¿Cuánto cuesta disfrutar del tiempo libre en Latam? Esto revela el índice de costo del ocio

Betsson analizó 16 mercados latinoamericanos utilizando la media de horas efectivamente trabajadas y una cesta anual compuesta por comidas en restaurantes, cervezas en bares, gimnasio, entradas de cine, conciertos y más.

Por

Bloomberg Línea — La misma rutina de ocio cuesta hasta un 82% más en un país de Latinoamérica que en otro. Una cesta anual con 12 salidas a cenar, 24 cervezas, mensualidades de gimnasio, horas de alquiler de una pista de tenis, entradas de cine, conciertos y eventos deportivos cuesta US$1.683,45 en Costa Rica y US$923,61 en Bolivia.

Ver más: Estos son los países con el costo de vida más alto de Latinoamérica en 2026

Los hallazgos vienen de un estudio de la empresa sueca de apuestas online Betsson que analizó 16 países de la región latinoamericana, e identificó que disfrutar del tiempo libre cuesta un promedio de US$1.240,44 al año.

PuestoPaísCesta anual de ocio (US$)Tiempo libre potencial (h/año)Índice
1Costa Rica1.683,453.666140,7
2Brasil1.489,343.900117,0
3Honduras1.300,003.614110,2
4Uruguay1.446,124.036109,8
5República Dominicana1.351,743.828108,3
6Panamá1.383,603.963107,0
7México1.258,513.651105,7
8El Salvador1.197,483.604101,8
9Chile1.192,653.92193,2
10Colombia1.086,623.65191,2
11Ecuador1.147,483.86990,9
12Argentina1.178,824.03689,5
13Nicaragua1.152,633.96389,2
14Perú1.012,833.59486,4
15Paraguay1.042,163.72485,8
16Bolivia923,613.87473,1

El precio, sin embargo, es solo la mitad del análisis. El informe compartido a Bloomberg Línea cruzó el costo de esa cesta con el tiempo libre potencial de cada país, luego de después de descontar horas trabajadas y las ocho horas diarias de sueño.

Sobre esa relación construyó un índice de costo relativo del ocio, en el que la media regional equivale a 100. Por encima de 100, esa rutina resulta relativamente más cara; un resultado inferior indica lo contrario.

El cálculo del índice se apoya en las horas efectivamente trabajadas por país publicadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y en precios de restauración, cerveza, gimnasio, tenis y cine en la plataforma Numbeo. Para conciertos y eventos deportivos, el estudio consideró el promedio entre cinco precios por categoría y país, excluyendo entradas VIP, abonos y promociones.

Como resultado, Costa Rica encabeza el ranking con 140,7 puntos, un 40,7% sobre la media regional fijada en 100. No es casual: su cesta es la más cara de la región y sus habitantes tienen, además, menos horas potencialmente libres (3.666 al año). Lo siguen Brasil (117) y Honduras (110,2).

En el extremo opuesto, Argentina queda duodécima de 16, con 89,5 puntos, un 10,5% por debajo de la media; solo Bolivia, Paraguay, Perú y Nicaragua registran valores más bajos. La cesta argentina ronda los US$1.179 anuales, pero el país se destaca por un estimado de 4.036 horas de tiempo libre potencial, el máximo del análisis, que comparte con Uruguay y que supera en 442 horas anuales a Perú (3.594), el país con menos tiempo disponible.

Que la cesta sea cara no implica, por sí sola, un índice alto. Uruguay lo muestra, con la tercera cesta más cara (US$1.446,12) pero ocupa el cuarto puesto, detrás de Honduras, cuya cesta cuesta menos (US$1.306) y que sin embargo registra 3.610 horas libres frente a las 4.036 de Uruguay. Ese tiempo extra compensa la diferencia de precio y baja el índice a 109,8.

El caso de Argentina

Como un complemento adicional fuera del cálculo del ranking del costo del tiempo libre, Betsson encuestó en Argentina a unas 2.039 personas para saber cómo emplean, cuánto gastan y qué factores condicionan sus planes.

Ver más: Inflación en Argentina: qué espera un banco para septiembre y en qué recomienda invertir.

En los días de trabajo o estudio, ese tiempo potencial se reduce aún más. Descontados los desplazamientos, las tareas del hogar y los cuidados, el 62% de los encuestados tiene tres horas o menos para sí mismo; uno de cada tres no llega a dos, y uno de cada diez dispone de una hora o ninguna. El 28% siente, directamente, que no tiene suficiente tiempo libre.

Y cuando hay tiempo, el dinero puede cortar el plan. El precio es el motivo más citado para renunciar a una salida (35%), por delante del cansancio y de la falta de tiempo. El contexto económico acompaña ese resultado, pues en 2025, la facturación de bares y restaurantes en el país cayó entre el 15% y el 20%.

Cuando hay un rato libre, la compañía importa tanto como la actividad. Seis de cada diez encuestados pasan su tiempo libre sobre todo con su pareja o su familia, uno de cada cinco lo hace solo y apenas el 5% con amigos.

Muchas de las actividades más habituales siguen pasando por una pantalla. Ver series, películas o televisión encabeza la lista, seguida por las redes sociales.

A partir de ahí, la edad sí marca diferencias. La Generación Z se inclina por las redes y los videojuegos, y los boomers, por caminar y estar al aire libre.

FOMO y atención dividida

Otras veces, el dinero multiplica los planes. El 44% de los argentinos compró en el último año una entrada para un evento al que no pensaba asistir por miedo a quedarse fuera, el fenómeno conocido como FOMO (Fear of Missing Out, que se traduce como miedo a perderse algo).

Ver más: Repunte de tecnológicas, movido por “síndrome FOMO”, supera alerta de resultados

Las redes sociales son el detonante más citado, por delante de los descuentos y de saber que amigos o familiares asistirán.

Casi la mitad, además, aceptaría pagar por encima del precio original en una reventa, con brechas por edad (58% entre los 25 y 34 años frente al 30% entre los 55 y 64) y por sexo (49% de los hombres frente al 40% de las mujeres).

Pero estar en un evento o seguirlo desde casa no significa necesariamente prestarle toda la atención. El 45% reconoce que alguna vez ha estado más pendiente de grabar o compartir lo que ocurría que de disfrutar del momento.

La multitarea se ha normalizado como una forma de aprovechar el tiempo, y algo parecido sucede frente al televisor. Dos de cada tres encuestados usan otro dispositivo al menos algunas veces mientras siguen una transmisión en directo, una práctica que alcanza al 72% entre los 25 y 34 años y al 52% entre los 55 y 64, con WhatsApp y los mensajeros como uso principal (73%).