Bloomberg — Los efectos negativos del cambio climático sobre la salud no solo están aumentando, sino que lo hacen a un ritmo más rápido que hace una década, según una importante evaluación mundial publicada este miércoles.
El décimo informe anual ‘Countdown’, elaborado por un grupo internacional de científicos que analiza la relación entre el calentamiento global y la salud humana, compara la década transcurrida desde la firma del Acuerdo de París sobre el clima con la década anterior. El informe revela que varias amenazas importantes para la salud, entre ellas las olas de calor mortales y las sequías, se intensificaron más rápidamente tras el acuerdo, a pesar de que los países aumentaron sus inversiones en energía limpia y en la protección de la población frente a los riesgos climáticos.
El informe se publica tras un verano en el que las olas de calor en Europa se cobraron decenas de miles de vidas y justo antes de la cumbre climática COP31 de las Naciones Unidas, que se celebrará en Turquía.
El análisis revela que las muertes anuales relacionadas con el calor fueron casi un 36 % más elevadas en el periodo comprendido entre 2016 y 2023 que entre 2006 y 2015. Solo en 2023, el calor se relacionó con unas 710.000 muertes en todo el mundo. La exposición al calor también está reduciendo el producto interior bruto de países de todo el mundo, siendo el sudeste asiático y África las regiones más afectadas.

Por primera vez, el Countdown ha calculado cuántas muertes relacionadas con el calor podrían atribuirse al cambio climático provocado por el ser humano. Los investigadores estiman que el calentamiento fue responsable de más del 70% de esas muertes en 2023 y de casi tres millones entre 2016 y 2023.
Además de la exposición al calor, están aumentando los riesgos relacionados con el agua. Casi el 52% de la superficie terrestre mundial sufrió una sequía extrema durante al menos un mes en 2025, el segundo nivel más alto jamás registrado. Un análisis por satélite reveló cambios a largo plazo hacia condiciones más húmedas o más secas en el 80% de la superficie terrestre mundial desde 2003, cambios que pueden suponer una amenaza para los cultivos, el agua potable y el saneamiento. Se prevé que el actual fenómeno de El Niño agrave las condiciones de sequía en algunas partes del mundo hasta el próximo año.
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“La crisis climática está teniendo consecuencias profundamente perjudiciales para la salud humana”, afirmó en un comunicado Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Citó efectos que van desde “olas de calor mortales e inundaciones hasta la inseguridad alimentaria, la contaminación y el aumento de las enfermedades”.
El nuevo informe ha sido elaborado por 146 investigadores de docenas de instituciones. Los investigadores analizaron 54 indicadores de los efectos del cambio climático sobre la salud y las medidas adoptadas para abordarlos. Los autores instan a los gobiernos a situar las consideraciones sanitarias en el centro de las políticas climáticas y energéticas.
Asimismo, concluyen que las medidas para hacer frente al cambio climático están reportando beneficios para la salud: un aire más limpio evita unas 323.000 muertes al año en al menos 77 países en los que la contaminación atmosférica derivada de los combustibles fósiles ha disminuido desde 2016. Sin embargo, los combustibles fósiles siguen suministrando más del 80% de la energía mundial, y se estima que la contaminación atmosférica relacionada con ellos causa la muerte de 2,7 millones de personas al año.
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Los sistemas sanitarios también están mejor preparados. 56 de los 194 Estados miembros de la Organización Mundial de la Salud cuentan ahora con planes nacionales para adaptar los servicios sanitarios al cambio climático, frente a los 14 que había en 2015.
Emily Bancroft, directora ejecutiva de Health Care Without Harm, una organización que trabaja para reducir el impacto medioambiental del sector sanitario, afirmó que conseguir la financiación necesaria para poner en práctica esos planes sigue siendo un gran reto para los países.
“El volumen de diálogo y debate en torno a esta labor resulta muy alentador”, señaló. “Existe un déficit real de financiación para alcanzar ese objetivo”.
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