Bloomberg Línea — Un evento extremo de El Niño, o Súper El Niño, provocaría la pérdida acumulada de al menos el 2% del Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina y el Caribe en los próximos tres años —y del 1% solo en el primer año—, según estimaciones de la Cepal publicadas en un informe el 21 de septiembre.
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También conduciría al incremento de la pobreza, con 4,8 millones de habitantes adicionales en esta condición antes de 2030. Y generaría una vulnerabilidad crítica en sectores clave de la economía: energía, pesca, agricultura, entre otros.
Un “Súper El Niño” no tiene un umbral oficial único, pero el término suele utilizarse para describir eventos excepcionalmente severos, con anomalías de la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial que pueden superar los 2,25 °C. Entre los episodios más intensos se encuentran los de 1982/83, 1997/98 y 2015/16.
La clave para atenuar el golpe que El Niño causará será anticiparse a su agudización, prevista para el último trimestre de 2026, y no destinar recursos exclusivamente tras la declaratoria de una emergencia, plantea el secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs.
“Las respuestas adoptadas una vez declarada la emergencia son considerablemente más costosas que las medidas preventivas basadas en una adecuada anticipación”, sostiene Salazar-Xirinachs. “Es imperativo pasar de una respuesta posterior a las pérdidas a una gestión anticipatoria del riesgo climático”.
Súper El Niño no impactará igual a toda la región
Los impactos económicos de El Niño en Latinoamérica y el Caribe serán heterogéneos. La razón: en unas regiones este fenómeno se manifiesta con sequías y en otras, con precipitaciones.
En las costas de Ecuador y Perú, el aumento de hasta 6 °C - 8 °C en la temperatura marina superficial desencadenaría “precipitaciones de extraordinaria magnitud, inundaciones masivas, desbordamiento de ríos, deslizamientos de lodo y graves mermas en la presencia de peces”, dice la Cepal.
En contraste, el norte de América del Sur —Colombia, Venezuela y Brasil— padecería condiciones de sequedad atípica, reducciones en los caudales de los ríos, olas de calor e incendios forestales en la selva amazónica.
En Centroamérica, se reducirían las precipitaciones a la par que subiría la temperatura atmosférica, sobre todo y de “forma alarmante” en el denominado Corredor Seco —que se extiende por Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua—.
En el Cono Sur, pero concretamente en Uruguay, el sur de Brasil, el norte de Argentina y el centro de Chile se espera un incremento de las lluvias, hecho que eleva el riesgo de inundaciones fluviales generalizadas.
En ese contexto, en un escenario extremo de El Niño, la tasa de crecimiento del PIB real se reduciría más en Ecuador (4,1%) y Perú (4,1%) que en Chile (0,5%) y Costa Rica (0,4%), por ejemplo, conforme a estudios regionales citados por la Cepal en su informe.
El sector energético, entre los más vulnerables
El sector energético es uno de los más expuestos a El Niño en Latinoamérica y el Caribe por la dependencia de la generación hidroeléctrica de algunos países, equivalente incluso al 70% de su matriz eléctrica, explica la Cepal.
En Ecuador, el bajo nivel de los embalses a causa de la sequía condujo a cortes eléctricos de hasta 12 horas en el último trimestre de 2024. Y en Colombia, la reducción de las lluvias asociada a El Niño disminuyó la disponibilidad de generación hidroeléctrica y ejerció presión al alza sobre los precios de la electricidad durante 2023-2024.
Pero hay más factores que hacen a este sector vulnerable: el crecimiento del consumo eléctrico de la región, que fue de 75% en los últimos 20 años, y el envejecimiento de su infraestructura, pues al menos la mitad de la capacidad hidroeléctrica instalada tiene más de 30 años, detalla el informe.
El Niño, además, presiona a la infraestructura energética latinoamericana y caribeña mediante otros tres mecanismos:
- El alza en la demanda de energía para climatización ante las olas de calor, afectando incluso a grandes ciudades.
