América Latina requiere cuatro trabajadores para producir lo mismo que un estadounidense

El BID dice que el lento crecimiento de la productividad y los altos niveles de desigualdad responden, en gran medida, a políticas laborales y sistemas de protección social que desincentivan la creación de empleo formal y más productivo.

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Bloomberg Línea — La productividad laboral de América Latina permanece estancada desde hace décadas, ampliando su rezago frente a las economías desarrolladas, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El informe señala que la región no ha logrado acelerar la producción por trabajador y mantiene una amplia brecha con mercados desarrollados como el de Estados Unidos, según el documento titulado “Hacer que los mercados laborales funcionen: mejorar la productividad y el bienestar de los trabajadores en América Latina y el Caribe”.

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“La productividad laboral, que mide la producción promedio por trabajador, lleva décadas estancada”, se lee en el documento. “El crecimiento de la productividad durante las últimas dos décadas ha sido muy lento, se ha rezagado respecto de gran parte del resto del mundo y ha ampliado la brecha de productividad con las regiones más desarrolladas”.

Como ejemplo de este rezago, el BID indica que la productividad laboral de América Latina equivale a apenas el 26% de la registrada en Estados Unidos.

Esto significa que se necesitan casi cuatro trabajadores en la región para producir lo mismo que uno estadounidense.

Según el BID, “esto resulta preocupante porque el crecimiento sostenido de la productividad es una condición necesaria para generar empleos de buena calidad”.

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“El trabajador latinoamericano suele producir menos no porque trabaje menos, sino porque cuenta con menos herramientas, tecnología, capacitación y condiciones para ser más eficiente”, dijo a este medio la académica y doctora en Economía de la Universidad del Rosario en Colombia, Clara Inés Pardo.

“La productividad es, en esencia, una medida de la eficiencia con la que se combinan el talento, el capital y la tecnología para generar valor agregado”, apuntó Pardo. “La brecha es el resultado de un conjunto de factores estructurales acumulados durante décadas”.

Entre ellos menciona la escasa inversión en capital físico y tecnológico, el limitado desarrollo de la innovación, la alta informalidad laboral, las brechas en la formación de capital humano y un entorno empresarial menos eficiente, marcado por trabas regulatorias, deficiencias de infraestructura e inseguridad jurídica, que frenan la inversión y el crecimiento.

“Mientras esa brecha estructural no se cierre, será difícil que los salarios crezcan de forma sostenida. La agenda de desarrollo para la próxima década debe centrarse menos en aumentar las horas de trabajo y más en aumentar el valor que cada hora trabajada es capaz de producir”, comentó la académica.

Desafíos de cara al futuro

Para el BID, este rezago plantea un importante desafío de cara al futuro en la medida en la que el crecimiento de la fuerza laboral se está desacelerando debido al envejecimiento de la población.

Por lo tanto, “aumentar la productividad de la fuerza laboral existente será cada vez más crítico para acelerar el crecimiento económico y mejorar el nivel de vida en la región”.

El BID dice que el lento crecimiento de la productividad y los altos niveles de desigualdad responden, en gran medida, a políticas laborales y sistemas de protección social que desincentivan la creación de empleo formal y más productivo.

“La baja productividad laboral también se debe fundamentalmente a la insuficiencia de capital humano. La falta de habilidades y talento limita la capacidad de la economía para crecer y generar empleos de buena calidad y puede representar una restricción aún más importante para el desarrollo”, indica el BID.

Desde el año 2000, la productividad y el ingreso laboral aumentaron conjuntamente en países de la región como Brasil y Bolivia.

Entre tanto, el ingreso laboral apenas creció en República Dominicana y Panamá, pese a los importantes avances del PIB por trabajador.

De acuerdo con el BID, “este hallazgo es fundamental y pone de relieve una idea central: el nivel de vida solo mejora si las ganancias de productividad se distribuyen entre los trabajadores mediante mejores salarios”.

En todo caso, los aumentos de la productividad por trabajador no se han traducido automáticamente en mayores ingresos laborales.

El ingreso laboral real creció apenas un 18% en 30 años, casi la mitad del ritmo registrado en los países más ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Los autores del documento señalan que la mayoría de los avances en los principales indicadores se han estancado desde mediados de la década de 2010, “lo que mantiene a la región lejos de converger con las economías avanzadas”.

El desafío de la informalidad laboral

La región se sigue enfrentando al mismo tiempo al desafío de la informalidad laboral.

Muestra de ello es que la proporción de trabajadores que cotizan a la seguridad social se ubicaba en el 46% en 2024.

A ese ritmo, “el país promedio tardaría más de 80 años en alcanzar niveles de formalidad comparables a los de Uruguay, el país con mejor desempeño de la región”.

En general, la informalidad continúa muy extendida y la estabilidad laboral es baja.

Según el BID, solo alrededor del 28% de los trabajadores de la región cuenta con lo que podría denominarse un empleo “estándar”.

Con esto se refiere a un puesto de trabajo asalariado en una empresa privada con cobertura de seguridad social.

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