Bloomberg Línea — Un aumento persistente en los precios de los hidrocarburos golpearía con mayor fuerza a las economías importadoras netas de combustibles, donde la generación eléctrica y la logística aún dependen en gran medida del petróleo y sus derivados.
América Latina inició el 2026 con alivio en las tarifas eléctricas, pero la escalada del conflicto en Irán amenaza con encarecer la energía y revertir esa tendencia.
En términos generales, “el alto precio del petróleo ha generado un aumento en los combustibles, debido a que el conflicto entre Irán y Estados Unidos se ha prolongado y está entrando en su tercer mes, afectando el tránsito por el estrecho de Ormuz”, dijo a Bloomberg Línea el analista financiero Gregorio Gandini.
Explicó que este impacto se ha venido amortiguando gracias al uso de inventarios y reservas estratégicas de los países, pero eventualmente se sentirá y afectará a los países región.
La forma en que impacte dependerá de su matriz energética y de si son o no productores de petróleo.
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“En países no productores de petróleo y que no refinan toda su gasolina se esperaría que sea mayor” la transmisión inflacionaria en los costos energéticos, explicó Gandini.
El economista del Instituto Internacional de Finanzas (IIF), Jonathan Fortun, dijo que los más expuestos serían los importadores netos de combustibles y las economías donde el componente eléctrico o logístico depende más de hidrocarburos. “Ahí entran Chile, Perú, en cierta medida Uruguay, varios países de Centroamérica y buena parte del Caribe”.
En su opinión, Bolivia “también debería estar en la conversación, aunque por un canal distinto. El país ya llega con presión fiscal, escasez de divisas, subsidios a combustibles y una brecha cambiaria elevada”.
En ese contexto, explica que un shock externo de hidrocarburos no solo presiona precios, sino que también complica el financiamiento de importaciones, aumenta el costo cuasifiscal de sostener subsidios y puede alimentar expectativas de inflación si el mercado percibe que el esquema es cada vez más difícil de sostener.
Y “Colombia merece atención por los rezagos en precios internos de combustibles y el costo fiscal de mantenerlos contenidos. Si el shock persiste, el ajuste puede aparecer gradualmente en combustibles, transporte o cuentas públicas”.
En México y Brasil el impacto puede ser más administrado por la escala de sus mercados, la presencia de empresas estatales relevantes y la capacidad de suavizar precios internos. “Pero no están aislados. Con hidrocarburos persistentemente más caros, también habría presión sobre combustibles, electricidad, transporte y costos de producción”.
Giro en el balance de riesgos
Fortun cree que el conflicto en Irán cambia el balance de riesgos hacia adelante. “No esperaría un salto uniforme e inmediato de la inflación energética en toda América Latina, pero sí un sesgo alcista más claro y mayor volatilidad”.
“Los PMI globales ya vienen mostrando más presión sobre costos, con empresas reportando aumentos en insumos, energía, transporte y logística”, según Fortun. “Eso importa porque el shock no se queda solo en el precio del crudo. Cuando suben los hidrocarburos, también se encarecen cadenas de producción, fletes, electricidad y márgenes empresariales”.
En América Latina la transmisión será muy desigual.
Algunos países todavía tienen subsidios, fondos de estabilización o rezagos en tarifas de combustibles y electricidad.
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Según Fortun, “eso puede suavizar el golpe inicial en el IPC, pero no elimina el costo. En muchos casos solo lo mueve hacia las cuentas fiscales, las empresas públicas o ajustes tarifarios más adelante”.
“También hay que mirar el canal eléctrico. En varios países de la región una parte importante de la generación todavía depende de hidrocarburos, por lo que un shock persistente en petróleo, gas o combustibles líquidos puede terminar afectando tarifas, transporte, logística, costos de producción y alimentos”, anotó.
En ese sentido, dijo que el pass through hacia la inflación general es esperable, aunque dependerá del régimen de precios internos, del tipo de cambio y del margen que tengan gobiernos y bancos centrales para absorber el golpe.
La Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde) dice que la región comenzó el año con una variación negativa del -0,11% en los precios energéticos.
