Inflación amenaza de nuevo a América Latina: los países que estarían más expuestos a esta ola

Aun si el choque inicial se modera, los precios de la energía y sus efectos derivados tienden a persistir, retrasando el proceso desinflacionario. América Latina nuevamente está expuesta a estos choques.

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Bloomberg Línea — La inflación en América Latina entra en una fase menos homogénea y más persistente en medio de la guerra en Medio Oriente, en la que el problema ya no es un choque generalizado, sino la forma en que se filtra en expectativas, costos y decisiones de política monetaria.

La inflación vuelve a ser un problema dado el nuevo choque energético externo que está reactivando presiones en economías de América Latina donde aún no estaba del todo controlada .

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La directora de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado de Bancolombia, Laura Clavijo, considera que las dos vías de transmisión de la inflación más relevantes hasta ahora han sido el aumento de los precios del petróleo y de los fertilizantes.

El conflicto en Medio Oriente elevó el precio del petróleo referencia Brent desde los US$75 por barril a cerca de los US$90 - US$100, encareciendo el precio de los combustibles y por ende del transporte.

Asimismo, se evidencia la transmisión del choque vía fertilizantes como resultado del aumento del precio de la urea, lo que según proyecta generaría un aumento en los costos agrícolas con regazos de 2-4 meses.

Según Clavijo, este encarecimiento agrícola amplifica el impacto inflacionario debido a la alta incidencia de los alimentos en la canasta del IPC en los países de América Latina, con pesos de entre 20% y 35% del total.

Entre los principales riesgos en América Latina, dice que la inflación podría estabilizarse en rangos de 4%–6%, alejándose de las metas de los bancos centrales y presionando las expectativas ante mayores costos en energía y alimentos que aumentan el riesgo de indexación en salarios y contratos.

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Particularmente, el encarecimiento de alimentos y transporte reduce el ingreso real y modera el consumo. Esto daría un menor margen para recortes de tasas, con lo que bancos centrales tenderían a pausar o desacelerar el ciclo de flexibilización.

Y ante una posible persistencia inflacionaria, los efectos de segunda ronda pueden extender el choque más allá de su origen.

“La inflación vuelve a convertirse en un desafío relevante para América Latina, no porque la región haya perdido de golpe todo lo avanzado en desinflación, sino porque entra en una fase en la que el problema ya no es solo el shock inicial, sino su persistencia y su difusión”, dijo a Bloomberg Línea el economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Jonathan Fortun.

El escenario base que prevé para la inflación el economista de esta asociación mundial de bancos e instituciones financieras no es de normalización rápida, sino de “alivio frágil”.

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Considera que aun si baja algo la tensión global más visible, la región probablemente seguirá enfrentando durante varios trimestres un entorno de costos todavía altos, expectativas más sensibles y mercados bastante más selectivos al momento de diferenciar entre economías con credibilidad y economías con fragilidad.

Para la Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado de la entidad financiera Bancolombia, aun si el choque inicial se modera, los precios de la energía y sus efectos derivados tienden a persistir, retrasando el proceso desinflacionario.

Incluso con menor tensión geopolítica, consideran que el Brent difícilmente caería por debajo de US$80 por barril en el corto plazo.

Además, los mayores costos de fertilizantes ya incorporados seguirán presionando los precios agrícolas.

En este contexto, se anticipa una prima de riesgo persistente, en la medida en que los episodios recientes elevan la percepción de riesgo geopolítico, la cual no se incorpora de forma inmediata en los precios.

Asimismo, se espera un ajuste gradual de las expectativas y del tipo de cambio, dado que, según los analistas, estos canales suelen reaccionar con mayor rezago que los precios de los commodities.

Los países que más podrían sufrir con la inflación

La magnitud del golpe de esta nueva ola inflacionaria “dependerá de las condiciones iniciales de cada economía”, dijo a Bloomberg Línea Martín Calveira, profesor de Macroeconomía de la Universidad Austral, en Argentina. “No es lo mismo los casos de Colombia, Perú y Uruguay que Venezuela y Argentina, salvando el orden de magnitudes de cada caso”.

Según Calveira, los países más afectados serán los que tengan menor espacio de gestión sobre el aumento de precios fundamentales de la economía, como es el caso de la energía.

“Países con memoria inflacionaria reciente o que presenten pocos recursos para administrar un aumento temporal de los precios de importación de insumos estarán más afectados, pues trasladarán tensiones a otros mercados a través del aumento de costos. Argentina se sitúa en el primer caso”, opinó.

Para el economista del IIF, Jonathan Fortun, en medio de los choques globales, América Latina enfrenta una etapa de fuerte diferenciación.

