Bloomberg Línea — América Latina concentra una proporción enorme del agua dulce del planeta, tanto en grandes ríos como en humedales, glaciares y acuíferos, pero toda esta riqueza hídrica está bajo presión ante fenómenos como el cambio climático, la deforestación, la degradación de ecosistemas, la sobreexplotación, la contaminación y una débil gobernanza.
“La crisis climática ya está alterando los ciclos de lluvia, profundizando sequías y acelerando el retroceso de glaciares”, manifestó a Bloomberg Línea Agostina Rossi Serra, licenciada en Biología e integrante del equipo de campañas de la ONG ambientalista internacional Greenpeace.
A eso se suma una presión creciente por actividades extractivas, como la minería y la actividad agrícola, que demandan grandes volúmenes de agua y aumentan los riesgos de contaminación.

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“El punto crítico es que gran parte de la región no tiene agua de sobra: tiene sistemas frágiles que dependen de un equilibrio fino”, apuntó Agostina Rossi Serra.
América Latina concentra una parte muy importante del agua dulce del planeta, principalmente en países como Brasil, Colombia, Perú y Venezuela.
En Brasil, gran parte de su riqueza hídrica proviene de la cuenca amazónica: el río Amazonas por sí solo descarga cerca del 20% del agua dulce fluvial que llega a los océanos del planeta.
Y en Colombia, la riqueza de agua está fuertemente influida por su ubicación andina y amazónica, además de la presencia de múltiples cuencas, lo que lo convierte en uno de los países con mayor oferta hídrica per cápita en el mundo.
La riqueza está asociada a grandes cuencas hidrográficas como la Amazonía y el Orinoco, así como a sistemas subterráneos estratégicos como el Acuífero Guaraní, que comparten Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay.
El Acuífero Guaraní, uno de los mayores reservorios de agua subterránea del mundo, se extiende por más de un millón de kilómetros cuadrados.
Esta combinación de ríos, humedales, acuíferos y bosques hace que América Latina sea un pilar fundamental para la seguridad hídrica, la biodiversidad y la resiliencia climática del planeta.
Sin embargo, “esta abundancia no significa que el agua esté asegurada”, dijo a Bloomberg Línea Mariana Zareth Nava López, líder de la Iniciativa de Reservas de Agua para América Latina y el Caribe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés). “Muchos de estos ecosistemas hoy están bajo una fuerte presión, lo que hace aún más urgente su conservación y restauración”.
En conjunto, “el gran desafío en América Latina no es solo cuánta agua tenemos, sino cómo cuidamos los ecosistemas que la sostienen y cómo la gestionamos de manera justa y resiliente frente a un clima cada vez más extremo”.
Según WWF, la mayor parte del agua dulce superficial en la región se concentra en la cuenca amazónica, compartida por varios países, y las zonas andinas generan importantes aportes de escorrentía por precipitación y deshielo.
En contraste, regiones como el norte de México, la costa pacífica de Perú y Chile, el noreste de Brasil y varias islas del Caribe donde se presentan condiciones áridas y grandes desiertos, enfrentan estrés hídrico o una alta variabilidad climática.
Esto en visión de Mariana Zareth Nava López, “genera una fuerte desconexión entre dónde está el agua y dónde se concentra la población y la demanda, planteando enormes desafíos de gobernanza, infraestructura y conservación”.
Desafíos para el agua

La vocera de WWF explicó que los principales riesgos que amenazan la sostenibilidad de las reservas de agua dulce en América Latina tienen que ver con una combinación muy “compleja” de factores.
“El primero, sin duda, es el cambio climático, que está alterando el ciclo natural del agua. Hoy vemos sequías más frecuentes e intensas, pero también lluvias extremas e inundaciones, lo que genera una gran variabilidad y dificulta la planificación del uso del agua”, apuntó Nava López.
Los efectos generados por el calor extremo amenazan los medios de subsistencia, la salud y la productividad laboral de más de mil millones de personas en el mundo, según un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
A esto se suma la deforestación y la degradación de ecosistemas como bosques, humedales y páramos, que funcionan como verdaderas esponjas naturales: almacenan, filtran y regulan el agua.
Cuando estos ecosistemas se pierden, las cuencas se vuelven más vulnerables a sequías e inundaciones.
En el caso de la Amazonía, indica que la deforestación puede incluso alterar los patrones de lluvia a escala regional, afectando zonas muy alejadas.
Otro riesgo importante es la sobreexplotación y la contaminación del agua.
En muchas regiones se extrae más agua, sobre todo subterránea, de la que la naturaleza puede recargar, y además gran parte del agua disponible se contamina por descargas sin tratar, agroquímicos o actividades extractivas, lo que reduce el acceso real al recurso.
Desde WWF advierten que todos estos problemas se agravan cuando existe una gobernanza débil del agua: falta de coordinación entre sectores, poca planeación por cuencas y conflictos entre distintos usos.
“Cuando ese equilibrio se rompe, lo que está en juego no es solo el ambiente, sino la seguridad hídrica, la producción de alimentos y la vida de millones de personas”, señaló. “Por eso, proteger el agua en América Latina es una decisión estratégica sobre el desarrollo y el futuro de la región. Sin agua, no hay desarrollo posible”, apuntó Agostina Rossi Serra, de Greenpeace.
Se estima que el valor económico de los ecosistemas de agua dulce es de unos US$58 billones, lo que equivale a cerca del 60% del PIB mundial, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).
“A pesar de que más del 70% de la superficie terrestre está cubierta de agua, nuestra seguridad hídrica se ve amenazada por la sobreexplotación de ríos, lagos y acuíferos”, advirtió la organización en un reporte 2023.
Presiones energéticas

