Bloomberg Línea — América Latina cuenta con una amplia experiencia en construcción sismorresistente, impulsada por décadas de exposición a terremotos y el desarrollo de normas técnicas, sistemas de control y reglamentos que se han actualizado a lo largo de los años.
Países como Chile, México, Perú, Colombia y Ecuador destacan por sus avances, aunque con diferencias en sus modelos regulatorios y mecanismos de fiscalización.
Las fortalezas de la región pasan desde la continuidad normativa, hasta la profundidad técnica, mecanismos de revisión independiente y la capacidad de actualización después de grandes terremotos.
Un análisis comparativo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), citado por la agremiación inmobiliaria Lonja de Propiedad Raíz de Bogotá, muestra que algunos países como Colombia tienen códigos integrales, mientras otros como Chile tienen normas distribuidas en diferentes instrumentos.
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Lina María Torrado, presidenta ejecutiva de la Lonja de Propiedad Raíz de Bogotá, señala que los grandes terremotos han sido catalizadores para fortalecer las normas de construcción sismorresistente en estos países.
Aunque “tener una buena norma no es suficiente, lo fundamental es que exista cumplimiento efectivo”, dijo Torrado a Bloomberg Línea.
“Una construcción puede tener un reglamento técnicamente muy avanzado, pero si no se cumplen los requisitos de diseño, si no existe supervisión adecuada, si se construye informalmente o si posteriormente se modifican elementos estructurales sin control, la vulnerabilidad permanece”.
Fuere de Latinoamérica, países como Japón, Nueva Zelanda y Estados Unidos son considerados referentes globales en normas sismorresistentes.
Su fortaleza radica en su capacidad de actualizar las normas con cada terremoto, fiscalizar su cumplimiento y reforzar tanto las nuevas construcciones como las existentes, explicó a Bloomberg Línea en Colombia Margarita Llorente, socia de Inmobiliario de la firma de abogados internacional Cuatrecasas.
De acuerdo con Margarita Llorente, Japón opera con un doble estándar de diseño: las estructuras deben resistir sismos frecuentes sin daño y sismos extremos sin colapso. Además, “ha generalizado tecnologías como el aislamiento sísmico de base y la revisión independiente de diseños para edificios complejos”.
Explica que Nueva Zelanda es pionera en diseño basado en desempeño y en planificación de resiliencia postsismo, con protocolos de evaluación rápida de daños y mecanismos financieros dedicados como la Earthquake Commission.
Y Estados Unidos, particularmente el estado de California, se destaca por sus programas obligatorios de modernización de edificaciones vulnerables y por la actualización periódica de sus mapas de peligro sísmico.
El marco chileno, uno de los más desarrollados
Chile cuenta con uno de los marcos más desarrollados de la región y destaca especialmente por la continuidad de su regulación, dijo a Bloomberg Línea Marco Antonio Orellana, director jurídico de la empresa de tecnología legal LemonTech, fundada en Santiago.
La denominada norma NCh433, que regula el diseño sísmico de edificios, fue actualizada nuevamente en 2026.
La NCh433:2026 reemplazó técnicamente a la versión anterior de 1996, que a su vez fue modificada en 2009.
En el país existe un ecosistema complementario para estructuras industriales y edificaciones con aislación sísmica.
“Desde el punto de vista legal, la fortaleza chilena no está solo en la norma técnica, sino también en cómo ésta se integra al sistema de permisos, responsabilidades profesionales y revisión estructural”, según Orellana.
Precisamente, el principal referente histórico en la región de sismos de gran intensidad es el terremoto de Valdivia, Chile (1960), de 9,5 en la escala sismológica de magnitud de momento(Mw).
Este es considerado el mayor terremoto registrado instrumentalmente en el mundo.
El caso mexicano
También se considera que México tiene una experiencia regulatoria muy relevante a partir de poderosos terremotos como los de 1985 y 2017.
El último de ellos, el del 19 de septiembre de 2017, fue un sismo de magnitud 7,1, con epicentro entre Puebla y Morelos, que sacudió el centro de México.
El sismo dejó cerca de 370 muertos, incluidos 228 en Ciudad de México.
Después de los grandes terremotos en el país se profundizó el régimen de seguridad estructural.
Las Normas Técnicas Complementarias para la Revisión de la Seguridad Estructural de las Edificaciones establecen controles específicos.
Además, el Reglamento de Construcciones dispone expresamente que el Corresponsable en Seguridad Estructural de un edificio no puede ser al mismo tiempo su proyectista.
Se considera que esa separación de funciones es jurídicamente muy relevante porque aumenta trazabilidad y reduce conflictos de interés, indicó Orellana.
Una particularidad mexicana es que, por su estructura federal, existen reglamentos locales que dependen de las particularidades de cada territorio.
Particularmente, Ciudad de México cuenta con normas técnicas consideradas muy desarrolladas para diseño sísmico y también ha incorporado criterios para rehabilitación de edificios afectados por terremotos.
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De Perú a Colombia: la experiencia andina
En Perú, explica el especialista de LemonTech, el Reglamento Nacional de Edificaciones es de cumplimiento obligatorio a nivel nacional, aunque la fiscalización práctica depende en buena medida de las capacidades de los gobiernos locales.
“La actualización de la E.030, aprobada en 2026, muestra un mecanismo de reforma que no necesita esperar necesariamente a un desastre: incorpora nueva evidencia técnica, avances científicos y herramientas más precisas de evaluación sísmica. A ello se suma la regulación específica sobre aislamiento sísmico de la E.031″, señaló Marco Antonio Orellana.
