Cuántas reservas de agua dulce tiene Colombia y por qué, a pesar de ello, podría sufrir crisis hídrica

“Colombia puede tener abundancia de agua y aun así enfrentar una crisis hídrica si continúa destruyendo los ecosistemas que lo hacen posible”, advirtió Greenpeace.

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Bloomberg Línea — Colombia es considerado uno de los países con mayor riqueza hídrica del mundo, pero esas reservas están en riesgo ante fenómenos como la deforestación y la minería ilegal, advirtió a Bloomberg Línea la organización ambientalista Greenpeace.

La riqueza hídrica de Colombia se sustenta en una combinación única: dos océanos, tres cordilleras, la Amazonía y cerca del 50% de los páramos del planeta.

En la actualidad, Colombia es considerado el segundo país con las mayores reservas de agua dulce en Latinoamérica después de Brasil y está en el top 10 mundial con 2.145 millones de metros cúbicos.

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Según Greenpeace, estos ecosistemas son fundamentales para producir y regular el agua: los páramos abastecen a cerca del 70% de la población, mientras la Amazonía genera los llamados “ríos voladores”, corrientes de humedad que producen lluvias en gran parte de Sudamérica.

“Sin embargo, esa riqueza está en riesgo. La deforestación, la expansión ganadera, la minería ilegal y la contaminación de los ríos están debilitando el ciclo natural del agua”, dijo a Bloomberg Línea Laura Caicedo, coordinadora de Campañas para Greenpeace Colombia.

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Según cifras de esa organización, Colombia pierde más de 113.000 hectáreas de bosque por año y más del 40% de las fuentes hídricas monitoreadas presentan algún grado de contaminación.

En diciembre, el Ministerio de Ambiente informó que la Amazonía colombiana redujo en un 25% la deforestación estimada entre enero y septiembre de 2025. “La deforestación estimada de enero a septiembre pasó de cerca de 48.500 hectáreas en 2024 a 36.280 hectáreas en 2025, pese a persistentes alertas en el arco noroccidental”.

Una reciente investigación de International Crisis Group concluyó que la criminalidad es “ahora uno de los principales obstáculos para los esfuerzos por frenar la destrucción ambiental en la Amazonía y salvar uno de los ecosistemas más importantes del planeta para mitigar el cambio climático”.

En Colombia, la minería ilegal también pone en riesgo la riqueza hídrica del país.

Este es un flagelo que afecta a 29 de los 32 departamentos del país, según un informe de la Procuraduría de 2024.

Laura Caicedo dijo que las consecuencias no son solo ambientales: menos agua implica mayor riesgo para la agricultura, la generación de energía, la seguridad alimentaria y el acceso al agua de millones de personas.

“También aumenta la vulnerabilidad frente a sequías, inundaciones y eventos extremos. Colombia puede tener abundancia de agua y aun así enfrentar una crisis hídrica si continúa destruyendo los ecosistemas que la hacen posible”, advirtió.

La organización humanitaria World Vision señala que a pesar de la riqueza hídrica del país cerca de 352.000 personas en Colombia enfrentan brechas de acceso a agua limpia y saneamiento.

Además, basado en cifras de Unicef, indicó que el 40% de las escuelas rurales del país no cuentan con acceso adecuado a agua potable.

Explica que la problemática es especialmente grave en departamentos como La Guajira (norte), donde la crisis hídrica afecta directamente la salud, la nutrición, la educación y el bienestar de niñas, niños y adolescentes.

Joao H. Diniz, líder regional de World Vision para Latinoamérica, recordó que aún hoy “1.000 niñas y niños mueren cada día en el mundo debido a enfermedades relacionadas con la falta de agua segura, saneamiento e higiene adecuada”, subrayando la urgencia de acelerar las acciones en el sector.

Aunque América Latina y el Caribe posee algunas de las reservas de agua dulce más importantes del planeta, la región continúa experimentando desigualdades profundas.

Diniz enfatizó en conversación con este medio que “166 millones de personas en la región continúan viviendo sin acceso digno y seguro al agua”, lo que impulsa crisis humanitarias, migratorias y productivas, especialmente en contextos como el Corredor Seco, la Amazonía, Haití y zonas andinas como Colombia.

Conservar la riqueza hídrica

De cara a la protección de la riqueza hídrica en la región, Carolina Sánchez, de la Red del Gran Caribe Libre de Fósiles, ve clave seguir presionando por una mayor diversificación de las matrices eléctricas, “no solo incorporando otras tecnologías como la solar, eólica y geotérmica de baja entalpía, sino que también promoviendo regulaciones justas la generación distribuida”.

En segunda instancia, ve clave una mejor planificación eléctrica de la región.

“Estamos acostumbrados a que nuestros ministerios y sectores trabajen en silos, y la realidad climática en la que vivimos implica que los temas de agua, energía y alimentación se planifiquen en conjunto", dijo.

Y como tercera medida sugirió que los gobiernos y la sociedad civil se enfoquen seriamente en procesos de adaptación, recuperación y protección de cuencas. “Esto pasa por la necesidad de capital de largo plazo y, por lo tanto, ojalá de procesos de financiamiento internacional que no impliquen creación de deuda injusta para nuestros países”.

Desde la Red Gran Caribe Libre de Fósiles, integrada por más de 20 organizaciones de la sociedad civil, advierten sobre los impactos medioambientales y económicos a los que se exponen los países de la región por una expansión descontrolada de los hidrocarburos.

En su visión, “la expansión de los proyectos de fósiles sin duda pone en riesgo las reservas de agua, no solo por lo posibles derrames y contaminación, sino que también porque la industria del petróleo y el gas también necesita de mucha agua”.

En un reciente foro virtual, la Red Gran Caribe Libre de Fósiles advirtió que la expansión petrolera en el Caribe, impulsada por el llamado “efecto Guyana”, genera interrogantes sobre sus beneficios reales, el impacto en comunidades costeras y la presión ambiental en territorios altamente vulnerables.

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