Por qué los bancos argentinos no cierran las sucursales físicas que nadie usa

Se calcula que el mantenimiento de cada sucursal “fantasma” cuesta unos US$500.000 por año. ¿Por qué no se cierran?

Foto: (Bloomberg Creative/Bloomberg Creative Photos)
Por Ignacio Olivera Doll
10 de enero, 2023 | 01:35 PM
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Buenos Aires — Una tarde de jornada hábil en Buenos Aires, un guardia vigila un banco vacío. No sólo no hay clientes: aunque las luces están encendidas y se mantiene la decoración rojiblanca característica del Banco Santander, no hay ni un solo empleado en su interior.

Las sucursales fantasma como ésta -que ya no atienden a clientes que necesitan algo más que un cajero automático, pero que técnicamente no están cerradas- se han convertido en algo habitual en Argentina. A medida que los clientes realizan cada vez más operaciones bancarias a través de aplicaciones para teléfonos inteligentes y en línea, el Santander y sus rivales argentinos, como BBVA Argentina (BBAR), Grupo Financiero Galicia (GGAL) y Grupo Supervielle (SUPV), al igual que sus homólogos mundiales, están presionando para cerrar sucursales físicas. Pero, los reguladores no se lo permiten.

El problema, según ha explicado el presidente del Banco Central argentino, Miguel Pesce, para los representantes del sector, son los poderosos sindicatos del país. Pesce ha dicho que autorizar el cierre permanente de sucursales es difícil porque está bajo la presión de los líderes sindicales preocupados por la pérdida de puestos de trabajo, según dos personas con conocimiento directo de las discusiones. Un portavoz del Banco Central dijo que los sindicatos no influyen en sus decisiones de cerrar sucursales o dejarlas abiertas.

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Se trata de un dilema muy costoso para los bancos argentinos, ya afectados por una inflación galopante y por la limitación de los tipos de interés. Los bancos argumentan que su objetivo no es reducir costes eliminando puestos de trabajo, alegando que muchos empleados que trabajaban en las sucursales ahora vacías están siendo reasignados a otras ubicaciones.

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Pero, entre alquileres y otros gastos, un funcionario del sector calcula que el mantenimiento de cada sucursal fantasma cuesta unos 500.000 dólares anuales, dependiendo del tamaño. Si no fuera por los obstáculos normativos, afirman los ejecutivos, más de una cuarta parte de las sucursales cerrarían, lo que supondría un ahorro de unos 375 millones de dólares al año.

El fenómeno está poniendo a los bancos del país en desventaja frente a sus homólogos latinoamericanos. Sólo tres sucursales cerraron en Argentina el año pasado hasta agosto, según datos del Banco Central, menos del 0,1% de las que operaban un año antes. Chile cerró el 8,3% de sus sucursales en el mismo período, mientras que Brasil cerró el 2,2%.

En Argentina, “los ingresos de los bancos cayeron en estos últimos tres años, mientras que la estructura operativa se mantuvo igual”, dijo Paula La Greca, analista senior de investigación corporativa de la correduría TPCG, que no recomienda acciones de bancos argentinos desde hace dos años. “La presión sindical les impide recortar empleos y el Banco Central no autoriza el cierre de sucursales”.

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Fuente: Bloombergdfd

Sólo en Buenos Aires hay más de 100 bancos fantasma, estiman los ejecutivos. Muchos bancos argentinos se ven obligados a renovar contratos de alquiler que tenían previsto rescindir debido a la negativa del Banco Central a dejarles cerrar las sucursales, dijo un funcionario del sector.

Portavoces de Santander, Supervielle y representantes de los grupos de la industria bancaria argentina ABA y Adeba declinaron hacer comentarios. Un portavoz del Grupo Financiero Galicia dijo que, si bien el banco no tiene sucursales vacías, algunos de sus locales en el centro de Buenos Aires han tenido pocos clientes.

Los líderes sindicales sostienen que reasignar empleados a sucursales más concurridas no es suficiente. La tecnología está transformando el sector, reduciendo la necesidad de cajeros y otras funciones tradicionales. El número de empleados en los bancos privados cayó un 1,6% en los seis primeros meses de 2022, según datos del Banco Central.

“Le pedimos al Banco Central que no autorice indiscriminadamente el cierre de sucursales”, dijo Claudio Bustelo, secretario de prensa de La Bancaria, sindicato que representa a los trabajadores del sector financiero. “No queremos oponernos al avance de la tecnología, pero queremos que la tecnología ayude y no que sustituya o reduzca puestos de trabajo”.

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Pesce fue designado para dirigir el Banco Central por el presidente Alberto Fernández, que desde hace tiempo ha expresado su apoyo a los sindicatos. Con las elecciones generales de Argentina previstas para octubre, la postura del Banco Central sobre la autorización del cierre de sucursales podría cambiar bajo una nueva administración.

No todos los bancos argentinos se enfrentan al problema de las sucursales fantasma. Algunos son empresas más pequeñas con menos sucursales. Otros, como el Banco Macro, tienen una mayor presencia en las zonas rurales del interior del país, donde la banca presencial es más común.

Pero, para la mayoría de los bancos argentinos, el gasto en sucursales vacías está aumentando justo cuando los ingresos caen, en medio de la debilidad económica y los límites gubernamentales a los tipos de interés de los préstamos. Los grandes bancos tenían ratios de eficiencia -una medida clave para evaluar la rentabilidad- de entre el 70% y el 80%, frente al 50% de sus homólogos en el resto de Sudamérica. Un coeficiente más bajo indica un mejor rendimiento. Las acciones de los bancos argentinos también fueron a la zaga de sus rivales latinoamericanos el año pasado.

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Las sucursales vacías también dificultan las fusiones y adquisiciones, porque comprar un banco en Argentina significa asumir el costo de mantenimiento de las sedes no utilizadas.

El cierre de sucursales es una tendencia mundial, por la digitalización y porque los costos de mantenimiento de las mismas y de los empleados son relevantes. Pero, el proceso de cierre de una sucursal es muy complejo en Argentina”, dijo Marcelo de Gruttola, analista senior para América Latina de Moody’s.

Mientras tanto, los bancos argentinos, como otros de todo el mundo, están reimaginando cómo utilizar los inmuebles. Entre las ideas que se barajan está la de transformar las sucursales en cafeterías, salas de formación para empleados o lugares para recoger entregas de sitios de comercio electrónico. En algunos casos, los bancos mantienen algunos escritorios disponibles para que los clientes puedan utilizar los ordenadores.

Por suerte, no vemos muchos cierres de sucursales”, dice Bustelo, representante del sindicato. “Sólo vemos su digitalización”.

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-- Con la colaboración de Valentina Fuentes y Maria Eloisa Capurro

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