Qué hay detrás de la “tasa de seguridad” de Ecuador a Colombia y por qué contraviene a la CAN

Expertos analizan las razones políticas que habrían desatado la tensión comercial entre ambos países, así como su impacto económico y la trascendencia regional.

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Bloomberg Línea — La “tasa de seguridad” del 30% impuesta por el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, a las importaciones provenientes de Colombia, buscaría desviar la atención de un tema cada vez más preocupante en su país: el recrudecimiento de la violencia y la falta de resultados de su política de mano dura para contenerla.

El 2025 fue el año más violento en la historia de Ecuador, con una tasa de homicidios de 50,91 por cada 100.000 habitantes, que representó un aumento del 32% respecto a 2024, según los datos del Ministerio del Interior.

Las cifras fueron presentadas el miércoles 21 de enero, el mismo día en que Noboa anunció la tarifa del 30% a las importaciones colombianas, argumentando que el vecino país no cooperaba lo suficiente para combatir al narcotráfico y la minería ilegal en la frontera.

“Esto se puede leer como una solución facilista, un poco irresponsable y apresurada de Noboa, en busca de una justificación a los pobres resultados que ha tenido su política de mano dura contra las bandas criminales”, dice Gabriel Clavijo, internacionalista y docente investigador de la Universidad Militar de Colombia.

El analista también plantea que la decisión de Noboa fue una respuesta a la solicitud de su homólogo colombiano, Gustavo Petro, de solicitar la libertad de Jorge Glas, exvicepresidente de Ecuador (2013-2017) condenado por corrupción y capturado mientras permanecía asilado en la embajada de México en Quito en abril de 2024.

“Glas [en teoría] está protegido y amparado por una nacionalidad colombiana otorgada por Petro en 2025, que le permite una salida legal y posiblemente evadir esa condena por corrupción. Eso pudo generar traumatismo y descontento en el Gobierno de Noboa”.

Santiago Carranco, coordinador del Laboratorio de Relaciones Internacionales (IRLAB) de la Universidad Internacional de Ecuador, coincide parcialmente con Clavijo y analiza que Noboa busca “desviar la atención” de su falta de resultados para contrarrestar la violencia.

“En Davos, Noboa hizo un diagnóstico superbueno: planteó que el narcotráfico y el terrorismo son temas transnacionales operados por grandes corporaciones contra los que todos tenemos que luchar”, sostiene Carranco.

La cuestión es la incongruencia entre el discurso brindado en el contexto del Foro Económico Mundial 2026 por Noboa y la realidad que padecen los ecuatorianos.

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“La violencia llegó a las calles, ya no solamente está en los sectores rurales, ya se ha trasladado desde Guayaquil a Quito, por ejemplo. Entonces ahí es donde uno dice: ¿dónde están los resultados?, ¿por qué compramos con Colombia un conflicto grave e innecesario? Por eso creo que es una estrategia de desviación de atención, ante las cosas evidentes que no se pueden tapar con un dedo”.

¿La medida contraviene obligaciones de la CAN?

Clara Inés Pardo, académica y doctora en Economía de la Universidad del Rosario, explica que las tarifas del 30% anunciadas por Ecuador y la respuesta de Colombia parecen contravenir las obligaciones de la CAN.

“Bajo el Acuerdo de Cartagena de la CAN, el comercio entre países andinos debe ser libre de aranceles para bienes originarios, y cualquier barrera adicional requiere un trámite formal dentro de los mecanismos de la organización”.

Los mecanismos a los que hace referencia Pardo son para resolución de controversias entre miembros de la CAN e implican un procedimiento que debe activarse antes de una imposición de aranceles, así como medidas similares en represalia.

El trámite formal consta de las siguientes fases: notificación, etapas de consultas y posible panel de solución de diferencias.

“Si Ecuador y Colombia hubieran seguido esos mecanismos, la imposición de aranceles podría ser argumentada; si no, son medidas que pueden ser impugnadas dentro del sistema andino o en instancias como la Organización Mundial de Comercio (OMC)”, agrega la experta.

Fausto Ortiz, exministro de Economía de Ecuador, dice que no debe pasar desapercibido el hecho de que Noboa hablara acerca de una “tasa de seguridad” y no propiamente de un “arancel” para gravar las importaciones provenientes de Colombia.

