Auge de los extremos pone en jaque al centro político rumbo a las elecciones presidenciales de Colombia

El ala dura de la izquierda con Iván Cepeda y la derecha con Abelardo de la Espriella, consolidan su dominio en las encuestas. El representante del centro se diluye en las mediciones y reduce las posibilidades de un gobierno de consenso en 2026.

Las encuestas dan como favoritos a los representantes más radicales ideológicamente, Iván Cepeda, del ala dura de la izquierda, y Abelardo De la Espriella, por la derecha.
21 de enero, 2026 | 05:00 AM

Bloomberg Línea — Colombia elegirá este año presidente para el periodo 2026 – 2030 y las encuestas, por ahora, muestran un rotundo favoritismo por los candidatos que representan los sectores más radicales de la política, dejando a los candidatos de centro relegados y fragmentando la posibilidad de un gobierno con consensos.

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Para el politólogo Fernando Posada, el panorama electoral refleja una compleja dependencia entre los candidatos y sus bases ideológicas.

Cabe resaltar que una encuesta de AtlasIntel publicada este mes posicionó al abogado conservador Abelardo de la Espriella a la cabeza de la intención de voto para las elecciones presidenciales de Colombia el 31 de mayo, con un 28%, superando al senador Iván Cepeda, quien obtiene un 26,5%.

El sondeo también indicó una desaprobación del 53,5% a la gestión del actual presidente Gustavo Petro y proyecta a De la Espriella como ganador en una posible segunda vuelta el 21 de junio. Más detalles están disponibles en Semana.

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Cepeda, el candidato ligado a Petro

Al analizar el desempeño de Cepeda, representante del ala dura de la izquierda colombiana, Posada advierte que su intención de voto, aunque sólida, ha perdido impulso: “No sigue creciendo al mismo ritmo de los meses pasados”, señaló, subrayando que el respaldo al candidato del Pacto Histórico parece haber encontrado un techo natural.

Según Posada, el éxito de Cepeda está intrínsecamente ligado a la gestión del actual mandatario, pues su porcentaje de apoyo oscila cerca del 30%, cifra similar a la aprobación del Ejecutivo.

Para el experto, “su intención de voto está directamente relacionada con la popularidad del gobierno Petro”, lo que plantea la duda de si el candidato logrará expandir su base hacia sectores más moderados.

De ahí que opositores del presidente Petro acusen al mandatario de estar intentando inclinar la balanza a favor de su candidato con medias populistas como el aumento del salario mínimo en un 23% o el anuncio de la reducción del precio de la gasolina tras haberla subido en casi un 100% durante sus primeros tres años de Gobierno.

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En la otra orilla, Posada interpreta el ascenso de De la Espriella como una respuesta visceral al clima político actual.

Para el académico, este fenómeno es un “síntoma de la ley de acción y reacción”, provocado por la confrontación discursiva desde la Casa Nariño.

De la Espriella habría capitalizado el descontento con una narrativa “tan radical y desafiante como cada palabra divisiva que el presidente Petro ha pronunciado”.

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Polarización electoral

Ante este escenario, Posada cuestiona la viabilidad de un país atrapado en la polarización, advirtiendo que esta alternancia entre extremos solo logra afectar “los valores de la moderación y la búsqueda de discursos conciliadores”.

Respecto a las fuerzas que intentan ganar terreno, Posada destaca la resiliencia de Paloma Valencia, quien tras recibir el aval del Centro Democrático se ha consolidado en la contienda.

El analista sostiene que “si alguien tiene con qué luchar contra los dos candidatos que puntean, a estas alturas parece ser Paloma Valencia”, debido a que el electorado tiende a volcarse hacia figuras que proyectan viabilidad política.

Por el contrario, el diagnóstico para Sergio Fajardo es menos optimista; el politólogo afirma que el exgobernador “se desinfla” tras haber rechazado integrarse a una coalición amplia.

Posada critica la estrategia de soledad del candidato, señalando que participar en la Gran Consulta por Colombia le habría permitido ser el “vocero de una oposición unida”.

