Los 10 cambios de Trump en la relación de EE.UU. y Latinoamérica en su primer año de Gobierno

El segundo mandato de Donald Trump introdujo un giro estructural en el vínculo con Latinoamérica. Estos son los 10 cambios clave en relación con la región.

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Bloomberg Línea — El primer año del segundo mandato de Donald Trump marcó un giro en la relación entre Estados Unidos y América Latina, al transformar el histórico vínculo económico en una herramienta de coerción estratégica que condiciona el comercio, inversión, sanciones y migración al alineamiento político.

Este nuevo período está definido por “el tránsito desde un esquema de integración económica imperfecta, pero predecible, hacia un modelo abiertamente instrumental”, dijo a Bloomberg Línea Edmundo Sandoval, director asociado de Análisis y Riesgo Global de la consultora Control Risks en México. “El vínculo económico deja de ser un fin y se convierte en un mecanismo de coerción estratégica”.

Explica que áreas como el comercio, inversión, sanciones, migración y cooperación en seguridad "han sido integrados en una sola arquitectura de presión, en la que el acceso a beneficios económicos queda explícitamente subordinado al alineamiento político y al cumplimiento operativo en prioridades definidas unilateralmente por Washington".

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Durante el primer año de su segundo mandato, Trump afianzó sus relaciones con gobiernos afines a la agenda de los republicanos, como el de Javier Milei, en Argentina, o el de Nayib Bukele, en El Salvador.

Mientras tanto, aumentó la división con los Gobiernos de izquierda, especialmente el de Colombia, tras las operaciones militares en Venezuela.

“El primer año de Trump reconfiguró los principales canales económicos entre Estados Unidos y América Latina”, dijo a Bloomberg Línea Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF). “Comercio, finanzas, migración y recursos naturales dejaron de operar de forma separada y comenzaron a interactuar en un entorno de dólar más débil y mercados más sensibles a la política”.

Fortun detalla que el resultado no fue un shock uniforme sobre el crecimiento regional, sino una redistribución de precios relativos, flujos de capital y primas de riesgo país por país, con implicaciones duraderas para inversión, financiamiento y estabilidad macroeconómica en la región.

1. “Doctrina Donroe”

La administración Trump formalizó este giro en su Estrategia de Seguridad Nacional, en la que reintrodujo una reinterpretación de la Doctrina Monroe, conocida en su versión renovada como la “Doctrina Donroe”.

El objetivo es consolidar el control geopolítico del hemisferio occidental, frenar la expansión de China y limitar la influencia de Rusia e Irán.

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“A diferencia del enfoque original del siglo XIX, esta versión no se limita a rechazar injerencias externas, sino que adopta una postura activa de intervención en asuntos políticos, económicos y de seguridad de la región”, dijo el analista internacional Roberto Pérez, profesor de Macroeconomía de la Universidad del Rosario, en Colombia.

Bajo esta lógica, señala que Washington se muestra dispuesto a utilizar instrumentos comerciales, migratorios, financieros e incluso militares para influir directamente en las decisiones de los Gobiernos latinoamericanos. “El objetivo principal es detener el avance de la influencia de China en la región”.

2. Influencia en Latinoamérica es una prioridad

La estrategia de seguridad estadounidense situó explícitamente a la región como prioridad ante la amenaza de ciertos ejes desestabilizadores para sus intereses.

Este enfoque respondería a un interés particular por aprovechar las cadenas de suministro regionales y políticamente alineadas en un contexto de competencia con China.

Desde un punto de vista económico, Fortun señala que esto elevó el valor estratégico de América Latina como proveedor de insumos críticos.

Además de ser un jugador petrolero estratégico, la región concentra cerca de 60% de las reservas identificadas de litio, produce alrededor de 45% del cobre mundial y tiene potencial relevante en tierras raras, particularmente en Brasil, explica el analista del IIF.