“Seguramente habrán encontrado esa definición [’tasa de seguridad’] para no caer tan rápidamente en los temas de la Comunidad Andina. Sin embargo, hay que ir observando cómo se va jugando los días en esta etapa de tensión”.

Ortiz confía en que así como la tensión escaló rápidamente desde el anuncio de Noboa, de la misma manera desescalará. “Mi lectura es que esta es una forma de decirle presidente Petro: ‘Oiga, tenemos que sentarnos a conversar sobre temas que no hemos conversado’”, dice el exministro. “Es simplemente agitar una especie de bandera roja sobre un tema crítico y hablar de la necesidad de un entendimiento conjunto para abordarlo”.

Henry Amorocho, analista económico y docente colombiano de la Escuela Superior de Administración Pública, dice que desde el manejo de las relaciones comerciales internacionales el conflicto entre Colombia y Ecuador nunca se debió dar.

“Vemos cómo peligrosamente se viene tratando de replicar algo que no es replicable: vincular las políticas de seguridad con algo netamente comercial, como ha estado haciendo de alguna manera el presidente de la primera economía del mundo [Donald Trump]”, dice el analista. “Ecuador es un país que ha tenido buenas relaciones con nosotros, que tiene vínculos en la Comunidad Andina, el Tratado de Cooperación Transamazónica y la Organización Mundial del Comercio, instancias que se estarían violentando”.

En medio de la turbulencia generada por los anuncios de los gobiernos Petro y Noboa en los últimos días, Amorocho cree que el impasse comercial se puede resolver pronto.

“Los mecanismos jurídicos están; lo que falta mirar es la voluntad en cada uno de los gobiernos. Por el tipo de población y de empresas que están comprometidas, no creo que esto demore más de 15 días”.

La CAN publicó el jueves 22 de enero a Colombia y Ecuador la “postergación” de las medidas económicas. Además, se puso a disposición para contribuir a un diálogo entre sus gobiernos.

Bloomberg Línea consultó a esta organización si es posible que Ecuador imponga unilateralmente una “tasa de seguridad” a Colombia, no obstante, aseguró no tener más información que compartir sobre el tema.

Colombia propuso conversar el domingo 25 de enero, pero Ecuador realizó una contrapropuesta con otras fechas por cuenta de la dificultad de reunirse ese día por temas de agenda, según la canciller ecuatoriana.

Un impacto que trasciende el petróleo y la energía

El Gobierno Petro informó que contestará a la “tasa de seguridad” de Noboa con un impuesto del 30% a 20 líneas de productos ecuatorianos que suman exportaciones anuales por US$250 millones.

También suspendió la venta de energía Ecuador el 22 de enero, por lo que Ecuador considera incrementar la tarifa por el transporte de petróleo colombiano en el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) que llega al Terminal Marítimo de Esmeraldas.

Dicha decisión tendría un efecto simbólico y político significativo en medio del conflicto comercial, potenciando la tensión y la percepción de riesgo inestable para inversiones energéticas en la región, de acuerdo con la experta Pardo.

Pero el sector de energía no será el único impactado.

“Los aranceles del 30% golpearían sectores estratégicos exportadores en ambos países: desde la industria energética y farmacéutica en Colombia hasta la agroindustria alimentaria en Ecuador”, especifica la experta. “Además, afectarían logística, consumo y empleo regional, exacerbando la incertidumbre en un mercado que, hasta ahora, era clave para las economías fronterizas”.

Las exportaciones no petroleras de Ecuador a Colombia entre enero y noviembre de 2025 fueron por US$808,4 millones, mientras que las importaciones fueron de US$1.717 millones, según datos oficiales.

“Los principales productos de exportación a Colombia son: tableros de madera, grasas y aceites vegetales, conservas de atún, minerales y metales y preparaciones alimenticias; entre los cinco principales productos se concentra el 51% de las exportaciones no petroleras”, señala la Federación Ecuatoriana de Exportadores (Fedexpor).

Entretanto, los cosméticos, plásticos y sus manufacturas, vehículos y sus partes, productos farmacéuticos y otros productos químicos representan el 40% de los productos más importados desde Colombia.

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