Los países en donde el shock externo se superpone con expectativas menos ancladas, rigideces internas y menor espacio de política van a sufrir más”, dijo Fortun. “Los que conservan mejores anclas monetarias y fiscales podrán amortiguar mejor el golpe, aunque tampoco saldrán ilesos”, indicó.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido que la región enfrentará costos mucho más elevados de combustible, transporte, alimentos y otros insumos por cuenta de la guerra.

La estimación es que en América Latina y el Caribe la inflación llegue al 6,6% en 2026 y a 4,2% en el 2027.

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Según las proyecciones del organismo, entre los países analizados en la región la inflación será más alta en 2026 en Argentina (25%), Bolivia (26,1%) y Venezuela (220%).

En Colombia, la proyección es que la inflación llegue a 6,3% este año, en Uruguay al 4,5%, en Brasil al 4,3%, en México al 3,9%, en Chile al 3,6%, en Paraguay al 3,5%, en Ecuador al 3% y en Perú al 2,5%, según el FMI.

En Centroamérica, la inflación llegaría al 4,8% en Honduras, al 3,9% en Guatemala, al 2,5% en El Salvador y al 1% en Costa Rica. En el Caribe, en República Dominicana la inflación llegaría al 4,5%.

En visión de Fortun, el mapa regional se puede leer en tres grupos.

Un primer grupo de economías como Brasil y México donde el problema principal es el desanclaje parcial de expectativas y la dificultad de relajar política monetaria sin arriesgar credibilidad.

Un segundo grupo donde la inflación ya es más persistente porque se mezcla con indexación, salarios, alimentos y fragilidad fiscal. “Colombia encaja muy bien ahí, y Bolivia de forma todavía más incómoda por sus desequilibrios cambiarios y fiscales”, dijo.

Y un tercer grupo integrado por países como Chile en donde las anclas macro son mejores, pero el shock igual puede dejar cicatrices en actividad y precios si se prolonga.

“Argentina está algo fuera de esa taxonomía porque sigue atravesando un proceso de desinflación de muy alta nominalidad, donde el riesgo principal no es tanto volver a un régimen normal de inflación moderada, sino que la convergencia siga siendo irregular y vulnerable a nuevos shocks”, apuntó Fortun.

“Por eso el riesgo concreto para la región no es simplemente una inflación un poco más alta. Es una combinación más difícil: inflación más pegajosa, tasas altas por más tiempo y crecimiento menos dinámico”, remató.

Sectores más expuestos

Ante la persistencia inflacionaria en la región, los sectores más expuestos incluyen alimentos, dada la dependencia natural de fertilizantes y transporte.

En energía, el impacto es directo e inmediato en precios regulados y costos productivos.

En consumo se anticipa un deterioro del ingreso real, con efecto contractivo sobre la demanda.

Entre tanto, en el sector financiero se prevén tasas altas por más tiempo que presionan el crédito y la calidad de cartera. En general, se espera que el acceso a capital sea más selectivo y los spreads tiendan a ampliarse.

“No es un escenario de cierre total de mercados, pero sí uno en el que los inversionistas castigan fragilidad y premian credibilidad con bastante más rapidez”, según Fortun.

El economista Fortun detalla que incluso si el conflicto global pierde intensidad, no asumiría que la presión desaparece automáticamente. “El problema para América Latina es que el shock ya no opera solo por la vía más obvia. Ya se está filtrando a costos, expectativas y decisiones de política”, apuntó.

Eso hace que, aun con menos tensión internacional, la inflación pueda bajar más lento que antes.

A su juicio, la respuesta de política monetaria tendrá que ser mucho más precisa que expansiva. “Los bancos centrales no pueden tratar este episodio como si fuera enteramente transitorio, pero tampoco conviene reaccionar mecánicamente a cada movimiento de corto plazo. La clave será proteger expectativas”.

“Donde la credibilidad siga firme, habrá más margen para convivir con una desaceleración sin perder el ancla. Donde las expectativas ya estén tensionadas, el espacio será mucho menor”, apuntó Fortun.

En lo fiscal, considera que la respuesta útil no pasa por subsidios amplios y permanentes, sino por medidas focalizadas, temporales y financiables, concentradas en hogares vulnerables y en evitar dislocaciones severas en alimentos y transporte.

Entre las medidas para contener el nuevo brote inflacionario, desde la Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado de Bancolombia proponen:

  • Política monetaria prudente: mantener un enfoque dependiente de datos y evitar recortes prematuros que desanclen expectativas.
  • Política fiscal focalizada: priorizar subsidios temporales en energía y alimentos, evitando estímulos generalizados que presionen la demanda.
  • Anclaje de expectativas: comunicación clara para limitar efectos de segunda ronda.
  • Medidas estructurales: reducir dependencia de fertilizantes importados y mejorar eficiencia logística para contener costos.

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