Bloomberg Línea — Latinoamérica tiene una ventana de oportunidad para ajustar sus cuentas públicas con el aumento del precio del petróleo, pero para aprovechar este ciclo debe adoptar mecanismos de ahorro y estabilización fiscal por medio de fondos soberanos.
En los mayores productores de petróleo en Latinoamérica, la subida de los precios “es una muy buena noticia para las cuentas fiscales porque puede ofrecer un respiro para algunos países”, dijo a Bloomberg Línea Sebastián Nieto Parra, jefe de la división de Dinámicas de Desarrollo Regional en Latinoamérica, Asia y África en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
En la región, Brasil, México, Colombia, Ecuador y Guyana contribuyen con un 93,6% de las exportaciones de petróleo, que el jueves volvía a superar brevemente los US$100 por barril ante la creciente preocupación por el conflicto de Irán.
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Latinoamérica enfrenta un nuevo período de bajo crecimiento, con altos niveles de deuda pública.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que la deuda pública promedio en la región se sitúa en el 59% del PIB. Las proyecciones, de acuerdo con el BID, oscilan entre el 57% y el 66% del PIB para 2028 en escenarios base y de estrés.
Entre tanto, el aumento en los pagos de intereses ya ejerce una presión creciente sobre las finanzas públicas y las cuentas externas.
“En escenarios anteriores de altos precios de materias primas, en particular del petróleo, veíamos que eso impacta muy bien las finanzas públicas por el lado de ingresos fiscales no vinculados a los impuestos”, apuntó el especialista de la OCDE en entrevista con Bloomberg Línea.
Nieto Parra recordó que, en períodos de altos precios de materias primas, como en 2011 y 2012, los ingresos tributarios vinculados al petróleo en América Latina y el Caribe llegaron a situarse cerca del 6% del PIB.
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En 2022, estos ingresos tributarios alcanzaron cerca del 3,4% del PIB en la región, mientras que en 2024 representaron alrededor del 3%.
En algunos países la dependencia fiscal del petróleo es particularmente alta.
En Guyana y Ecuador, por ejemplo, los ingresos asociados a los hidrocarburos representaron cerca del 10% del PIB en 2022, mientras que en Bolivia fueron cercanos al 4%. En México representaron el 2,2%, en Colombia el 2,1% y en Brasil el 1,8%.
Nieto Parra señaló que la región presenta “una alta heterogeneidad” en su exposición a los movimientos del mercado energético.
Según el especialista, países pequeños y altamente dependientes del petróleo, como Guyana y Trinidad y Tobago, tienden a beneficiarse cuando suben los precios del crudo, ya que su desempeño económico está estrechamente ligado a la evolución del mercado petrolero.
En el caso de Brasil, la economía más grande del continente, el efecto de un petróleo más caro también puede ser positivo a medida que su producción se expande. “Sin duda alguna tiene un efecto positivo en el PIB del país”, apuntó Nieto Parra.
De acuerdo con estimaciones citadas por el economista de la OCDE, un aumento del 10% en el precio del petróleo podría traducirse en un crecimiento adicional de alrededor de 0,1% de mayor crecimiento del PIB brasileño.
En la otra cara, el economista advirtió que el aumento del precio del petróleo también puede tener efectos inflacionarios. “Hay países en los que, sin duda, se ve el efecto (de un petróleo más caro) y ahí tenemos que seguir monitoreando de cerca el impacto también sobre la inflación”, apuntó.
El economista ve el riesgo de que el aumento se transmita sobre la inflación subyacente en los países más expuestos en Latinoamérica.
Por lo anterior, considera clave que los bancos centrales dispongan de “marcos creíbles” de política monetaria para mantener ancladas las expectativas inflacionarias objetivo.
En contextos de incertidumbre global, además, suele producirse un movimiento de los inversionistas hacia activos considerados refugio.
Nieto Parra señaló que en esos momentos aumenta la demanda por activos como el dólar o los metales preciosos, lo que puede generar volatilidad cambiaria.
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Importadores enfrentan mayores presiones
El especialista de la OCDE, que ha coordinado los reportes sobre las Estadísticas Tributarias de América Latina y el Caribe en la organización, dice que el impacto para los países importadores también es mixto en la balanza de cuenta corriente y en términos inflacionarios.
En la región, Brasil, Chile y Perú concentran el 86,9% del total regional de las importaciones de crudo.
En Perú, por ejemplo, el banco español BBVA ha advertido sobre un mayor riesgo inflacionario ante el alza de los combustibles por el repunte del petróleo global.