- El riesgo de incendios forestales, que pueden afectar las líneas de transmisión eléctrica.
- La modificación en los patrones de viento, mermando los recursos eólicos.
“Las altas temperaturas dispararán la demanda de electricidad para climatización en grandes metrópolis como Lima, São Paulo y Ciudad de México en momentos de menor disponibilidad hídrica, elevando el riesgo de cortes eléctricos y sobrecostos operativos”, advierte la Cepal.
Pesca y agricultura, también expuestas
La Cepal anticipa en su informe que el Pacífico sudoriental sobresale entre las zonas pesqueras más vulnerables a los fenómenos extremos de El Niño, “debido a su elevada dependencia de especies sensibles a cambios en la temperatura y disponibilidad de nutrientes”.
En ese contexto, y tomando como base el episodio del Súper El Niño 1997/98, en el que las capturas pesqueras disminuyeron 26,9% en la región, se prevén “importantes pérdidas económicas”, sobre todo en Perú, Chile y Ecuador.
“La recurrencia de fenómenos extremos, combinada con la sobrepesca, la degradación de los ecosistemas y el calentamiento oceánico preexistente al fenómeno de El Niño, está aumentando la vulnerabilidad de los sistemas marinos y reduciendo su capacidad de recuperación frente a nuevos fenómenos”, alerta la Cepal.
El agro es otro de los sectores que en América Latina y el Caribe se verá afectado por El Niño, “con sequías que pueden afectar cultivos, pastizales y disponibilidad de agua”, con repercusiones en los ingresos rurales, la producción ganadera y la seguridad alimentaria.
Un análisis reciente de la FAO citado por la Cepal expone que en Centroamérica y el Caribe el riesgo es particularmente elevado, “con algunas zonas agrícolas y de pastoreo que presentan más de un 70 % de probabilidad de sufrir sequías durante los próximos meses, en un contexto en que los pronósticos apuntan a precipitaciones inferiores a lo normal”.
Entre las áreas de mayor peligro figuran Cuba, República Dominicana y Haití.
Más al sur, en Perú y el Ecuador, los impactos en el agro son heterogéneos, toda vez que El Niño se manifiesta tanto con sequías como con precipitaciones, dependiendo de la región.
Entretanto, en el norte de la Argentina y Uruguay, este fenómeno puede conllevar precipitaciones en mayor cantidad de lo usual, beneficiando las cosechas y abriendo las opciones a mayores exportaciones en un año en el que otras geografías necesitarán mayores importaciones.
Las diez recomendaciones de la Cepal
La Cepal brinda diez recomendaciones para enfrentar a El Niño y la vulnerabilidad ante el cambio climático:
- Planificación con horizonte de cambio climático: asumir el riesgo climático como criterio permanente en las políticas nacionales.
- Infraestructura resiliente y alertas tempranas: destinar recursos a la protección de activos e infraestructuras estratégicas.
- Mecanismos financieros contingentes y seguros climáticos: disponer de fondos de reserva, bonos catastróficos y seguros para proveer liquidez.
- Resiliencia en cadenas productivas y asentamientos: proteger los medios de vida en zonas como el Corredor Seco y comunidades pesqueras.
- Ecosistemas resilientes y sostenibilidad: restaurar barreras naturales como los arrecifes y manglares en las zonas pesqueras.
- Cooperación regional e integración energética: coordinar la gestión de cuencas transfronterizas y compartir reservas de energía entre países.
- Diversificación de la matriz eléctrica: fomentar la inclusión de energías renovables en las matrices energéticas (hidrosolar y eólica).
- Gestión hídrica integral por cuenca: monitorear caudales y embalses a escala local para priorizar el consumo humano y la generación eléctrica.
- Redes de protección social focalizadas: otorgar transferencias monetarias directas a los hogares vulnerables para contener el aumento de la pobreza.
- Eficiencia energética y gestión de demanda urbana: aplicar programas temporales de ahorro y gestión de picos de consumo durante olas de calor.
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