Tal y como reza el aforismo de Wall Street, la narrativa sigue al precio. Un activo se mueve, surge una historia para explicarlo, y los inversores fingen que ya sabían que esto iba a suceder, como si los mercados financieros tuvieran sentido de una manera tan ordenada y lógica. Un buen ejemplo: la operación de “Sell America” (Vender EE.UU.), el débil argumento de que el capital extranjero estaba huyendo del país.
El “Sell America” surgió como consecuencia del desplome coordinado de las acciones, los bonos y el dólar al inicio del segundo mandato de Donald Trump. Él, por supuesto, había atacado la independencia de la Reserva Federal y estaba definiendo la política económica y comercial de una manera alarmantemente arbitraria, basada en caprichos personales. El término cobró nuevo impulso más adelante, cuando otras acciones de mercados desarrollados, especialmente en Europa y Japón, experimentaron un inusual período de buen desempeño.
No obstante, los acontecimientos que han tenido lugar desde los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán revelan que EE.UU. todavía es el mercado preferido por los inversores.
Aunque Estados Unidos tenga sus defectos, continúa siendo el centro de la innovación mundial y el hogar de los mercados más profundos y líquidos del planeta, algo que se vuelve indispensable cuando se producen crisis económicas.
Tras 14 meses caóticos, también estamos viendo señales de resiliencia institucional en la Reserva Federal y en la Corte Suprema de Justicia, lo que es un motivo adicional de tranquilidad.
Lo que sucede en un episodio de agitación mundial dice mucho sobre la posición relativa de los mercados.
Cuando los futuros del WTI y el Brent se dispararon en los primeros días del conflicto, el dólar registró su semana de mayores ganancias en meses y las acciones estadounidenses se resistieron a las fuertes caídas del resto del mundo desarrollado, con su mejor rendimiento desde mayo de 2025.
Al momento de redactar este artículo, los precios de la energía habían iniciado una caída casi tan rápida como su ascenso, pero las lecciones de los últimos días hablan mucho sobre la verdadera valoración que los inversionistas otorgan a los activos de EE.UU.
Y pese a los riesgos inflacionarios que resurgieron cuando los futuros del petróleo rozaron los US$120 por barril, los bonos de EE.UU. han mantenido el ritmo de sus pares globales. Hasta ahí llegó la idea de que los bonos del Tesoro estadounidense estaban perdiendo popularidad.
Parte de esto se debe seguramente al papel tradicional de Estados Unidos como refugio predilecto en mercados turbulentos. Pero también hay buenas razones para creer que EE.UU. está superando algunos de los golpes a corto plazo que han afectado a su credibilidad ante los inversores.
Si la narrativa comenzó en gran parte debido a la política arancelaria radical de Trump, es posible que la Corte Suprema haya contribuido a poner fin al tema de debate.
En una decisión de 6 a 3 en el mes de febrero, el tribunal dictaminó que Trump utilizó ilegalmente la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles a sus socios comerciales.
Si bien el gobierno ahora los está reimplementando bajo diferentes estatutos, la decisión demostró que incluso una Corte Suprema con una mayoría conservadora tenía límites que no cruzaría.
De igual manera, la Reserva Federal parece resistir bien los intentos de Trump de socavar su independencia.
En diciembre, la Junta de Gobernadores de la Fed votó unánimemente a favor de reelegir a 11 de los 12 presidentes de bancos regionales para mandatos de 5 años, lo que prácticamente imposibilita la posibilidad de que Trump asuma el control del banco central.
La Corte Suprema también parece inclinada a bloquear el intento de Trump de destituir a la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, cuando se tome una decisión en las próximas semanas o meses.
Y aunque Trump aún puede causar mucho más daño antes de que termine su mandato, estamos a solo ocho meses de unas elecciones intermedias que podrían frenar aún más los peores impulsos del errático presidente.
Las preocupaciones internas sobre la asequibilidad ya han mermado su popularidad entre los votantes, y cualquier aumento sostenido en los precios de la gasolina empeorará la situación.
Por último, EE.UU. continúa siendo un caso de crecimiento relativamente emocionante que se encuentra en el centro del auge tecnológico más extraordinario del mundo.
Tanto por el crecimiento del producto interior bruto como por los beneficios empresariales, todavía está superando a mercados desarrollados como Japón y Europa. Además de seguir a la vanguardia de la IA, también es un exportador neto de petróleo, en una posición económica muy diferente a la de Europa, gran consumidor de energía y un actor dominante en los contratos de defensa y la “tecnología de defensa”.
La guerra y los altos precios del petróleo jamás serán algo positivo, pero son menos negativos económicamente para Estados Unidos que para otras partes del planeta.
¿Es posible que la tendencia de “Sell America” regrese? Puede que si, aunque dudo que ocurra en todos los activos. Las acciones, en particular, podrían caer a partir de ahora.
Para empezar, el índice S&P 500 cotiza a un altísimo rendimiento de 21 veces las ganancias proyectadas para los próximos 12 meses. Es muy posible que las altas relaciones precio-beneficio (P/E) moderen el entusiasmo de los inversores y provoquen una corrección del mercado, incluso sin un cambio significativo en la trayectoria de las ganancias.
Los inversionistas también están, con razón, preocupados por los miles de millones de dólares en gastos de capital que se están destinando a la inteligencia artificial y su potencial para descarrilar un mercado laboral ya de por sí frágil.
Los déficits fiscales irresponsablemente masivos también tienen el potencial de erosionar la confianza en los bonos del Tesoro. Ningún partido político ha mostrado un interés real en abordar la deuda y los déficits del país, y esto podría continuar así hasta que una crisis obligue a los políticos a actuar. La única salvedad es que Estados Unidos no es el único país con una deuda nacional en aumento.
Sin embargo, la narrativa superficial de “Sell America” está fallando. A la hora de la verdad, los inversionistas globales siguen deseando los activos estadounidenses más que los de cualquier otro país, y es poco probable que esto cambie pronto.
Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.
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