En todo caso, los analistas del BBVA anticipan que estos factores “tendrán una incidencia mayormente transitoria” sobre los precios, como ha ocurrido en ocasiones anteriores.
El efecto dependerá también de la duración de las disrupciones en el mercado energético, especialmente si se prolongan las tensiones que afectan el tránsito por el Estrecho de Ormuz.
Aun así, el economista de la OCDE destacó que América Latina cuenta con una ventaja relativa en materia energética debido a su creciente participación en energías renovables, lo que puede ayudar a mitigar parcialmente el impacto de los altos precios del petróleo en el sistema energético.
Sin embargo, recordó que el crudo sigue siendo un insumo clave para distintos procesos industriales, por lo que su encarecimiento termina afectando a varios sectores productivos.
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¿Cómo aprovechar el petróleo encima de US$100?
Ante eventuales ciclos de altos precios del petróleo, Nieto Parra consideró que los países de la región pueden aprovechar mejor estos recursos mediante mecanismos de ahorro y estabilización fiscal.
En ese sentido, destacó el papel de los fondos soberanos, que permiten suavizar las fluctuaciones del ciclo de materias primas, evitar presiones excesivas sobre el tipo de cambio y canalizar recursos hacia inversiones de mediano y largo plazo.
Los fondos soberanos permiten gestionar mejor los sobresaltos en los precios de materias primas como el petróleo y apoyar inversiones que ayuden a cerrar brechas importantes de infraestructura en la región, explicó.
En Guyana, por ejemplo, los sustanciales ingresos del petróleo se depositan en el Fondo de Recursos Naturales (NRF, en inglés), un instrumento para gestionar los recursos provenientes del crudo, con una parte que se pone a disposición para el gasto presupuestario de acuerdo con las reglas de retiro en la Ley NRF 2021.
Estos ingresos provenientes de los hidrocarburos se mantienen fuera de la economía para mitigar los posibles efectos del mal holandés y los retiros están definidos a través de Ley del NRF, lo que permite transferencias presupuestarias de aproximadamente el 13% del PIB no petrolero (y alrededor del 35% de los ingresos fiscales) entre 2022 y 2026.
El economista añadió que estos instrumentos se han desarrollado en varios países de América Latina y que su fortalecimiento puede ser clave para administrar de forma más eficiente los ingresos derivados de los recursos naturales.
El economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Jonathan Fortún, ha explicado a Bloomberg Línea que un shock transitorio de los precios del petróleo puede convertirse en un facilitador de diversificación si se utiliza para inversión pública de alto retorno, fortalecimiento de balances soberanos y reducción de incertidumbre macro, especialmente en energía, logística y reglas de inversión.
“En cambio, si se canaliza hacia gasto corriente permanente, subsidios generalizados o expansión estructural de transferencias, lo más probable es que la diversificación se retrase y que la próxima corrección sea más dolorosa”, dijo Fortun.
El riesgo detrás es lo que en la teoría económica se denomina “enfermedad holandesa”, que puede ocurrir cuando un shock positivo de commodities eleva de forma persistente los términos de intercambio, la moneda tiende a apreciarse en términos reales, los recursos se desplazan hacia el sector extractivo y hacia no transables, y la competitividad de manufactura y servicios transables distintos a materias primas se erosiona.
“Hay tres mecanismos claros. Primero, el canal cambiario. Una apreciación real sostenida encarece exportaciones no tradicionales y reduce incentivos a invertir en sectores más intensivos en tecnología o productividad”, anotó Fortun.
En segunda instancia se refirió al canal fiscal: si el aumento de ingresos se traduce en mayor gasto corriente permanente en lugar de ahorro o inversión productiva, la estructura económica se vuelve más dependiente de rentas volátiles.
Y por último mencionó los posibles efectos de transmisión por un canal político, dado que, en su opinión, las bonanzas tienden a reducir la urgencia de reformas en competencia, mercado laboral, infraestructura o clima de inversión.
“La buena noticia es que no es un destino, es una decisión de política”, comentó Fortun. “La experiencia de la región en el ciclo de los 2000 muestra ambas caras. En algunos casos se redujo deuda y se acumularon reservas, mejorando resiliencia”.
En otros temas, apuntó que el aumento de compromisos permanentes amplificó vulnerabilidades cuando los precios cayeron. “Un nuevo ciclo alcista del crudo puede abrir una ventana, pero sin disciplina fiscal y visión de largo plazo el riesgo de enfermedad holandesa vuelve rápidamente”.
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