Estados Unidos no debe convertirse en una nación de emigrantes

Por

Desde sus orígenes, EE. UU. ha sido una nación de inmigrantes. Sin embargo, cada vez más se está convirtiendo también en una nación de emigrantes, algo que debería preocupar a los representantes electos e impulsarlos a actuar.

Un análisis reciente reveló que la emigración desde los Estados Unidos ha alcanzado niveles sin precedentes. Una gran parte de este éxodo es consecuencia de las medidas de deportación del Gobierno, aunque no en su totalidad.

En el 2025, al menos 180.000 ciudadanos estadounidenses abandonaron la “Tierra de las Oportunidades” en busca de una vida mejor en otros rincones del planeta.

Durante la recesión de 2008, una encuesta de Gallup encontró que alrededor de 1 de cada 10 estadounidenses deseaba abandonar el país de modo permanente. En la actualidad, dicha cifra es de 1 de cada 5.

En el caso de las mujeres de entre 15 y 44 años, la cifra es de un sorprendente 40%. Es obvio que parte de ese sentir está vinculado a la política, pero esta tendencia a emigrar es anterior al actual Gobierno.

Cuando el sueño americano consiste en abandonar los Estados Unidos, es que algo ha salido terriblemente mal.

Históricamente, los estadounidenses han elegido convertirse en expatriados por motivos laborales, con frecuencia de forma temporal. Pero cada vez son más los que lo hacen por motivos personales, buscando mejores colegios, calles más seguras, impuestos más bajos y viviendas y asistencia sanitaria más asequibles. Las solicitudes de renuncia a la ciudadanía estadounidense se han disparado.

El incremento de este tipo de emigrantes es una crítica a los dos principales partidos y debería servir de advertencia a los funcionarios electos.

El teletrabajo está ayudando a otros países a competir por el talento y ofreciendo a los trabajadores más opciones, mientras que las deficien-cias en las políticas y la gobernanza de EE.UU. les dan más motivos para emigrar. Si esta tendencia continúa, el país corre el riesgo de convertirse en un país más débil y menos dinámico.

Este problema podría mitigarse en parte si Estados Unidos aprovechara su gran atractivo para los inmigrantes, como lo ha hecho de manera histórica. Hoy en día, no es así: la administración ha restringido las vías para la inmigración legal y ha reducido drásticamente el número de refugiados.

El año pasado, más estadounidenses emigraron a Alemania e Irlanda que alemanes e irlandeses a EE.UU.

La Casa Blanca ha presentado el cambio en la tendencia migratoria como prueba de que su represión contra la inmigración ilegal, que reduce los cruces fronterizos ilegales, aumenta las deportaciones y presiona a los inmigrantes indocumentados para que regresen a sus países de origen, está dando resultados.

Sin embargo, en conjunto, estos acontecimientos, el creciente número de exiliados y emigrantes, sumado a la disminución de los recién llegados, han generado algunos indicadores preocupantes: el año pasado, es posible que más personas hayan salido del país que las que entraron, por primera vez desde la Gran Depresión.

Y, por primera vez en los 250 años de historia del país, es muy probable que los Estados Unidos experimenten una disminución de su población este año.

Si estas tendencias persisten, probablemente agravarán los problemas económicos derivados del declive demográfico.

Una población estancada o en descenso probablemente frenará la demanda, reducirá el crecimiento, obstaculizará la innovación y supondrá una carga cada vez mayor para los trabajadores jóvenes, como pueden atestiguar otros países con poblaciones que envejecen rápidamente.

Un estudio reciente reveló que la disminución de la migración neta redujo el crecimiento hasta en un 0,3% el año pasado, y se prevé una mayor reducción este año.

Lejos están de abordar estos preocupantes acontecimientos; más bien, el Gobierno los está agudizando.

Los datos de empleo de febrero, peores de lo estimado, que mostraron la pérdida de 92.000 puestos de trabajo, reflejaron en parte la impru-dente política de deportaciones, que ha mermado la oferta de trabajadores cualificados y deseosos de trabajar, entre otros, en la construcción, la industria manufacturera y la agricultura. Eso es una buena fórmula para aumentar los costes de las empresas y frenar el crecimiento.

Estados Unidos necesita más trabajadores de todo tipo, incluidos los cualificados y con estudios universitarios, que constituyen una gran parte de la creciente población inmigrante.

Hasta que los funcionarios electos no abran más vías legales para la inmigración y aborden las condiciones que llevan a más ciudadanos a emigrar, los trabajadores y las empresas estadounidenses sufrirán las consecuencias.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

Lea más en Bloomberg.com