Según un reporte de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde), si bien la región tiene una matriz mayoritariamente renovable, presenta una presión operativa.
América Latina y el Caribe alcanza un 65% de renovabilidad eléctrica, “aunque con fluctuaciones asociadas a la disponibilidad hídrica y climática”, según Olacde.
La generación eléctrica renovable en la región está liderada por la hidroelectricidad, que representa el 43,9% y constituye el pilar del sistema energético.
“El recurso hídrico es indispensable para la seguridad eléctrica de nuestros países”, dijo a Bloomberg Línea Carolina Sánchez, vocera de la Red del Gran Caribe Libre de Fósiles. “Los fenómenos de El Niño y de La Niña están alterando los patrones de lluvia”.
En general, dice que los riesgos de la pérdida de recursos hídricos en la región implican pérdida de seguridad y soberanía eléctrica, encarecimiento de la electricidad por sustitución con generación térmica fósil y retroceso en metas de descarbonización.
Barreras para un recurso vital

Según el Banco Mundial, el agua es la base de la salud, los sistemas alimentarios, la energía y de unos 1.700 millones de puestos de trabajo en todo el mundo.
Sin embargo, calcula que hay 4.000 millones de personas que sufren escasez de agua en el mundo. “La inseguridad hídrica es una crisis mundial, y los costos son enormes. La inversión pública por sí sola no puede hacer frente a la magnitud de este desafío”.
Y “la inversión privada sigue siendo limitada debido a la debilidad de los fundamentos económicos del sector, la incertidumbre normativa y la falta de proyectos financiables”, dice el Banco Mundial en una entrada en su página web.
El Banco Mundial calcula en el mundo que 2.100 millones de personas carecen de agua potable segura y que 3.400 millones de personas no tienen saneamiento gestionado de manera segura.
Asimismo, advierte que 6.500 millones de personas no podrán ser alimentadas de manera sostenible en 2050 con las actuales prácticas de gestión del agua en la agricultura.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) indicó que la crisis mundial del agua se agrava por las desigualdades de género.
En América Latina, es esencial para las tareas del hogar y de cuidado, responsabilidades que suelen recaer en las mujeres y generalmente no están remuneradas ni reconocidas.
“La incorporación de la igualdad de género en las políticas de agua de América Latina y el Caribe es viable y transformadora, pero está avanzando a paso lento y no se está multiplicando a gran escala”, explica en el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2026.
Acciones para proteger la riqueza hídrica

De cara a la protección de la riqueza hídrica en la región, Carolina Sánchez, de la Red del Gran Caribe Libre de Fósiles, ve clave seguir presionando por una mayor diversificación de las matrices eléctricas, “no solo incorporando otras tecnologías como la solar, eólica y geotérmica de baja entalpía, sino que también promoviendo regulaciones justas la generación distribuida”.
En segunda instancia, ve clave una mejor planificación eléctrica de la región.
“Estamos acostumbrados a que nuestros ministerios y sectores trabajen en silos, y la realidad climática en la que vivimos implica que los temas de agua, energía y alimentación se planifiquen en conjunto", dijo.
Y como tercera medida sugirió que los gobiernos y la sociedad civil se enfoquen seriamente en procesos de adaptación, recuperación y protección de cuencas. “Esto pasa por la necesidad de capital de largo plazo, y por lo tanto ojalá de procesos de financiamiento internacional que no impliquen creación de deuda injusta para nuestros países”.
Desde la Red Gran Caribe Libre de Fósiles, integrada por más de 20 organizaciones de la sociedad civil, advierten sobre los impactos medioambientales y económicos a los que se exponen los países de la región por una expansión descontrolada de los hidrocarburos.
En su su visión, “la expansión de los proyectos de fósiles sin duda pone en riesgo las reservas de agua, no solo por lo posibles derrames y contaminación, sino que también porque la industria del petróleo y el gas también necesita de mucha agua”.
En un reciente foro virtual, la Red Gran Caribe Libre de Fósiles advirtió que la expansión petrolera en el Caribe, impulsada por el llamado “efecto Guyana”, genera interrogantes sobre sus beneficios reales, el impacto en comunidades costeras y la presión ambiental en territorios altamente vulnerables.
Desde la experiencia de WWF, dice Mariana Zareth Nava López, uno de los instrumentos más importantes que se han impulsado es una herramienta de conservación hídrica conocida como Reservas de Agua.
En el caso de WWF México, en 2018 este instrumento se implementó mediante un decreto presidencial que abarcó 295 cuencas del país.
Esto permitió proteger cerca del 55% del agua superficial disponible en México, incluyendo la cuenca de uno de sus ríos más caudalosos: el Usumacinta.
Estas reservas de agua permiten que los ríos sigan generando servicios ecosistémicos esenciales, no solo para la naturaleza, sino también para las personas: desde el abastecimiento de agua hasta el sostenimiento de los medios de vida.
En 2025, Chile aplicó esta estrategia por su cuenta en dos cuencas.
Además, desde 2020, oficinas de WWF en Bolivia, Perú y Mesoamérica han comenzado a replicar este modelo en sus respectivos territorios.
“Asegurar un volumen de agua con significado ecológico e hidrológico es clave para prevenir la sobreexplotación del recurso”, apuntó Nava López, líder de la Iniciativa de Reservas de Agua para América Latina y el Caribe de WWF.
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