Zuckerberg
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Bloomberg Opinión — A pesar de toda la fanfarria en torno a los planes de Mark Zuckerberg de crear una criptodivisa que se esperaba que aportaría “miles de millones” de nuevos ingresos, el proyecto se ha apagado sin apenas rechistar. Meta Platforms Inc (FB), la empresa antes conocida como Facebook, acordó vender activos vinculados al proyecto nacido en 2019 como Libra y ahora conocido como Diem para Silvergate Capital Corp. (SI) por unos US$200 millones.

El director de Diem abandonó el barco el pasado mes de noviembre y sus ambiciones se redujeron en medio de una fuerte presión de los reguladores y los bancos centrales, por lo que la muerte del proyecto fue anticipada por algunos. Pero una autopsia nos dice algo más preocupante: Facebook sigue luchando por desarrollar nuevos servicios sin comprarlos, y en un entorno regulatorio cada vez más duro, eso no presagia nada bueno para los planes del metaverso de Zuckerberg, un eje por el que ha apostado toda la empresa.

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Entre los antecedentes de los fracasos de innovación de Facebook están: una pantalla de inicio para teléfonos Android que fracasó poco después de su lanzamiento en 2013; los competidores de Snapchat (SNAP), Poke y Slingshot (2014 y 2015); y la plataforma de desarrollo móvil Parse. La empresa también fracasó en sus esfuerzos por crear sus propias versiones de Alexa, de Amazon Inc. (AMZN)

La fuerza de trabajo de Facebook brilla en la ejecución y el escalamiento, pero los desarrolladores de software que quieren construir productos innovadores tienden a ir a otra parte. En Facebook, muchos se encuentran bajo la presión de asegurar que un nuevo prototipo o característica contribuya a los dólares de la publicidad.

La adquisición adecuada puede abrir la puerta a nuevos mercados. Por ejemplo, la próxima función de pago para comerciantes del iPhone es posible en gran parte porque Apple Inc. (AAPL) pagó US$100 millones por la empresa canadiense Mobeewave, que fabrica tecnología de pago para teléfonos inteligentes.

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Y aunque Zuckerberg dirigió el rápido giro de Facebook hacia el móvil en 2012, su compra de Instagram por US$1.000 millones ese mismo año fue fundamental para el cambio. Instagram aporta ahora más de una cuarta parte de los ingresos de Facebook.

El metaverso representa un giro aún más radical. Hay mucho menos consenso en cuanto a que la realidad virtual vaya a ser adoptada por la mayoría, y la creación de software para la RV es más difícil de adaptar para los equipos de ingeniería de lo que fue el paso del escritorio al móvil.

La respuesta obvia es que Zuckerberg compre una empresa que ya esté haciendo incursiones en el metaverso, como Roblox Corp. (RBLX) El popularísimo mundo virtual de esta empresa cuenta con cerca de 50 millones de visitantes diarios que juegan, asisten a conciertos o simplemente charlan con sus amigos, exactamente el tipo de actividades que Zuckerberg ha hablado de acoger en el futuro. Roblox incluso tiene su sede en Menlo Park, California, la misma ciudad que Meta, y con la reciente caída de sus acciones, debe parecer un objetivo de adquisición cada vez más atractivo, salvo que Zuckerberg tiene las manos atadas.

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¿Objetivo sabroso?
Las acciones de Roblox han caído en el último mesdfd

Los reguladores, horrorizados por haber aprobado tantos acuerdos de las grandes empresas tecnológicas en el pasado, han señalado que examinarán con más rigor las futuras adquisiciones, o incluso las bloquearán. Por ejemplo, la Comisión Federal de Comercio ha abierto una investigación formal sobre la compra por parte de Meta de la empresa de realidad virtual Within, por valor de US$400 millones, según un informe publicado en diciembre en The Information, en el que se afirmaba que, como mínimo, Meta no podría cerrar ese acuerdo hasta dentro de un año. Los reguladores de la competencia en el Reino Unido también han bloqueado la compra de una empresa de búsqueda de GIF por parte de Meta.

Está claro que Zuckerberg quiere comprar su camino en el metaverso. En los últimos dos años ha adquirido una serie de pequeñas empresas de realidad virtual, sobre todo de juegos, como Big Box VR, Unit 2 Games y Beat Games, el estudio detrás de Beat Saber. Pero no ha comprado empresas de juegos similares a Instagram, como el la casa del videojuego de Fortnite, Epic Games Inc. o el desarrollador de juegos Unity Software (U). Zuckerberg intentó comprar Unity hace varios años, cuando su valoración era de un solo dígito, según el libro The History of the Future (La historia del futuro en español), sobre la historia de la fundación de Oculus. Desde entonces, Unity ha salido a bolsa y tiene una capitalización de mercado de US$28.000 millones.

Zuckerberg debe estar dándose una patada por no haber perseguido esas adquisiciones cuando los reguladores eran un poco más indulgentes. Ahora, con sus US$62.000 millones de poco uso, necesita centrarse en el trabajo más arduo de crear nuevos servicios que los consumidores quieran utilizar.

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Es una transición difícil para cualquier gran empresa. Microsoft Corp. (MSFT) lo consiguió, aunque, lamentablemente para Zuckerberg, se necesitó un nuevo CEO para lograr ese éxito.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Andrea González