Startups se enfocaron en venture capital, pero se olvidaron de esta fuente millonaria

En el contexto del invierno de las startups, aumentó el riesgo en la financiación y los fondos están apostando por las mismas empresas emergentes a las cuales les han asignando fondos en el pasado

Una persona sostiene billetes de dólares estadounidenses en una oficina de cambio.
22 de mayo, 2023 | 12:01 AM

Bogotá — Se estima que hay entre US$30.000 millones y US$50.000 millones disponibles en el mundo para inversiones de impacto, pero estos recursos no están llegando a las startups como debería por diferentes razones que van desde factores operativos hasta los costos asociados al desarrollo de los proyectos, alertó en entrevista con Bloomberg Línea el gerente Financiero y Administrativo de Innpactia, Juan Martín Ocampo García.

“Hay una gran oportunidad para Latinoamérica porque hay muchísimo capital que se quiere invertir en la región, simplemente no hemos podido lograr el acceso a él”, dijo el vocero de esa red de impacto social.

Según datos entregados por Innpactia, un 17% de las inversiones disponibles relacionadas con el impacto no se asignan y los proyectos de alta calidad no cuentan con recursos suficientes

En promedio, expone, se destinan 55 centavos de cada US$1 en costos relacionados con la búsqueda de inversiones, transparencia y medición de impacto en la actualidad.

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De hecho, los costos de articulación entre actores, transacción y puesta en marcha de un proyecto pueden representar hasta el 50% de los recursos disponibles para el impacto social en América Latina.

Señaló que en el contexto del invierno de las startups, aumentó el riesgo en la financiación y los fondos están apostando por las mismas empresas emergentes a las cuales les han asignando fondos en el pasado.

De acuerdo a un informe de la Asociación Latinoamericana de Capital de Riesgo y Capital Privado (Lavca, por sus siglas en inglés), “en tiempos turbulentos, los VC (fondos de capital de riesgo) están optando por desplegar más capital en fundadores experimentados”.

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En el primer semestre del año pasado los fundadores que ya habían levantado capital en el pasado recaudaron el 43% de los dólares prevenientes de los fondos de capital de riesgo.

“Hay muchas formas de bajar ese riesgo, no solo invirtiendo en los mismos o en ideas ya probadas”, anotó el ejecutivo, quien señaló que es importante realizar inversiones dentro del ecosistema en asistencia técnica, en fortalecimiento, para que “esos proyectos puedan crecer y abrir un mercado mucho más amplio en donde inversión puede ser muy rentable”.

Juan Martín Ocampo cree que este año es posible que las cifras de capital de riesgo se mantengan en niveles estableces frente a 2022, pero lo que puede ocurrir es que los montos se distribuyan entre una mayor cantidad de empresas.

“Los inversionistas van a tomar unos riesgos más calculados, pero en más emprendimientos. Y al final eso es lo que queremos, que los inversionistas tengan portafolios de inversión, no que se la jueguen toda a una startup para que sea unicornio, sino que crean en el entorno, en el país, las ideas y los emprendedores como tal”, consideró en la entrevista.

¿Por qué no acceden a las oportunidades?

Reflexiona que las startups en regiones como Latinoamérica se están quedando fuera del acceso a recursos disponibles de fuentes tan diversas como los inversionistas de impacto o de la filantropía, más allá del capital de riesgo.

Dice que entre las principales barreras para acceder al capital está el desconocimiento en aspectos como el idioma, dado que la mayoría de las convocatorias son en inglés.

Además, muchas de estas oportunidades se concentran en las capitales de Latinoamérica, que sigue siendo “un continente muy centralizado”.

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“Para que esas oportunidades lleguen a las diferentes regiones hay un costo muy alto y lo vivimos en Colombia. El tema del emprendimiento si uno lo ve en Colombia está centralizado entre Bogotá, Antioquia, región Caribe y algo del Valle, pero eso es un porcentaje del país, el resto es muy difícil que la inversión llegue ahí”, dijo.

Además, ve retos en la estructura de las mismas compañías y la falta de equipos especializados al interior de las empresas que se encarguen del apalancamiento de esos recursos, incluyendo conocimientos legales.

“Eso refleja mucho los problemas que tenemos como país: la falta de inclusión financiera, la desconexión con las regiones, la educación. Hay emprendimientos muy buenos, con un potencial gigantesco que están pensados para el 60% del país que no vive en zona rural”, agregó.

Reconoce que las cosas han cambiado en el ecosistema, lo que se refleja en que ya no se puede hacer cash burn (quema de capital) y se necesita que el punto de equilibrio llegue antes.

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“Nosotros vemos que eso está para cierto tipo de proyectos, pero hay otro tipo de emprendimientos que necesitan esos seis meses, ese año, esos dos años, para poder consolidar su negocio para de verdad poder crecer y tener un desarrollo exponencial. Todos los modelos de negocio no funcionan igual”, apuntó.

En este sentido, señala que el reto es ayudarles a estas empresas a que accedan al capital “de una forma barata, eficiente” y con las condiciones que ellos requieren, “no como lo piden los inversionistas”, que ahí también hay una falta de comunicación.

“Lo que hemos visto es que no se cumple la regla de que a mayor riesgo, mayor rentabilidad. Muchas veces quieren una rentabilidad alta con un riesgo muy bajito y es ahí donde se generan también mucha desigualdad”, afirmó.

Por último, recomendó a los líderes de startups que se apoyen en la tecnología para acercarse a las oportunidades en vez de “maletear puerta a puerta”, que midan el impacto que están generando y que incluyan el levantamiento de capital como un área clave en las startups, que es tan importante como cualquier otra.

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“A nadie le caen los inversionistas del cielo, nadie se encuentra con US$1 millón en la calle. Es un trabajo. Entonces tiene que haber unas actividades, tienen que hacer el trabajo”, remató.

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