Un Trump acorralado podría volverse contra las grandes petroleras

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Aunque no confiaría necesariamente en Truth Social para obtener datos contrastados, en ocasiones funciona como un barómetro de las inquietudes del presidente Donald Trump. Este lunes, la atención se centró en los precios de la gasolina:“¡Bajen los precios del petróleo al por menor, YA!”

Trump estaba dirigiéndose a Mike Wirth, CEO de Chevron Corp. (CVX), que este viernes anunció unos beneficios récord en el segundo trimestre.

En opinión del presidente, Chevron debería ofrecer algo a cambio de todo su apoyo y ayudar a reducir los precios medios de la gasolina, que han vuelto a superar los US$4 por galón a raíz de la prolongada guerra con Irán.

Seguramente no ayudó al estado de ánimo de Trump que tanto Wirth como Darren Woods, CEO de ExxonMobil Holdings Corp. (XOM), que también anunció beneficios espectaculares, afirmaran abiertamente que prevén que los precios del combustible se mantengan elevados.

Más tarde, este lunes, en unas declaraciones realizadas en la Casa Blanca, Trump afirmó que las compañías están ganando “demasiado dinero”.

Más les vale esperar que un Trump acorralado, con la mirada puesta en las próximas elecciones de mitad de mandato, no recurra a medidas de emergencia que afectarían inmediatamente las ganancias de las grandes petroleras.

Las dos opciones evidentes de Trump para aliviar los precios son garantizar una paz duradera con Irán que permita desbloquear el cuello de botella petrolero del estrecho de Ormuz o liberar más reservas estratégicas de petróleo.

La primera opción está demostrando ser más compleja de lo que había previsto la Casa Blanca. Trump y su secretario de Defensa suelen presumir de que las fuerzas armadas de Estados Unidos en la región están “listas para la acción”, aunque la misma expresión podría aplicarse a los petroleros del estrecho de Ormuz.

Por su parte, la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, por sus siglas en inglés) ya se ha reducido en una cuarta parte desde que comenzaron las hostilidades, hasta alcanzar su nivel más bajo en más de 40 años. Con unos 308 millones de barriles, la SPR ahora equivale aproximadamente a dos semanas de demanda de petróleo de EE.UU.

En la práctica, el ritmo de suministro de la SPR podría comenzar a disminuir una vez que el nivel sea inferior a 300 millones. Las reservas comerciales de crudo también han descendido y se sitúan ahora en su nivel más bajo en ocho años.

El crudo no es el único problema. La guerra con Irán también ha interrumpido el flujo de productos refinados en la región, incluidos combustibles como la gasolina y el diésel. Esto coincide con la prohibición rusa de exportar combustible para hacer frente a la intensificación de los ataques ucranianos contra sus refinerías.

Mientras tanto, aunque la decisión de China de reducir sus propias reservas de petróleo ha contribuido a contener los precios del crudo, también impuso restricciones a las exportaciones de combustible, aunque estas se han flexibilizado un poco recientemente.

A niveles globales, las refinerías están procesando 6,5 millones de barriles al día menos que hace un año, de acuerdo con los analistas de Goldman Sachs Group Inc., lo que supone un descenso de alrededor del 8% y equivale a la demanda combinada de tres grandes economías: Alemania, Japón y Francia.

Los beneficios extraordinarios obtenidos por Chevron y Exxon en el segundo trimestre se debieron en gran medida al sector del refinado.

Si bien los futuros del crudo han subido actualmente unos US$17 por barril desde que estalló la guerra, los “cracks” de referencia 3:2:1, un indicador del margen bruto que obtienen las refinerías al transformar el crudo en una mezcla de gasolina y diésel, han subido todavía más, en torno a los US$26.

Una industria petrolera estadounidense más disciplinada no está perforando sin control en medio de las perturbaciones de la guerra, pero ha respondido con entusiasmo a la escasez de petróleo en los mercados globales: las exportaciones netas de petróleo de Estados Unidos se han duplicado con creces año tras año.

En consecuencia, las existencias comerciales de gasolina están por debajo de su rango típico de los últimos cinco años, y las bajas existencias se traducen en precios más altos.

Esta relación entre las exportaciones, las existencias y los precios de la gasolina es un posible punto de conflicto entre Trump y las grandes petroleras.

Trump se enfrenta a la posibilidad de que los votantes se topen con carteles de gasolina a US$4 de camino a las urnas, algo que no ocurrió ni siquiera durante la presidencia de Joe Biden, en plena subida de precios de 2022.

Tampoco ayuda que Trump se haya comprometido con la ilusoria promesa de la gasolina a US$2. A juzgar por las encuestas recientes, es probable que sienta al menos un escalofrío de pánico.

Lo que le falta a Trump en esta situación, sobre todo, es aquello que siempre afirma tener: capacidad de decisión. Desahogarse en internet puede dar una sensación momentánea de empoderamiento, pero no se puede evitar una guerra solo publicando mensajes.

Para sorpresa aparente de Trump, Irán se niega a aceptar la lógica militar de la fuerza abrumadora de Estados Unidos. Las reservas estratégicas de petróleo (SPR) se han reducido considerablemente, y las petroleras dan prioridad a los resultados económicos, no a la línea del partido.

Una de las opciones que le quedan a Trump son las restricciones de emergencia a las exportaciones de combustible.

Estas podrían implementarse en caso de guerra, amparándose en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, según Kevin Book, de ClearView Energy Partners, una firma de análisis con sede en Washington D.C. De hacerlo, se desviarían inmediatamente los barriles destinados al extranjero de vuelta a los almacenes, lo que provocaría una bajada de precios.

Sería una medida extraordinariamente agresiva, que generaría la indignación de los donantes vinculados al petróleo y, en última instancia, perturbaría la producción y el refinado nacionales, de forma similar al efecto de los controles de precios. Cuando se le preguntó en mayo sobre las restricciones a las exportaciones de combustible, Trump declaró a la prensa: “No las necesito”.

Que esto continúe siendo cierto tres meses después, aún más cerca de noviembre, es una incógnita. La predilección de Trump por las medidas drásticas queda patente en la propia guerra, y no sería el primer político en recurrir a una solución a corto plazo.

En abril, funcionarios de la Casa Blanca declararon que no estaban considerando una prohibición de exportaciones “en este momento”, una “aclaración importante”, según Book. Desde entonces, el presidente, así como miembros de su gabinete, han pedido en repetidas ocasiones precios más bajos en las gasolineras, siendo la publicación de este lunes en Truth Social la más reciente.

El riesgo para una industria petrolera acostumbrada a soportar acusaciones de especulación radica en que un presidente acostumbrado a salirse con la suya recurra a una de sus últimas opciones para lograrlo.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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