En Colombia, el actual marco NSR-10 contempla no solamente requisitos generales de diseño, sino también cargas, concreto, mampostería, casas de uno y dos pisos, estructuras metálicas y de madera, estudios geotécnicos, supervisión técnica, protección contra incendios y otros requisitos complementarios.
Además, Colombia tiene una característica importante dado que la Comisión Asesora Permanente del Reglamento Colombiano de Construcción Sismorresistente, presidida por el Ministerio de Vivienda, tiene entre sus funciones coordinar investigaciones sobre fallas estructurales y emitir conceptos sobre la aplicación y actualización de las normas.
“En Colombia tenemos una base normativa importante, pero el desafío es asegurar que las normas se cumplan efectivamente y que los compradores también tengan información para tomar decisiones responsables, por eso recomendamos un avalúo que incluya la evaluación de la sismorresistencia de los inmuebles usados”, agregó la líder gremial Lina María Torrado.
La abogada Margarita Llorente dijo que si bien la NSR-10 puede requerir algunas actualizaciones tomando como referencia las experiencias de jurisdicciones más avanzadas, “es una de las más completas de América Latina”.
En 1999, “Colombia sufrió el terremoto más mortífero de su historia, y Armenia, en el Eje Cafetero, quedó completamente destruida, concentrando allí casi todos los muertos que se registraron en el país (causó 1.185 muertes)”, relató Llorente. “La pregunta en el 2026 es cómo es posible que un terremoto de mayor magnitud como el de 2026 causara menos destrucción en Armenia que el de 1999″.
Explicó que una posible explicación es que la reconstrucción de Armenia se dio ya habiendo entrado en vigencia la NSR98, lo cual podría llevar a concluir que “la renovación de las edificaciones luego del sismo aportó a una mayor seguridad y resistencia de las mismas en el reciente evento”.
En el caso de su vecino Ecuador, el país andino cuenta con un sistema normativo específico que incluye requisitos para el diseño sismorresistente y normas específicas para rehabilitación sísmica de estructuras.
Esta indica expresamente que debe mantenerse en actualización permanente debido al potencial sísmico del país.
La regulación en Argentina y Brasil
Orellana señala que Argentina combina un estándar técnico nacional con una implementación condicionada por el federalismo.
En 2023 se pusieron en vigencia nuevas partes del sistema CIRSOC e INPRES-CIRSOC a nivel nacional, entre ellas el Reglamento INPRES-CIRSOC 103 Parte II para construcciones de hormigón armado.
Pero para obras provinciales, municipales o privadas es indispensable revisar la normativa de adhesión de cada jurisdicción.
Brasil, por su parte, tiene una lógica regulatoria proporcional al menor peligro sísmico.
La NBR 15421:2023 actualizó criterios de diseño y distingue exigencias según la zona de peligrosidad.
En las áreas de menor riesgo no se exige una acción sísmica lateral específica, mientras que las exigencias aumentan en zonas de mayor peligrosidad.
La experiencia latinoamericana
Orellana dice que los sistemas más maduros ya no dependen exclusivamente del evento catastrófico para actualizarse.
“La tendencia es combinar mejores modelos de riesgo, revisión independiente, trazabilidad de responsabilidades y, en determinados tipos de edificación, tecnologías de mitigación como el aislamiento sísmico”, dijo el analista.
Desde una perspectiva legal-operativa, agrega, aparece un desafío menos visible: la trazabilidad regulatoria.
En general, señala que son normas técnicas que se modifican mediante decretos, resoluciones, normas de institutos de normalización y reglamentos sectoriales.
Para constructoras, arquitectos, ingenieros, aseguradoras y entidades financieras, operar con una versión desactualizada puede tener consecuencias técnicas, contractuales y de responsabilidad. “Ahí existe un espacio natural para herramientas tecnológicas de monitoreo y gestión regulatoria”.
La presidenta ejecutiva de la Lonja de Propiedad Raíz de Bogotá dice que cuando se habla de vivienda segura se debería pensar en todo el ciclo de vida del inmueble: diseño, licenciamiento, construcción, supervisión, recepción, mantenimiento, remodelaciones y, por supuesto, reforzamiento estructural.
“La experiencia latinoamericana nos demuestra que la sismorresistencia no es un asunto exclusivamente de ingeniería: es una política de protección de vidas y de patrimonio. Los países que han avanzado más son aquellos que han aprendido de cada terremoto, actualizado sus normas y fortalecido los mecanismos de control”, remató Lina María Torrado.
En este marco, desde Cuatrecasas explican que hay tres áreas en las que la experiencia internacional marca el camino para los países de América Latina en esta materia:
Atender el inventario existente: el mayor riesgo sísmico en la región no está en lo que se construye hoy, sino en lo que ya está construido, explica Margarita Llorente. “Programas de evaluación y reforzamiento obligatorio, como los de Los Ángeles o Tokio, son una política pendiente en la mayoría de las ciudades latinoamericanas. El reto es el costo de poner al día esas edificaciones anteriores a la norma sismorresistente”.
Fortalecer la fiscalización: la brecha entre lo diseñado y lo construido sigue siendo un desafío. Mecanismos como la revisión independiente de diseños estructurales y la certificación de materiales en fábrica reducen significativamente esa brecha. “Aunque en países como el nuestro y demás países de la región esas revisiones independientes tan necesarias terminan traduciéndose nuevamente en costos que en últimas resultan trasladados a los compradores finales de las viviendas”, expuso Llorente.
Invertir en microzonificación y en datos: muchas ciudades intermedias de la región carecen de estudios de microzonificación adecuados, y las redes de instrumentación sísmica requieren mayor inversión para alimentar modelos de riesgo más precisos para tenerlos en cuenta en el desarrollo de las ciudades.