Buenos Aires — El histórico e influyente think tank con sede en Washington, Atlantic Council, ve a la Argentina en un momento bisagra: las condiciones macroeconómicas son las mejores en años, aunque el capital extranjero sigue esperando para ver una demostración de que el país no volverá a caer en el intervencionismo que enterró la experiencia fallida de Mauricio Macri (2015-2019).
En una entrevista con Bloomberg Línea, Jason Marczak, vicepresidente y director senior del Centro Adrienne Arsht para América Latina del Atlantic Council, expresó que muchos inversores internacionales siguen atentos a ver “qué pasa después de esto”, en referencia al riesgo de que Argentina termine dando marcha atrás con el camino trazado por la gestión Milei.
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En esa línea, adviritó que el país “ya ha atravesado este ciclo previamente: de prudencia en las cuentas monetarias y fiscales, y que luego se revierte hacia una falta de esa misma disciplina”. Ahora, el desafío central es convertir la estabilidad macroeconómica lograda en certeza institucional de largo plazo.
La inflación cediendo, el tipo de cambio más estable y el acuerdo con el FMI en marcha son señales positivas para el Atlantic Council. “Lo que hemos visto en Argentina en este momento es un deseo del gobierno actual de cambiar la trayectoria del país, de pasar de repetir la historia a cambiar la historia.”
“Es una oportunidad para cambiar la historia”, sumó, al considerar que Argentina podría consolidarse como “un destino de inversión seguro” si logra sostenerse en este rumbo.
El pasado 7 de abril, el Centro Adrienne Arsht para América Latina organizó una conferencia en Buenos Aires con foco en esa misma temática. El evento reunió a funcionarios de alto rango del gobierno de Milei —entre ellos el canciller Pablo Quirno y el ministro de Economía Luis Caputo—, inversores internacionales, líderes empresariales y expertos globales para evaluar la trayectoria de las reformas y el próximo capítulo de la transformación económica del país.
En su exposición, Caputo ratificó el rumbo y aseguró que el camino emprendido en 2023 “es inexorable, vino para quedarse y no hay marcha atrás”. Enumeró una serie de récords: crecimiento del 4,4% en 2025, consumo privado en máximos históricos, pobreza en el nivel más bajo en siete años y más de 35 proyectos RIGI aprobados o en evaluación por encima de los US$80.000 millones. “El mayor riesgo es que algunos se pierdan la oportunidad de invertir en el país al que mejor le va a ir en los próximos 30 años”, advirtió.
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Señal de continuidad en los gobernadores
Con respecto a las expectativas de que el actual giro promercado de Argentina sea duradero, Marczak resaltó la importancia de haber visto en Buenos Aires a gobernadores, vicegobernadores y empresas —más allá de sus diferencias políticas— “alineados con el actual foco en traer estabilidad, atraer inversión extranjera y dar previsibilidad para impulsar esos grandes proyectos de capital en sus respectivas provincias.”
“Es una gran señal cuando la política no impide el foco en el objetivo más amplio, que es el crecimiento económico, la prosperidad y la atracción de inversión extranjera”, afirmó.
Esa dinámica sugiere que la oposición en las provincias no está dispuesta a sacrificar inversiones en sus provincias por diferencias con la Casa Rosada. Para Marczak, es un indicador positivo de cara a las elecciones de 2027.
El analista destacó a su vez el potencial de cooperación con Chile para desarrollar corredores logísticos que lleven cobre y litio a puertos del Pacífico es otra oportunidad concreta, con dos presidentes de visiones compatibles en materia de apertura económica y los Estados Unidos como socio estratégico del triángulo.
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Empleo: no toda inversión es igual
Una de las variables clave que sigue de cerca el Atlantic Council, además de la evolución de los salarios frente a la inversión, es la del empleo. El boom de inversiones en energía y minería genera dólares, pero no necesariamente los puestos de trabajo que demanda la sociedad argentina, mientras sectores más intensivos en mano de obra —como la manufactura, construcción, comercio— siguen golpeados.
En ese sentido, Marczak estará atento a ver si los anuncios de inversiones bajo el RIGI se van traduciendo en nuevos puestos de trabajo. Sugiere, en esa línea aumentar el valor agregado en la cadena del litio, el cobre como forma de generar más empleo, como complemento del modelo puramente extractivo.
Marczak también marcó una diferencia relevante entre la inversión desde los estadounidense y la china. La primera genera, a su juicio, generará más empleo local que la segunda, aunque el valor en dólares de los proyectos chinos sea comparable o superior. “Aunque el valor en dólares de esa inversión sea alto, las implicancias y los beneficios para la gente localmente pueden ser mínimos”, resaltó.
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Cómo impacta en Argentina la guerra en Irán
La guerra en Irán ha encarecido los precios de energía y fertilizantes, generando presión sobre economías de ingresos medios. Marczak advirtió, sin embargo, que los líderes mundiales reunidos en Washington esta semana por las reunuiones de primavera aún tienen muy pocos datos concretos sobre cómo una eventual escalada impactará en las economías regionales.
“Creo que el foco de estas reuniones estará mucho menos en Argentina… dado el entorno económico global actual; Argentina será menos una prioridad," sostuvo.
Que Argentina no sea el centro de las reuniones del FMI esta semana es, para Marczak, una buena señal en sí misma. A diferencia de citas anteriores, esta vez la agenda la domina el conflicto global, no una nueva crisis argentina. El país, reafirmó, está demostrando que intenta “cambiar la historia” como socio macroeconómico confiable.
Aún así, consideró que el conflicto puede dar mayor impulso al reposicionamiento de la Argentina. Los ataques a la infraestructura energética en Oriente Medio elevan el riesgo de invertir en esa región, y el bajo riesgo de conflicto en las Américas se vuelve un diferencial concreto: “El cociente riesgo-recompensa que deben evaluar los directorios al tomar decisiones de inversión cambió: el riesgo aumentó en otras partes del mundo, mientras que el riesgo desde una perspectiva de conflicto sigue siendo muy bajo en las Américas”, argumentó.
Marczak dijo que no ha visto todavía decisiones de inversión concretas motivadas por el conflicto iraní, pero considera que el escenario refuerza el atractivo de Vaca Muerta como proveedor energético alternativo. La misma lógica que operó durante el COVID con las cadenas de suministro aplica hoy a la energía: el capital busca alternativas cuando un nodo crítico falla.