3. Trump aplica un trato diferenciado a sus aliados

Fortun dice que Estados Unidos dejó de tratar a la región como un bloque y pasó a interactuar país por país, según su alineamiento político, cooperación en seguridad y valor estratégico.

En este mismo orden, el shock arancelario no afectó de forma homogénea a América Latina y reordenó los flujos comerciales dentro de la región.

En Venezuela, “el enfoque coercitivo se intensificó y la captura de Nicolás Maduro marcó un quiebre geopolítico con efectos macroeconómicos inmediatos, incluyendo mayor presión cambiaria, aislamiento financiero y deterioro de expectativas", dijo Fortun.

Ya en el extremo opuesto, Argentina se benefició de un alineamiento explícito que ayudó a estabilizar condiciones financieras durante el ajuste macroeconómico.

Y Colombia quedó en una posición intermedia, sin sanciones formales, pero con mayor sensibilidad de mercado a señales desde Washington.

Para Jonathan Fortun, tras la victoria de José Antonio Kast en las elecciones presidenciales, Chile pasó a ser percibido como un socio más cercano en seguridad y recursos estratégicos, manteniendo al mismo tiempo una estrategia comercial pragmática dada su elevada exposición a China.

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4. EE.UU. es una fuente persistente de riesgo

La renovada agenda de EE.UU. en la región ha erosionado la previsibilidad del vínculo con América Latina

Edmundo Sandoval, de la consultora Control Risks, señala que el uso discrecional de reglas, las amenazas arancelarias y la reinterpretación política de acuerdos han convertido al comercio con Estados Unidos en una fuente permanente de riesgo.

En economías altamente integradas a las cadenas de EE.UU., como México, detalló que el riesgo político estadounidense ya influye en las decisiones de inversión, debilitando el nearshoring y orientando el capital hacia proyectos de corto plazo y menor capacidad productiva.

5. Fragmentación

Control Risk explica que la agenda de Trump y su política de sanciones han tenido como uno de sus principales efectos la fragmentación de los mercados.

El analista Edmundo Sandoval expresó que “la expansión de medidas contra redes energéticas, financieras y criminales vinculadas a Venezuela y a los grupos del crimen organizado (designados como terroristas en febrero de 2025) no solo busca aislar a actores específicos, sino que reconfigura el entorno operativo regional”.

Esto ha elevado los costos de cumplimiento, seguros y financiamiento para empresas que, aun sin ser objetivo directo, operan dentro del alcance de esas sanciones.

Desde la firma consultora señalan que el efecto va más allá de la disuasión y termina siendo desintegrador, al incentivar la creación de circuitos comerciales, logísticos y financieros paralelos, cada vez menos anclados al sistema estadounidense.

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6. La inversión se politiza (y diversifica)

En este contexto de cambios, los flujos de inversión también han comenzado a reflejar un reequilibrio más profundo.

A medida que el capital estadounidense se vuelve más condicionado y políticamente selectivo, pierde su papel como referencia neutral para el crecimiento regional, según el analista de Control Risk.

Esto incluye el financiamiento al desarrollo y la asistencia en seguridad.

En este marco, Latinoamérica ha avanzado en la diversificación de sus fuentes de financiamiento hacia China, Medio Oriente y Europa, “no por afinidad ideológica, sino por gestión de riesgo”, explicó Edmundo Sandoval.

A su juicio, el resultado es una reducción gradual, pero estructural, de la capacidad de Estados Unidos para moldear estándares regulatorios, gobernanza sectorial y reformas institucionales a través del vínculo económico.

En este marco, China se ha consolidado como el principal socio comercial de América Latina, apoyada en grandes inversiones en infraestructura estratégica como el puerto de Chancay en Perú.

Roberto Pérez, profesor de la Universidad del Rosario, dice que el intento de desplazar a Pekín sin ofrecer alternativas concretas de creación de comercio, empleo e inversión “puede debilitar la efectividad de la estrategia estadounidense y reforzar la percepción de que Washington carece de una propuesta económica sustitutiva”.