Finalmente, el análisis concluye con una nota de preocupación sobre el estado de la democracia colombiana.

Posada observa que la contienda está siendo dominada por las visiones más radicales, lo cual opaca los esfuerzos de unidad nacional.

En su opinión, este fenómeno es el reflejo de una tendencia global de sectarismo donde los valores democráticos pasan a un segundo plano.

Bajo esta premisa, el experto asegura que “el panorama es oscuro para los valores de la democracia”, dado que el debate público ha quedado reducido a una lucha de orillas irreconciliables.

La foto cambia fácilmente

María Margarita Zuleta González, directora de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, advirtió sobre las limitaciones actuales para interpretar con claridad las encuestas electorales en Colombia.

Según explicó, la aplicación de la llamada ley mordaza ha afectado la calidad y la transparencia de la información disponible. “Tenemos una dificultad en la lectura de las encuestas por la llamada ley mordaza”, señaló, al subrayar que las restricciones en poblaciones y frecuencias impiden una visión más clara del panorama.

A su juicio, “la ley del veto — aplicada a las encuestas— nos hizo perder a todos en transparencia y en acceso a información de calidad”, lo que representa un problema para el debate público.

Zuleta sostuvo que, aunque hoy existen posiciones más definidas que en procesos electorales anteriores, la información sigue siendo insuficiente.

“Si comparamos la información que tenemos hoy con la que teníamos hace cuatro años, las posiciones están mucho más consolidadas”, afirmó, pero advirtió que aún falta tiempo y datos para hacer análisis más profundos.

En ese sentido, dijo aspirar a contar con “más encuestas de otras casas que nos permitan hacer comparaciones más profundas”, y expresó su preocupación porque “estemos proyectando el futuro con muy pocos datos”.

La académica insistió en que el escenario político actual no debe interpretarse como definitivo.

“La foto de hoy puede cambiar rápidamente”, recordó, al traer a colación experiencias previas en el país en las que el panorama electoral se transformó en poco tiempo.

Zuleta señaló que hace cuatro años no sucedió, pero que en otros momentos históricos, Colombia ya ha visto cómo “el panorama cambiaba de manera muy rápida”.

En su análisis, explicó que esos cambios suelen estar asociados tanto a aciertos como a errores de los actores políticos, así como a factores económicos.

Citó como ejemplo lo ocurrido a comienzos de los años 2000, cuando “el cambio fue muy rápido, producto de errores concretos, como los cometidos por las FARC y sus atentados, pero también por el fin del proceso de El Caguán”.

Para Zuleta, esos eventos alteraron de forma acelerada el curso de lo que estaba ocurriendo en el país.

Aunque reconoció que el contexto actual es distinto, advirtió que eso no elimina la posibilidad de giros abruptos. “Hoy tenemos una coyuntura y un contexto distintos, pero eso no quiere decir que las cosas no puedan cambiar de manera acelerada”, afirmó, reiterando que el escenario actual es sólo una instantánea. Por eso, enfatizó que “aunque esta es la foto del momento, las cosas no son definitivas y hay que ver qué ocurre”.

Diferencia entre presidenciales y legislativas

Zuleta también destacó las diferencias entre el comportamiento electoral en las elecciones presidenciales y legislativas. Explicó que en la Presidencia el voto está más influido por el contexto general, mientras que en el Congreso pesan factores más cercanos.

“En el Congreso se vota por el amigo, por el conocido, por quien parece dar buenas discusiones en el Senado”, señaló, y añadió que esa variación es aún mayor en la Cámara, donde el representante está más vinculado a la región.

Finalmente, indicó que en Colombia suele haber una mayor diversidad política en el Congreso que en la elección presidencial.

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“Salvo en casos excepcionales”, como el surgimiento del Centro Democrático o la lista del Pacto Histórico, “siempre hay espacio para muchos otros”, afirmó.

En ese marco, concluyó que “la gente puede tener una preferencia por un candidato a la Presidencia, pero esa preferencia no necesariamente está alineada con la que tiene para los candidatos al Congreso”.

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