Buenos Aires — El domingo 23 de octubre de 2011 todo era euforia en las filas del kirchnerismo: Cristina Fernández de Kirchner había logrado la reelección con un 54,11% de los sufragios válidos y la economía argentina se encaminaba a cerrar el año con un crecimiento mayor al 6%.
Sin embargo, el Gobierno estaba preocupado por la falta de dólares y fue así que, el viernes 28 de octubre de aquel año, el por entonces ministro de Economía, Amado Boudou, anunció una restricción a la compra de dólares, que, 15 años más tarde, es recordada como el nacimiento del cepo cambiario moderno en Argentina.
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“La AFIP decidirá quién puede comprar dólares”, tituló el diario La Nación al día siguiente en su edición papel. “Boudou dijo que la medida se toma para combatir el mercado negro. Esto ocurre en medio de una fuerte demanda de divisas”, advertía Clarín en su portada.
En principio, el titular del Ministerio de Economía, que el domingo anterior había sido electo vicepresidente de la Nación, buscaba bajarle dramatismo a la medida, que parezca algo administrativo: “No ha cambiado nada de nada respecto a la posibilidad de comprar dólares. Todo aquel que pueda demostrar sus ingresos puede adquirirlos”, decía.
Sin embargo, un artículo de la agencia ANSA que aún puede leerse en la página web de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), recordó que los controles y requisitos se fueron endureciendo sucesivamente hasta mediados de 2012, con nuevas resoluciones que muchas veces resultaron “confusas”, que sumaron “engorrosos” trámites burocráticos para “desalentar a los compradores”.
Según la reconocida agencia de noticias italiana, el equipo económico estaba “visiblemente desconcertado y parecía improvisar cada semana”.
El artículo añade: “En ese proceso, las restricciones finalmente instalaron el rígido cepo cambiario que condicionó a las empresas importadoras y endureció el humor de los ahorristas argentinos, acostumbrados a preservar sus ahorros en dólares”.
El cepo fue levantado recién diciembre de 2015, luego de la asunción de Mauricio Macri como presidente. Sin embargo, el 1 de septiembre de 2019, Macri se vio en la necesidad de reinstaurar los controles, a raíz de la derrota electoral que había sufrido en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, la cual lo dejaba casi sin chances de reelección.
Clarín explicaba en tapa: “El Gobierno anunció una serie de medidas que imponen restricciones a la compra de dólares para lograr mayor estabilidad cambiaria y proteger el ahorro argentino. Los particulares podrán comprar hasta US$10.000 por mes y retirar la totalidad de los depósitos en dólares de sus cuentas. Los bancos están habilitados a atender hasta las 17″.
Asimismo, el 28 de octubre de 2019, tras las elecciones presidenciales del día anterior, el BCRA redujo el límite de compra a US$200 mensuales mediante débito en cuenta bancaria y US$100 para compras en efectivo.
Los controles cambiarios se llevaron hasta extremos impensados durante el gobierno de Alberto Fernández y continuaron, en gran medida, hasta que, el 14 de abril de 2025, el gobierno de Javier Milei levantó las principales restricciones del cepo cambiario para las personas físicas. No obstante, aún continúan trabas para la operatoria de las empresas.
¿Qué impacto tuvo el cepo cambiario en estos 15 años?
Pablo Repetto, gerente general de Aurum Valores, considera que el cepo cambiario es uno de los factores que explican el estancamiento de la economía argentina. Para sostener su argumento, propuso observar la evolución del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) desde la instauración de las restricciones cambiarias, hace 15 años.
“Si vos agarrás una serie del EMAE desde el día que pusieron el cepo hasta hoy, vas a ver que la economía argentina quedó encajonada en un rango de actividad de la que no pudo salir”, afirmó. Según Repetto, esa dinámica se mantuvo incluso durante la actual administración, pese a que “abrió parcialmente el cepo y algo recuperó”.
Para Repetto, el cepo es “gran responsable del estancamiento secular de la economía argentina” y un “lastre” que los distintos gobiernos no habrían dimensionado adecuadamente al momento de abordar los problemas de crecimiento.
Crisis de balanza de pagos
Por su parte, Jorge Vasconcelos, economista e investigador de la Fundación Mediterránea, explicó que los esquemas de control de cambios con tipos de cambio diferenciales suelen implementarse durante crisis de balanza de pagos y responden a distintos objetivos de las autoridades económicas.
Entre ellos, mencionó la intención de evitar que el Banco Central pierda reservas y, en determinados casos, obtener ganancias cuasifiscales. También señaló que estos mecanismos pueden buscar moderar el traslado de las devaluaciones a los precios internos, mediante un tipo de cambio que registre una modificación más moderada para las exportaciones no tradicionales.
Otro de los objetivos, según Vasconcelos, es evitar que las expectativas de devaluación se trasladen a las tasas de interés. Para ello, los gobiernos pueden recurrir a un sobrerajuste inicial del tipo de cambio en el segmento financiero o libre, con la intención de que las tasas deban subir lo menos posible para mantener la inflación bajo control.
Sin embargo, el economista advirtió sobre los costos de estos esquemas: “Se producen tremendas distorsiones de precios relativos”. Según explicó, esto genera excesos de demanda en determinados segmentos de bienes, servicios y activos financieros, al mismo tiempo que provoca una insuficiencia de oferta por la falta de incentivos a la inversión o las restricciones a las importaciones.
Vasconcelos comparó las decisiones de Cristina Kirchner de aquellos años con las de la expresidenta de Brasil Dilma Rousseff. Aunque calificó como “un desastre” la experiencia económica de Brasil de esa época y la vinculó con la peor recesión de la historia del gigante sudamericano, destacó que Rousseff no introdujo cepos cambiarios.
En cambio, sostuvo que las restricciones cambiarias impuestas durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner tuvieron consecuencias menos evidentes en el corto plazo, pero dejaron efectos persistentes sobre la economía. “Produjeron daños no tan evidentes en el corto plazo, pero inauguraron la era del stop and go”, afirmó.