Buenos Aires — Wells Fargo aún considera a la Argentina como uno de los países emergentes más vulnerables a un shock externo. En un reciente informe, los analistas del banco estadounidense advirtieron que su escenario base frente a la escalada en Medio Oriente sigue contemplando un impacto transitorio sobre la economía global. Pese a ello, analizaron cómo podría impactar un escenario más adverso, caracterizado por una incertidumbre geopolítica prolongada y una volatilidad persistente en los mercados.
En ese contexto, el análisis pone el foco en las vulnerabilidades de los mercados emergentes y, en particular, destaca que Argentina y Turquía son los más vulnerables.
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Según el reporte, el caso base aún supone una disrupción de corta duración para la actividad y los activos financieros internacionales. No obstante, los economistas del banco consideran necesario evaluar un escenario alternativo en el que el shock se extienda en el tiempo y ponga a prueba la resiliencia macroeconómica y financiera de las economías en desarrollo.
Desde la perspectiva de los flujos de capital, el informe señala que la mayoría de los mercados emergentes redujo en los últimos años su exposición a un “sudden stop”, es decir, una interrupción abrupta del financiamiento externo. En particular, las economías de mayor peso sistémico, como China e India, presentan menores desequilibrios que en episodios anteriores de estrés global.
Focos de riesgo
Sin embargo, el banco identifica focos de riesgo. Los países que dependen en mayor medida del financiamiento externo, exhiben perfiles de deuda soberana más frágiles y cuentan con reservas internacionales limitadas serían los más vulnerables ante una reversión de flujos.
En esos casos, un shock prolongado podría derivar en crisis de balanza de pagos, desaceleraciones pronunciadas o incluso eventos de incumplimiento de deuda. Argentina y Turquía aparecen entre los más expuestos, mientras que Brasil y México muestran una vulnerabilidad intermedia.
El análisis también examina el comportamiento de las monedas emergentes. En los últimos días, las divisas emergentes operaron bajo presión generalizada.
De acuerdo con el informe, en un entorno de shock sostenido los inversores podrían volver a priorizar fundamentos macroeconómicos y niveles de valuación. Aquellas monedas asociadas a fundamentos débiles y valuaciones exigentes podrían enfrentar ajustes bruscos, mientras que las vinculadas a marcos macroeconómicos más sólidos y precios relativos más atractivos contarían con mayor capacidad de absorción.
El banco sugiere, además, monitorear determinados umbrales técnicos que indicarían si una moneda se encuentra excesivamente desalineada respecto de sus fundamentos. En caso de que se superen esos niveles, podrían abrirse oportunidades tácticas de cobertura o posicionamiento.
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Un punto central del informe es el canal inflacionario. Un aumento sostenido del precio del petróleo generaría un doble impacto: depreciación cambiaria y mayor inflación. Ese escenario limitaría el margen de los bancos centrales emergentes para continuar con recortes de tasas de interés. Si bien algunas economías aún cuentan con tasas reales elevadas que podrían otorgar cierto espacio de maniobra, otras podrían verse obligadas a frenar anticipadamente sus ciclos de flexibilización monetaria ante presiones inflacionarias adicionales derivadas del encarecimiento del crudo y del traspaso a precios internos.
Incluso, en determinados casos, el informe contempla la posibilidad de que algunas autoridades retomen subas de tasas aun cuando las perspectivas de crecimiento se deterioren, priorizando la estabilidad financiera y el anclaje de expectativas inflacionarias.
En el frente fiscal, el estudio advierte que la capacidad de respuesta de los gobiernos sería limitada en caso de que la volatilidad financiera y el encarecimiento de bienes esenciales generen un “shock de asequibilidad”. Las posiciones fiscales en buena parte del universo emergente ya presentan debilidades estructurales, con déficits elevados y cargas de deuda significativas.
Para algunos países exportadores de energía, un precio del petróleo más alto podría traducirse en mayores ingresos y en cierto alivio para compensar el deterioro del poder adquisitivo. No obstante, el informe subraya que ese efecto debe evaluarse frente a desequilibrios fiscales preexistentes. En economías sin margen presupuestario, un intento de expandir el gasto sin respaldo podría traducirse en mayor volatilidad en los mercados de deuda soberana y en dificultades de financiamiento.