sucedió en 1307: Felipe IV, rey de Francia, se enfureció con el papa Bonifacio VIII y envió a sus fuerzas a raptar y deponer al pontífice. El monarca trasladó entonces el papado a Aviñón, en el sur de Francia, donde los papas sucesivos permanecieron bajo el dominio de su reino durante más de seis décadas.
Siete franceses ocuparon el Trono de San Pedro, el período más largo de papas no italianos en la historia, sin parangón ni siquiera con León XIII y sus tres predecesores: Francisco de Argentina, Benedicto XVI de Alemania y Juan Pablo II de Polonia.
Aviñón surgió cuando los reinos de Europa comenzaban a rebelarse contra un papado imperioso, cuya influencia se había expandido durante unos 250 años. No era un buen momento para ser papa.
En su Infierno, Dante condenó a Bonifacio VIII, quien había emitido un decreto declarando al papado como la máxima autoridad del mundo, al octavo círculo del infierno. Si quieres adentrarte en un mundo de misterios, busca información sobre güelfos y gibelinos.
Todo ello culminaría con Martín Lutero clavando su acusación contra la corrupción y los errores del catolicismo romano en las puertas de la iglesia del castillo de Wittenberg, en Alemania, lo que desencadenó la reforma Protestante e impulsó a muchos países de Europa occidental a optar por sus propios estados-nación en lugar de la cristiandad suprema representada por el papa en Roma.
Hoy, el papado resurge como una autoridad transnacional capaz de desestabilizar imperios (Juan Pablo II y la Unión Soviética) y de despertar conciencias.
Resulta intrigante que la supuesta reunión polémica descrita en The Free Press involucrara al Departamento de Defensa y al nuncio apostólico. El embajador del papa es más que un diplomático; supervisa la selección de nuevos obispos y funcionarios de la jerarquía estadounidense, quienes, a su vez, guían a los laicos estadounidenses.
En 2016, la jerarquía católica en EE.UU. se inclinaba hacia el conservadurismo: contenta con el doctrinario Benedicto XVI y distante con el relativamente progresista Francisco. Sus opiniones sociales y políticas resonaban en gran parte de sus congregaciones, de tendencia republicana. De hecho, el 56% de los votantes católicos de Estados Unidos votaron por Trump en 2024.
La composición del cuerpo episcopal ha alcanzado un equilibrio diferente debido al cardenal Christophe Pierre, el nuncio que se reunió con funcionarios del Pentágono. Probablemente esto sea lo que preocupa a Trump: una encuesta reciente indica que su apoyo entre los católicos ha caído por debajo del 50%, con un 40% que desaprueba rotundamente su gestión.
Pierre se jubiló el mes pasado tras una década en la oficina del Vaticano en Washington.
Su sucesor, el arzobispo Gabriele Giordano Caccia, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas desde 2019, se encargará de la elección de los sucesores de una docena de obispos estadounidenses, y sus posturas sobre la doctrina y la forma de difundir esas enseñanzas podrían determinar si las relaciones entre EE.UU. y el Vaticano son armoniosas o conflictivas.
El papa había sido discreto al no mencionar a Trump por su nombre. Pero no cabía duda de a quién se refería, dado el momento en que hizo algunas de sus declaraciones públicas.
En su homilía del Domingo de Ramos, pronunciada mientras aumentaban los ataques estadounidenses contra Irán, León XIII citó al profeta Isaías: “Aunque muchas oraciones recen, no las escucharé; sus manos están llenas de sangre”.
Y León XIII no tuvo que nombrar al presidente estadounidense cuando dijo: “También ha habido esta amenaza contra todo el pueblo de Irán. Y esto es verdaderamente inaceptable”.
Es posible que veamos una animación por IA de las Fuerzas Especiales de EE.UU. descendiendo en rápel por la cúpula de San Pedro para provocar un cambio de régimen en la Santa Sede.
La administración Trump y el movimiento MAGA cuentan con una buena representación católica, desde la Primera Dama Melania Trump hasta el bicepresidente JD Vance y la controvertida comentarista Candace Owens.
La presentación del nuevo batallón de obispos del pontífice los obligará a tomar decisiones difíciles. Si algún seguidor de MAGA tiene dudas, la Casa Blanca publicó una imagen generada por IA para reforzar su fe: Trump como una figura similar a Jesús curando a los enfermos. (Actualización: La Casa Blanca aparentemente eliminó la imagen de su cuenta de Truth Social).
¿Nación o Dios? Leo dejó clara su preferencia desde el inicio, de hecho, poco después de su elección.
En mayo de 2025, Vance lo invitó a la celebración del 250° aniversario de la independencia de Estados Unidos. El primer papa estadounidense declinó la invitación, prefiriendo pasar ese día en la isla italiana de Lampedusa con refugiados y migrantes. Por ahora, Leo se dirige a visitar varias naciones africanas.
Cuando periodistas italianos le preguntaron en su avión sobre el cargo de Trump, el pontífice habría dicho: “No le tengo miedo al gobierno de Trump… y seguiré alzando la voz contra la guerra".
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