Olacde informó que este comportamiento responde principalmente al fortalecimiento de la generación renovable —especialmente hidráulica y solar— y a ajustes estratégicos en los subsidios eléctricos en 11 de los 20 países analizados.
Según el reporte, la infraestructura energética regional no solo avanza hacia la descarbonización, sino que actúa como un amortiguador crítico frente a la volatilidad de los precios externos, estabilizando los costos marginales de operación.
“Este descenso, que contrasta con el incremento de la inflación general (0,35%), marca una tendencia de alivio en los costos energéticos para los consumidores regionales antes de las recientes presiones en los mercados internacionales”, dice el reporte de Olacde.
Mientras la energía bajó, rubros como alimentos, salud y educación impulsaron la inflación total al alza.
A comienzos de año, el 55% de los países de la región registraron una disminución neta en sus precios de energía.
“Debido a los eventos bélicos en el Golfo Pérsico, la crisis energética ha significado una gran disrupción en el suministro, con un impacto en materia de provisión de energía, particularmente petróleo, que ha impactado en los precios internos en los países de América Latina, de diversas formas, pero en general hacia el alza”, dijo a Bloomberg Línea Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo OLACDE.
“Y este impacto ha sido matizado y amortiguado; y ha dependido de políticas fiscales; de subsidios y exención de impuestos”.
A pesar del alivio temporal en las tarifas eléctricas a inicio de 2026, el efecto de la guerra en Irán y sus impactos inflacionarios podrían cambiar el rumbo de las tarifas.
Estudios realizados en Olacde indican que un aumento permanente de US$10 en el barril de petróleo significará un incremento en la inflación promedio en la región en torno a 0,2 puntos. En algunos casos “ya estamos visualizando y experimentando lo que ha sido el IPC, la inflación, en los últimos meses en nuestra región”, manifestó Andrés Rebolledo.
Citi (C) advirtió sobre los riesgos de estanflación en Latinoamérica por cuenta de la guerra en Medio Oriente, que impacta las perspectivas de crecimiento y la inflación mundial.
“Ya se está empezando a notar el viento estanflacionario que nos trae Irán, menos crecimiento y más inflación”, dijo en una reciente presentación virtual de proyecciones el economista jefe de Citi para América Latina, Ernesto Revilla.
Revilla expuso que algunos analistas consideran que este podría ser "el choque más importante en el mercado del crudo desde la década de 1970," dada la relevancia de esa región para la producción y el papel del estrecho de Ormuz en el tránsito del petróleo.
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Proyecciones inflacionarias
El FMI señala que mientras el impacto en la actividad económica variará ampliamente entre países, el golpe a la inflación será más uniforme.
“La inflación será más alta para todos. La región enfrentará costos mucho más elevados de combustible, transporte, alimentos y otros insumos”, dice el documento.
Según las proyecciones del organismo, entre los países analizados en la región la inflación será más alta en 2026 en Argentina (25%), Bolivia (26,1%) y Venezuela (220%).
En Colombia, la proyección es que la inflación llegue a 6,3% este año, en Uruguay al 4,5%, en Brasil al 4,3%, en Chile al 3,6%, en Paraguay al 3,5%, en Ecuador al 3% y en Perú al 2,5%, según el FMI.
En Centroamérica, la inflación llegaría al 4,8% en Honduras, al 3,9% en Guatemala, al 2,5% en El Salvador y al 1% en Costa Rica. En el Caribe, en República Dominicana la inflación llegaría al 4,5%.
La estimación es que en América Latina y el Caribe la inflación llegue al 6,6% en 2026 y a 4,2% en el 2027.
El informe detalló que el aumento de la inflación generará dificultades para aquellas familias que menos pueden afrontar el aumento del costo de estos bienes esenciales.
En este sentido, el FMI dice que este conflicto crea un desafío renovado y altamente impredecible en un momento en que la región estaba trabajando para recuperarse de las consecuencias de la Covid-19.
Como resultado, “los riesgos a la baja han aumentado para la región del Hemisferio Occidental, especialmente dado que es difícil tener una visión clara sobre si el actual alto el fuego se mantendrá”.
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