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Durante años, los gestores de fondos de cobertura fueron los indiscutibles amos del universo. Influyeron en las fortunas no sólo de las empresas y los mercados, sino también de los países.

Pero ya no. Han sido eliminados de la cima de la cadena alimentaria financiera por una nueva raza de sabios del mercado. El cambio de poder es más evidente en Corea del Sur.

Cuando Corea se tambaleaba por la crisis financiera asiática en 1998, su presidente electo, Kim Dae Jung, pidió consejo a George Soros. El multimillonario inversor, que había sido criticado en el sur de Asia por beneficiarse del caos económico, llegó a Seúl con un trato de alfombra roja. Tras tres días de reuniones, se dirigió a los medios de comunicación locales. “Este es un problema muy grave”, dijo. “Pero creo que puede superarse en un lapso relativamente razonable”. Sugirió que si los responsables políticos llevaban a cabo las reformas prescritas, su Fondo Quantum invertiría importantes sumas en la economía, y probablemente otros le seguirían. En los 10 días posteriores a su visita, el índice de referencia del mercado coreano subió un 28%.

Los jugadores de grandes ligas actuales no tienen el mismo reconocimiento que George Soros, pero no son menos poderosos.

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Son tres: S&P Dow Jones Indices, MSCI y FTSE Russell. Sus nombres anodinos ocultan su enorme influencia. Entre las tres diseñan, calculan y gestionan cientos de miles de índices financieros que dirigen el capital en todo el mundo. En total, más de US$50 billones de fondos de inversores se comparan con las métricas que controlan estas tres entidades (Bloomberg LP, la empresa matriz de Bloomberg News, compite con estas firmas en el suministro de índices y datos financieros).

Al igual que los fondos de cobertura que les precedieron, no sólo las empresas caen bajo su mirada, sino también los países. Al establecer los criterios de pertenencia a los índices, actúan como guardianes, determinando qué países son elegibles para la inversión de muchos de esos fondos.

Uno de los países que se encuentra a sus puertas es Corea del Sur, donde sus juicios se han convertido en un problema en las próximas elecciones presidenciales. A pesar de haberse recuperado de la crisis y de haber crecido hasta convertirse en una de las 10 primeras economías mundiales en las últimas dos décadas, Corea del Sur sigue siendo clasificada por el MSCI como un mercado emergente y no como uno desarrollado. Por ello, aunque sus empresas cotizadas tienen acceso a los US$960.000 millones de fondos referenciados a los índices MSCI de mercados emergentes y afines, no pueden aspirar a la inversión de los aproximadamente US$3,6 billones de fondos que siguen los índices de mercados desarrollados.

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Los legisladores de Seúl no están contentos. A lo largo de los años, han ofrecido a MSCI el mismo trato de alfombra roja que una vez ofrecieron a Soros, sin éxito. Ahora, cuando el país se dirige a la votación del 9 de marzo, uno de los principales candidatos se ha comprometido a intentar conseguir que se le conceda la categoría de mercado desarrollado. Paralelamente, el ministro de Finanzas ha propuesto cambios en el régimen de divisas de Corea para abordar una de las principales preocupaciones del MSCI.

Las recompensas son tentadoras. Goldman Sachs Group Inc. estima que las entradas netas de capital resultantes del cambio de clasificación podrían ascender a US$44.000 millones. Y lo que es más importante, la reclasificación otorga el imprimátur de un organismo normativo mundialmente reconocido. Suponiendo que esto conduzca a una reducción del descuento de valoración de Corea del Sur frente a otros mercados desarrollados, los analistas de Goldman Sachs (GS) calculan que podría añadir un 35% al valor del mercado.

Los índices nunca fueron concebidos para ejercer tal influencia. Comenzaron como simples barómetros de confianza, patrocinados por los periódicos como un servicio diario a sus lectores. Pero como observa Mark Makepeace, antiguo director del FTSE Russell, “los seres humanos gravitan hacia el orden, dando sentido a la información agrupándola en familias para clasificarla y revisarla”. Esta gravitación llevó al sector de la inversión a adoptar primero los índices como puntos de referencia de la rentabilidad y luego a seguirlos como fin en sí mismos.

Para las empresas que elaboran los índices, esto ha sido un desarrollo rentable. Los proveedores de índices como MSCI ganan dinero de tres maneras. Cobran a los fondos de índices y a los gestores de fondos cotizados unos puntos básicos sobre los activos que siguen sus índices de referencia; cobran a bolsas como la CME una comisión por cada opción negociada o contrato de futuros vinculado a sus índices; y cobran cuotas de suscripción a una serie de usuarios externos.

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Solo en MSCI, los activos referenciados han crecido hasta los US$16.3 billones desde los US$7 billones de 2013. Los ingresos han crecido en paralelo. El año pasado, los ingresos por índices de MSCI aumentaron un 23%, hasta los US$1.250 millones, y, dado que el coste de la gestión de la infraestructura de los índices es en general fijo, los márgenes son muy elevados. En 2021, MSCI tuvo un margen de EBITDA del 76% en su negocio de índices, superior al de la mayoría de las empresas estadounidenses que cotizan en bolsa. Y todo ello con una plantilla relativamente pequeña: MSCI tiene aproximadamente el mismo número de empleados que algunos de los mayores fondos de cobertura, aunque su influencia es ahora un orden de magnitud mayor.

La posición crítica de los proveedores de índices en el corazón de los mercados financieros no ha pasado desapercibida para los reguladores.

Tras el escándalo del Libor en 2012, las autoridades intensificaron su escrutinio de todos los índices de referencia del mercado. Hasta ese momento había habido poca supervisión de la indexación de valores, y se introdujeron nuevas normas de la Unión Europea. Sin embargo, desde entonces, el sector ha consolidado su posición a través de una serie de fusiones al mismo tiempo que ha crecido la demanda de sus índices de referencia. En enero de este año, la Autoridad de Conducta Financiera (FCA por sus siglas en inglés) del Reino Unido anunció el lanzamiento de una revisión del sector por considerar que “el mercado de provisión de índices y referencias puede no estar funcionando bien”, alegando los elevados costes de cambio y el aumento de los precios.

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Además de la mirada de la regulación, los proveedores de índices están sometidos a una lucha de poder con sus principales clientes: los gestores de activos, cuya industria también se está concentrando rápidamente. El mayor cliente de MSCI es BlackRock Inc (BLK), que representa el 20% de sus ingresos por índices, frente al 18% en 2020. Varios de estos grandes clientes han lanzado estrategias de autoindexación.

Por ahora, empresas como MSCI han asumido el poder de los fondos de cobertura, pero el poder cambia continuamente. Corea del Sur puede ser un lugar útil para observar.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Andrea González