7. La política de la migración

Para Edmundo Sandoval, la dimensión migratoria hace parte del círculo de presiones.

La migración y la seguridad dejaron de ser temas estrictamente sociales y pasaron a integrarse a la relación económica con Estados Unidos.

Es así que las decisiones sobre control migratorio y cooperación fronteriza tuvieron efectos macroeconómicos sobre ingresos, consumo y cuentas externas.

“El endurecimiento de la política estadounidense no elimina los flujos, sino que redistribuye sus costos”, dijo el analista de Control Risk, Edmundo Sandoval. “Países de origen y tránsito absorben una mayor carga fiscal, laboral y de seguridad, en contextos de limitada capacidad estatal”.

La externalización de costos tendría efectos económicos indirectos ante una mayor informalidad, presión sobre servicios públicos y un entorno más propicio para la expansión del crimen organizado, lo que a su vez podría deteriorar el clima de inversión y elevar primas de riesgo soberano y subnacional.

8. Se redefine el cálculo estratégico

En conjunto, “la securitización de la política económica estadounidense está redefiniendo el cálculo estratégico de América Latina”, analiza Sandoval, el especialista de Control Risk.

Expone que la región ya no responde buscando mayor alineación, sino construyendo estrategias de cobertura.

En el actual escenario, las economías de Latinoamérica apuntan a preservar el acceso al mercado estadounidense mientras se reduce la dependencia estructural de sus decisiones políticas.

“Esta adaptación ofrece resiliencia frente a choques exógenos, pero tiene un costo claro: limita economías de escala, transferencia tecnológica y esquemas coordinados de seguridad que históricamente acompañaron una integración más profunda”, apuntó Sandoval.

Concluyó que lo que emerge no es una ruptura, sino algo más duradero y más relevante: una relación funcional, asimétrica y crecientemente transaccional, marcada menos por la convergencia que por la gestión permanente del riesgo.

9. Transmisión financiera

Fortun dijo que otro cambio central fue que la relación con Estados Unidos empezó a transmitirse de forma directa a través de los mercados financieros.

Según el analista del Instituto de Finanzas Internacionales, las señales de política fiscal, comercial y monetaria desde Washington influyeron en expectativas de tasas, en el comportamiento del dólar y en el apetito por riesgo global.

En ese contexto, expuso que la debilidad del dólar durante buena parte del año actuó como un viento de cola para América Latina, relajando condiciones financieras y facilitando flujos hacia activos emergentes.

“El impacto fue especialmente visible en la deuda en moneda local. Varios países registraron entradas sostenidas de capital apoyadas en diferenciales de tasas aún atractivos y una menor presión cambiaria”, según Fortun. “Este canal ayudó a estabilizar monedas, moderar inflación importada y reducir costos de financiamiento doméstico”.

10. Acciones militares marcaron precedentes

La política de EE.UU. hacia Venezuela en el segundo mandato de Trump marcó un quiebre regional al pasar de la diplomacia a una intervención directa, centrada en el control estratégico y energético.

Roberto Pérez señala que la intervención no fue presentada como un esfuerzo explícito de restaurar la democracia o mejorar las condiciones económicas locales, sino como una acción enfocada en el potencial energético y estratégico venezolano.

Trump ha enfatizado la importancia de involucrar a grandes petroleras en la reconstrucción de la producción y ha enmarcado la medida como parte de una defensa del hemisferio occidental frente a amenazas como el narcotráfico y la influencia de potencias rivales.

“Esta postura transaccional refuerza la percepción de una intervención guiada por la búsqueda de control de recursos más que por la promoción de valores democráticos, generando inquietud entre gobiernos sobre los fines geoeconómicos reales de la política estadounidense en la región”, dijo Pérez, de la Universidad El Rosario.

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